vie. Abr 24th, 2026

Universidad Iberoamericana de Puebla y Universidad de Guadalajara.

Lo que está pasando no es normal. No es normal y no nos podemos acostumbrar a esa vida en México. Por mucho que pase, por mucho que se intente normalizar, no podemos acostumbrarnos o caer en otra “normalidad” que dista mucho de ser humana, democrática y aceptable. No podemos acostumbrarnos a:

· Que la violencia de género en todas sus formas es habitual y cotidiana en nuestra sociedad.

· Que más de ocho mujeres siguen siendo asesinadas diariamente por razones de género y que entre dos y tres de ellas se hacen con extrema crueldad.

· Que el trato inequitativo a la mujer siga siendo constante en el trabajo, en el hogar, en la política, en el entretenimiento, en todos los ámbitos.

Y no podemos acostumbrarnos a:

· Que el presidente ataca diariamente a los jueces por dictar sentencias contrarias a su voluntad, pero que se apegan a la ley ya la Constitución, y en especial las ofensas contra el presidente de la Corte Suprema de Justicia.

· Que el Secretario de la Defensa Nacional, y por extensión el Presidente de la República, realicen espionaje contra activistas civiles, periodistas y otros personajes, no para cuidar el país ni nuestra soberanía, sino para protegerse del escándalo de la opinión pública por haber cometido atrocidades.

· Que la corrupción rampante en los círculos cercanos al actual presidente, en especial López Obrador, Peña Nieto y Calderón, se dé con impunidad y en todo caso, los corruptos sean llevados ante la justicia en el extranjero.

· Que el gobierno utilice los instrumentos del Estado para acumular poder y dañar nuestra democracia.

· Que el propio gobierno destruya el patrimonio natural del país, como en la península de Yucatán, o en Dos Bocas, Tabasco, con el afán de construir proyectos de cuestionable rentabilidad económica y social, en contra de la decisión de los jueces y a la vista de todos de nosotros.

· Que el Estado mexicano renuncia cada vez más al control de su territorio y cede soberanía a grupos criminales.

· Que las Fuerzas Armadas controlen las funciones estratégicas del Estado, tales como la seguridad pública, el tránsito interno de personas y mercancías, los cielos para actividades civiles, las finanzas del ISSSTE y un largo etcétera.

· Que México es el país más peligroso para realizar actividades de periodismo y activismo por los derechos humanos en países que no están en guerra.

· Que sólo una mínima fracción de los crímenes perpetrados en el país sean juzgados, con el consiguiente aumento de la impunidad.

· Que se derrochen recursos económicos sin pudor ni rendición de cuentas como la cancelación del NAIM, la desaparición de fideicomisos, la fallida transformación del sistema de salud, faraónicas obras de baja rentabilidad social y económica.

· Que existe una escasez permanente de medicamentos, desde vacunas hasta los necesarios para el tratamiento del cáncer y otras enfermedades crónicas.

· Que más de 750,000 mexicanos han muerto en los últimos años por encima del promedio de los últimos cuatro años.

· Que el gobierno elimine la publicación de libros para uso en las escuelas que provengan de autores y editoriales que, cumpliendo con los objetivos educativos, presenten puntos de vista diferentes.

· Que el gobierno ataca a los científicos, instituciones académicas y científicas, ya la ciencia misma con el argumento de que son “neoliberales”. Término que él mismo y sus seguidores no han entendido.

· Que los partidos políticos no incorporen ciudadanos y fracasen en su tarea primordial de ser organismos públicos que canalicen las demandas ciudadanas hacia opciones políticas.

· Que el transporte a nuestros lugares de trabajo sea el período de tiempo en el que más riesgo y peligro corremos de ser asaltados.

· Esa polarización ha dividido a las familias, roto los lazos afectivos y de amistad, que nos impide convivir con quienes antes podíamos hacerlo sin temor al enfrentamiento.

Y así podemos continuar la lista. Es largo y doloroso. No es normal que estas situaciones terribles y muchas otras se estén dando en nuestro país, entre nosotros, y que pareciera que esa es la nueva forma de convivir, de vivir en nuestro país. No, no es normal. ¿Dónde quedó el civismo, el respeto a la ley, a las normas ya los demás? ¿Dónde está la tolerancia a lo diferente, a los que piensan diferente a mí? ¿Cómo podemos vivir en paz si no nos respetamos unos a otros, ni respetamos las reglas que nos hemos dado precisamente para vivir en paz y resolver los conflictos pacíficamente?

Lo que está pasando no es normal y México, como está, duele y duele mucho.

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Metro

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