vie. Jul 10th, 2026

El crematorio en que la negligencia oficial convirtió el centro de detención migratoria de Ciudad Juárez es la expresión más cruel del peligro de hacer cambios de gobierno sin dominar la administración, promoviendo consignas en lugar de políticas y confundiendo voluntad con realidad.

Semejante tragedia -por la que el Ejecutivo no guardó ni un minuto de silencio- advierte de cuánto puede pasar no solo en el terreno social, sino también en el político, diplomático y, en un mal repunte, el económico. Sin poder corregir, es mejor no seguir así.

Así como una suma de errores no da como resultado un éxito, ir de derrota en derrota tampoco lleva a la victoria.

Si desde el inicio del sexenio la confusión y la prisa comenzaron a perfilarse como seña de identidad de la gestión, hoy los posibles efectos de tal mezcolanza aparecen como una amenaza y colocan al gobierno en un laberinto donde puede perderse, después de haber generado expectativas más altas que esperar encontrar un camino mucho mejor.

Variado y nutrido ha sido el repertorio de la confusión. Elección con revolución. Velocidad a toda prisa. Comunicación con información. Hablar con orar. Humildad con vanidad. Responder con vituperios. Símbolos con signos. Chantaje con supuestas acciones anticorrupción. Transformación con deformación. Abrazos con balas. Delincuencia social con el crimen organizado. Tropezar con los viajes. Convicción con dogma. Fidelización con capacidad. Contrapesos con los adversarios. Adversarios con traidores. Termina con los medios. Polarizar con politizar… Como ahora no se distingue una prisión improvisada de un refugio provisional o los buitres de los avestruces.

En esta lógica y sin negar éxitos particularmente en el ámbito laboral, sindical, salarial, fiscal, social y parcialmente petrolero y económico, se emprendieron acciones sin calcular las consecuencias ni establecer prioridades. Cambios sin su gobierno. Programas sin planificación. Obras disfuncionales. Reformas a destiempo y sin oportunidad, especialmente la político-electoral. Aventuras como precipitar a partir de 2021 el juego de la sucesión que, desde entonces, distrae la acción de gobierno y la atención de los mandatarios, mientras se derrumban o desvanecen símbolos adoptados como emblemas de un ejercicio de poder diferente.

Hoy, esa práctica política –si así puede llamarse– cruje y amenaza con provocar derrumbes como el visto o rupturas por ver.

Lo ocurrido la noche del lunes en la cárcel de migrantes de Ciudad Juárez es -como asume la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez- indignante e imperdonable y no puede redimirse ni reivindicarse simplemente castigando a los responsables directos.

Esta tragedia, si bien pesa sobre el Presidente de la República, es un crimen de Estado porque deriva de una política migratoria concebida e implementada con un pragmatismo impresionante, mayor ligereza y muy poco humanismo. Duele, pero no sorprende lo que pasó. Era cuestión de tiempo antes de que sucediera. Para ello se tomaron todas las medidas necesarias.

Eso empezó abriendo la puerta a los migrantes y, después, por conveniencia, dando un portazo para satisfacer a Estados Unidos y ganar moneda de cambio con ese vecino. Este giro estuvo acompañado de ese vicio presidencial de desconocer la estructura y organización del gobierno, privilegiando la comisión sobre el cargo. Así, con la mano en la cintura, la responsabilidad de la política de inmigración pasó de Interior a Relaciones Exteriores.

El colofón de esa decisión, ajena al humanismo que se proclama, fue la salida del Instituto Nacional de Migración de Tonatiuh Guillén, especialista y conocedor del tema, y ​​la llegada a la unidad de Francisco Garduño, especialista y conocedor de prisiones y presos. Elocuente designación de quien -hasta el momento de escribir estas líneas- no ha dado la cara por lo ocurrido, mientras los titulares de esas dos secretarías, titulares de la primera por ley o por convenio, escabullen toda responsabilidad, angustiados porque el incendio que las víctimas calcinadas no quemen su ambición personal.

La aceptación por parte del gobierno de retener a los migrantes sin contar con los recursos, condiciones o infraestructura para recibirlos con respeto a sus derechos solo puede terminar en tragedia. Sólo así se explica por qué los migrantes en tránsito son tratados como parias y los que vienen a residir arriba de El Bravo son reconocidos como héroes anónimos. Esquizofrenia.

Ahora, dado lo ocurrido, a Claudia Sheinbaum solo le queda declinar incorporar a su gabinete a Adán Augusto López y Marcelo Ebrard si, finalmente, no ocurre un nuevo accidente en el Metro o ese sistema de transporte deja de obstaculizar su posibilidad de trasladarse a Palacio Nacional. .

A la tragedia ocurrida en ese improvisado penal de Ciudad Juárez, que por supuesto altera el juego de la sucesión presidencial, podría seguirle un desastre político.

Tras el fracaso de la reforma constitucional del régimen político-electoral, aferrarse al plan electoral B, cuyo destino está cantado, ya contamina la designación de los nuevos asesores electorales y puede terminar impactando en las elecciones del próximo año.

Se pasó el tiempo de rectificar. Lo único posible ahora es dejar de proceder como se ha hecho, sobre todo si se ponen en juego vidas. Lo que pasó es imperdonable, sobre todo si se apoya la política migratoria como si nada.

Pronto

El presunto egresado que aún funge como ministro deberá copiar, dando crédito o no, el comunicado 233 de la Universidad Nacional. Hay un mensaje para ella.

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Metro

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