vie. Jun 26th, 2026

Lo sabemos, no se cansa de decirlo: su pecho no es un asidero. Y su cabeza no es una cafetera, porque no tiene filtros. Posiblemente el presidente López Obrador considere que no guardar discreción sobre los asuntos o incluso sobre lo que piensa de ciertas cosas es una virtud. Algo que lo distingue como un buen hombre porque, según él, no tiene nada que ocultar. Esta curiosa percepción de honestidad y sinceridad da como resultado una boca floja que pronuncia lo que sale de la cabeza sin reprimirse. Por supuesto, es revelador para los que prestamos atención a sus palabras para bien o para mal. El Presidente no tiene procesos que le permitan entender que no todo lo que se le ocurre se puede decir, sus elaboraciones son muy primarias y por eso dice muchas tonterías.

Uno de los resultados de comportarse de esa manera inmadura, de no detenerse a pensar en las consecuencias y significados de lo que dice, son las formas en que ataca a sus gobernados. Sigue pidiendo respeto por su investidura y es el primero en degradarla. De esta manera, percibe lo que sucede en la realidad y cree que se trata de él, de su éxito o de su fracaso. si es lo primero, es obra de su divinidad en la tierra; si es esto último, es obra del maligno que opera a través de fuerzas conservadoras que quieren detener su obra transformadora. Es entonces cuando ve enemigos, representantes del mal por todas partes. Es incapaz de encontrar algo genuino en un reclamo, aunque sea de justicia, aunque sea de un familiar de una víctima, porque en esta tierra no hay otra víctima que él.

Durante su visita a Ciudad Juárez, tierra de la tragedia migrante en el obradorato y que cobró 39 víctimas en una situación de negligencia criminal, el Presidente enfrentó reclamos ciudadanos. Por supuesto, llamó enojado a los manifestantes: esas no son formas de manifestarse, dijo. Cuando una mujer le dijo que en el pasado había bloqueado calles para reclamar injusticias, se enojó y descalificó a la mujer: “Creo que te mandó Maru, mi amor”, le espetó a la mujer. Más allá del tono misógino de la respuesta, está la descalificación de la persona, el Presidente la trató como si fuera una emisaria del gobernador y, de paso, trató al gobernador como un enemigo en medio de la tragedia. Insensible al dolor ajeno, no duda en dar ejemplo y descalificar a quien sea.

Su conocido afán moralizador que lo convierte sistemáticamente en un predicador fanático también forma parte de su relación con otros países. Como su pecho no es una bodega y piensa que los gringos en general son putos fumetas y que se drogan porque no saben vivir con su familia y como ganan dinero entonces se vuelven materialistas y se drogan todo el tiempo. El sábado publicó este tuit de lo que tenía en mente respecto a Estados Unidos: “Amenazan con invadir, venden armas de alto poder en sus mercados de pulgas, no hacen nada por sus jóvenes, sufren -lamentablemente- el terrible y mortal fentanilo”. pandemia, pero no atienden las causas, no les preocupa el bienestar, sólo el dinero, ni fortalecen los valores morales, culturales y espirituales, ni limitan el consumo de drogas, al contrario, lo fomentan hasta en el deporte Es triste y decadente”.

La verdad es que lo doloroso y decadente es nuestro Presidente que no sabe pararse a pensar un momento lo que va a decir. Su pecho no se sostiene, su boca está floja y su cerebro está lleno de aserrín. Nada bueno puede salir de esa combinación.

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