vie. Ago 14th, 2026

Con el cambio de asesores en el INE, donde el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador colocó a varios simpatizantes de la presidencia, la pregunta que surge es esta: ¿Entonces, de ahora en adelante habrá un INE de Gobierno? La respuesta es sí, porque lo más probable es que el Instituto responda cada vez más a los lineamientos de la 4T.

Aún faltan decisiones importantes, como las de la SCJN sobre el famoso Plan B, que muy probablemente no sucederá, pero en todo caso el consejo general del INE ya tiene otra correlación de fuerzas. Y así funcionará y de cara a las elecciones de 2024.

Otros cambios pueden venir más tarde. De ser cierta esta hipótesis, lo más lógico es pensar que este es uno de los cambios y logros más importantes que ha tenido López Obrador en su gobierno, que fue ni más ni menos desbaratar el INE o quedarse con él. No lo ha logrado del todo, pero ya ha avanzado en ese proceso.

Los escenarios que se avecinan para el País y para su democracia parecen terribles, porque si algo se valoró mucho en su momento y en los últimos años, fue que el INE, primero como IFE, fuera un organismo independiente del Gobierno. La gran conquista de los partidos y más de la izquierda de los 70, aunque también del PAN, fue que el Gobierno se quitó las manos de las elecciones y del conteo de los votos.

Se requería un organismo neutral que se hiciera cargo de las elecciones para que fueran confiables, así como de las victorias de los partidos, que no hubiera sospechas y los votos se contaran de manera transparente, evitando todos los mecanismos de fraude como los de la “urnas preñadas” o votaciones en “carrusel”, etc.

La coyuntura en que nació el IFE (1990), luego de la disputada elección presidencial de 1988, donde se puso en tela de juicio la limpieza de la elección y la legitimidad del partido en el gobierno, obligó al régimen a abrir el sistema de partidos, pero sobre todo todo para buscar credibilidad en los procesos electorales. Así fue el IFE.

A partir de entonces, el campo electoral adquirió una gran preeminencia. El instituto se expandió espantosamente, surgió una burocracia muy grande y cada vez requería un presupuesto muy grande para cumplir con sus funciones que se multiplicaron: Organizar elecciones nacionales, estatales y municipales; registrar candidatos y plataformas partidarias; inscribir a los ciudadanos y entregarles la credencial de elector, actualizar el padrón, capacitar a los funcionarios de mesa, contar los votos, colocar los tabiques, llevar las urnas al distrito correspondiente; atender quejas y un largo etcétera.

Lo más probable es que todo lo anterior se reduzca a su mínima expresión bajo la nueva dirección del INE, como ha dicho repetidamente López Obrador. Van a querer hacer todo lo que hacía el viejo INE con menos, pero no está claro que eso sea posible en un contexto donde las elecciones, por sí solas, consumen grandes recursos en su preparación y ejecución.

Habrá un INE más “pequeño”, con un marco operativo más débil, lo que podría dar lugar a los siguientes escenarios después de las 24 elecciones. La primera es que la afluencia de votantes disminuye como consecuencia de las dificultades para pagar, mientras que por otro lado aumenta la afluencia de votantes “llevados” o movilizados por el partido Morena. ¿Será lo que busca finalmente AMLO?

El segundo escenario es que, al percibir que el INE está en manos del Gobierno, buena parte de los electores dejen de ir a votar y pierdan la confianza en la organización, que es un capital político que el INE logró a lo largo de los años. . Al perder la confianza en el INE, también se perderá la legitimidad de los gobiernos surgidos de las urnas, al menos para una parte de los votantes.

Estos dos escenarios nos pueden llevar, como derivación, hacia el ciclo que ya dimos por terminado en México: aumento del clientelismo electoral por parte del partido oficial (es decir, por Morena), control de las elecciones por parte del Gobierno y baja o muy poca legitimidad de los gobiernos electos, aunque -como dice el obradorismo- son votados por el pueblo.

Parecen escenarios catastróficos, pero hay suficientes elementos para creer que son reales y factibles. Sobre todo porque encajan perfectamente en la perspectiva que ha venido manteniendo AMLO y, principalmente, porque son los escenarios en los que Morena podría retener el poder y la presidencia por más tiempo.

La única forma de revertirlos es que haya un voto masivo a favor de los opositores a Morena en todo el país. ¿Pero es eso posible? No está muy claro por ahora. Ya veremos.

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