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Santiago Caamaño

Cortesía de Santiago Caamaño

Santiago Caamaño tuvo su última recaída en diciembre de 2021 y reconoce que un jugador lo es para toda la vida.

Santiago Caamaño pasó su adolescencia entre las casas de apuestas y el póquer online.

Mientras otros jugaban fútbol o iban a la playa con amigos, él solo tenía una obsesión: apostar.

Desde los 14 años hasta los 22, la vida de este joven gallego de Muros, en el norte de España, giró en torno al juego, perder casi 13.000 € en un día ($13,981).

Su caso no es un hecho aislado. Según datos del Ministerio de Consumo español, los jugadores online menores de 25 años han pasado del 28% en 2016 al 48% en 2021. Y fijan la edad media de inicio en 15 años.

Aunque es difícil saber el número de personas adictas al juego a nivel mundial ya que muchos países no tienen cifras oficiales, algunas entidades como la Asociación Europea para el Estudio del Juego (EASG) advierten que entre el 0,5% y el 2% de la población tiene problemas de juego

Si miras a los países latinoamericanos, en México, por ejemplo, había 4 millones de jugadores en 2017, según cifras del Centro de Atención Integral al Juego y Crecimiento. En tanto, según datos de Forbes, el mercado de apuestas movió en ese país durante 2019 más de 2.000 millones de dólares entre apuestas legales e ilegales.

En otros países como Argentina, 7 de cada 100 personas son adictas al juego, según un estudio de la provincia de Buenos Aires a principios de año, y en Colombia, una de cada cinco personas sufriría “graves problemas de adicción”. a los juegos de azar según un estudio de la Universidad Nacional.

Organizaciones de terapeutas en varias partes coinciden en que el perfil del jugador ha cambiado. Si hace una década se trataba de hombres de 50 años adictos a las máquinas tragamonedas, hoy son jóvenes obsesionados con el juego online y las apuestas deportivas.

Santiago Caamaño es uno de estos jóvenes afectados. Su familia y amigos nunca notaron nada. “Al final, un jugador es un mentiroso no solo compulsivo, sino también en cada Bien”explica a BBC Mundo.

Cuando ganó, aprovechó para saldar deudas, pero luego volvió a perder y volvió a adeudar. “Es como un círculo vicioso del que no puedes salir”afirma.

Cree que es importante visibilizar el juego desde la escuela para que sepan las consecuencias que puede traer.

“Yo siempre digo lo mismo, el que se hace jugador es porque alguna vez jugó. El que no juega nunca será jugador. Entonces, ¿para qué arriesgarse?”.

A continuación reproducimos su historia en primera persona, tal como la contó a BBC Mundo.


Empecé a jugar cuando tenía 14 años. Yo era un niño de un pequeño pueblo de Galicia, como el resto.

Recuerdo que a los 14 años los mayores empezaron a jugar al póquer en los bares del pueblo, no creas que eran muchos mayores tampoco. Tendrían 16 o 17 años. Fue entonces cuando comenzó la locura del póquer de dos cartas y comencé a preguntar cómo era y comencé a jugar.

Primero jugamos con un euro cada uno, del payout o lo que sea, y seguí jugando hasta que me di cuenta de que necesitaba jugar más y más.

Gastó dinero que en ese momento era para gominolas o pidió dinero para que el instituto hiciera fotocopias que en realidad no existían, para poder jugar.

Empecé con cosas pequeñas, pero ya me di cuenta de que algo no iba bien, pero lo que quería era jugar y ya.

Jóvenes jugando al póquer en una mesa en un bar

imágenes falsas

El juego es un trastorno reconocido por la Organización Mundial de la Salud y en 2021 afectó al 1,6% de la población española de entre 15 y 64 años, según cifras del Gobierno.

A los 15 años ya empecé a buscar el juego en Internet y me hice una cuenta falsificando la identidad de mi madre.

Hacía recargas de 10 euros, que era lo mínimo que podías poner. Se compran en quioscos y gasolineras y es como una recarga de móvil prepago.

Para cobrar habría tenido que ingresar los datos de mi madre. Siempre tuve la esperanza de ganar mucho dinero y que a mi madre no le parecería tan mal, pero ese momento nunca llegó.

Fue entonces cuando comencé a jugar en serio. Empecé a mentir, robar y concentrarme en el juego.al punto que en primer año de secundaria (16 años) falsifiqué mis notas y puse que suspendí tres, cuando había aprobado todo, para quedarme jugando en la compu en verano sin que nadie pensara que lo estaba haciendo raro cosas.

Cambia el poker por la ruleta y las apuestas deportivas

Así pasé mi adolescencia hasta que a los 17 años me fui a Santiago de Compostela a estudiar filología inglesa.

Como era un piso de estudiantes era más fácil mentir sobre el alquiler y ahí fue cuando empecé a ir a la sala de juegos a jugar a la ruleta ya las apuestas deportivas. El póquer se dejó de lado. El otro me pareció más divertido.

Un hombre de espaldas en una sala de apuestas

imágenes falsas

En España hay 3.752 salas de juego, 481 de apuestas y 55 casinos y 319 bingos.

En teoría para entrar a la sala de juegos había que tener 18 años, pero nunca me pidieron documento de identidad.

Al final, si hay un menor que es jugador, un menor que juega mucho, es el futuro cliente.

Pero se tenían que dar cuenta de que yo era más joven, porque a los 17 años era súper bajita y se notaba mucho que era más joven. Fue entonces cuando comenzó la gran cosa.

Pasó muchas horas. Desde el principio jugó mucho. Aunque a los 15 no podía jugar tanto, porque tenía que esconderse más, pero aún así Jugué tres o cuatro horas al día, que es suficiente y tuve que mentir mucho..

Nunca fui a clases, pero le mentía mucho a mi mamá para quedarme en Santiago.

En el segundo año me inscribí en relaciones laborales y tampoco fui, pero pedí dinero para libros, dinero para gastos semanales, compuse gastos y al final hasta una vez robé el dinero del alquiler del cajón de mi pareja.

Pierde 13.000 euros en un día

Gasté 50 o 60 € de gastos de la semana el primer día. Luego les hice favores a mis compañeros de cuarto para que me dieran dinero, fui de compras, hasta vendí droga…

Pensó en mil formas de conseguir dinero y acabó debiendo dinero. Al final siempre gastaba el 120% de lo que tenía, porque siempre acababa debiendo. Es como un círculo vicioso del que nunca sales.

hubo un dia que tengo que ganar 13.000 € (14.000 dólares estadounidenses) en apuestas deportivas online y despues de una hora y media no tenia nada.

Santiago Caamaño

Cortesía de Santiago Caamaño

Solía ​​jugar en las casas de apuestas porque así sentía que socializaba y se sentía menos mal que si jugaba desde su habitación.

nadie nota nada

El segundo año de la carrera de Relaciones Laborales ya fue un caos. Dejé la universidad y empecé a trabajar a los 19 años en el bar de mi tío, en el pueblo (Muros). Trabajar era más de lo mismo, pero con más dinero.

Durante ese tiempo nadie se dio cuenta. Mi hermano mayor, que es dos años mayor que yo, también jugaba, no mucho, pero también jugaba y no se daba cuenta. Mis compañeros de cuarto tampoco.

En la ciudad jugué muchas máquinas tragamonedas en un bar donde la máquina no era visible desde la puerta y donde conocía al dueño.

No parecía tanto, porque jugaba en un lugar, en otro y cuando podía tomaba el carro y me iba a Santiago al cuarto de juegos donde estaba más cómodo, porque no me conocían y ahí Apuesto las cantidades más grandes.

Móvil con apuestas deportivas online

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El sector del juego en España mueve 45.000 millones de dólares al año y genera impuestos específicos en torno a los 1.830 millones de dólares al año.

Gastaba unos 1.200€ al mes, que era más o menos lo que ganaba y más lo que debía con mentiras como “déjame plata, porque este mes me tocó pagar el seguro del coche”.

Al final, un jugador es un mentiroso no solo compulsivo, sino también en cada Bien.

Hizo todo muy meticuloso y preparó muy bien mis mentiras. Me acordé de todo y no les dije a todos lo mismo. Además, estaba actuando muy bien. Era la persona más feliz del mundo.

Al final vivía para conseguir dinero para jugar y una vez que lo tenía, para jugar, entonces volvía a pensar en cómo conseguir dinero y la vida se basaba en eso.

A pesar de todo, nunca hice nada serio para conseguir dinero. Se me pasó por la cabeza hacer cosas bárbaras como robar o entrar en una casa, pero nunca me atreví, por suerte..

le dice a la familia

Estuve en Muros hasta 2015. Recién cumplí 22 años, me fui a A Coruña a quedarme con mis tíos, porque dije que quería volver a estudiar y ahí empezó todo a derrumbarse.

Mi familia pensó que estaba enganchado a los teléfonos móviles y las redes sociales. No se dieron cuenta de que lo que en realidad miraba cuando iba al baño o cuando mi tío no miraba eran las apuestas.

Cuando empecé a estudiar en Coruña, también empecé a trabajar en la televisión gallega como humorista en un programa de máxima audiencia. Y luego comencé a jugar más. Acabé teniendo una deuda de unos 6.000€ con el banco y ahí fue cuando pedí ayuda.

Era martes 13 de octubre de 2015. Ese día nació mi primito y toda la familia estaba ahí en casa de mi tío, donde yo vivía y así se lo dije.

Les dije que tenía un problema con el juego, que tenía deudas, que había estado, que ya no pude continuar, que me rendí. Todo era llanto y me dijeron que me ayudarían en lo que hiciera falta, que no me preocupara, que se acabó.

Al día siguiente dejé la televisión y comencé mi rehabilitación, que también tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas.

Empecé bien. Empecé a trabajar como comercial en Coruña. Busqué la vida y seguí viviendo con mis tíos.

comienzan las recaídas

Todo iba bien hasta que empezaron las recaídas a los dos años más o menos.

Conté la primera recaída, pero se convirtió en otra recaída y otra y otra y luego no quise contar más y volví al círculo.

Pedí el alta voluntaria de rehabilitación diciendo que estaba bien, pero era mentira. Llevaba un tiempo yendo a rehabilitación y cuando salía de las reuniones de grupo jugaba. Me estaba engañando a mí mismo y al mundo entero.

Mis tíos me pillaron, me echaron de casa por no querer volver a rehabilitación y me fui a vivir a un piso con dos drogadictos en la calle Barcelona, ​​que es una de las calles más polémicas de A Coruña. Ahí me rendí. Fue como, “Bueno, esta es mi vida hasta que termine”.

Un día cogí el coche y fue cuando pasé el peor momento de mi vida. Fue en una recaída. Llevaba dos semanas sin jugar, pero volví a apostar y cogí el coche para ir a un local al lado de la Universidad de A Coruña. Fue entonces cuando me dije a mí mismo: Si pierdo esta apuesta, me mataré. Me quito en la mitad y se acabó.

Y no sé, algo en mi cabeza…

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