jue. Ago 6th, 2026

Desde 2003, la meta de inflación nominal del Banco de México (Banxico) ha sido de 3.0 por ciento anual. Sin embargo, a lo largo de estos años, el incremento medio de los precios ha sido del 4,4 por ciento. Además, la inflación anual promedio alcanzó 5.3 por ciento durante 2017-2022, versus 3.5 por ciento durante 2011-2016.

El persistente exceso inflacionario respecto de la meta podría deberse a varias causas, entre las que parece sobresalir el debilitamiento de su importancia, a través de dos modificaciones al Régimen de Metas de Inflación (RI), adoptado formalmente por Banxico en 2001.

El primer cambio ocurrió en 2002, cuando este banco central estableció un intervalo de variabilidad de más y menos un punto porcentual alrededor de la meta de 3,0 por ciento. Según publicaciones oficiales, dicho intervalo pretendía reflejar “un cierto margen de incertidumbre” sobre el cumplimiento del objetivo, derivado de factores que escapan al control del banco central.

Independientemente de la aparente arbitrariedad de su tamaño, considerando la invocación de elementos “fuera de control”, la incorporación del intervalo tuvo como consecuencia que, en la práctica, sustituyera al gol. Así, en su Informe Anual de 2001, Banxico indicó que buscaba la convergencia con una inflación de “aproximadamente” 3.0 por ciento.

Lógicamente, Banxico comenzó a considerar adecuado cualquier resultado inflacionario dentro del mencionado intervalo. La dilución de la meta ayuda a explicar por qué las expectativas de inflación de mediano y largo plazo de los analistas nunca se han anclado en 3,0 por ciento, sino por encima de este nivel.

La coexistencia del objetivo y el intervalo ha generado confusión sobre la obligación de Banxico en materia de inflación. Si bien, en sus publicaciones, este instituto central ha insistido en que su meta es de 3,0 por ciento, la mayoría de los observadores han traducido la promesa como una inflación no mayor a 4,0 por ciento.

El problema de esta contradicción no radica en la diferencia entre las dos referencias, en sí misma intrascendente para la economía, sino en el posible daño a la credibilidad de la autoridad monetaria. Si es ambigua, la meta de inflación difícilmente puede servir como ancla para la política monetaria, un supuesto fundamental de cualquier régimen de TI.

El segundo cambio se introdujo en 2018, mediante la adopción de un Régimen de Metas de Inflación Basado en Pronósticos (IFT), en el cual los pronósticos del banco central funcionan como mecanismo de comunicación y meta intermedia para cumplir con la meta de inflación.

Dentro de este esquema, los ajustes de política monetaria obedecerían, entre otros aspectos, a nuevas previsiones oficiales que alteren la convergencia esperada de la inflación a la meta. Por ejemplo, un endurecimiento adicional respondería a un aplazamiento previsto de la meta de inflación.

La aplicación del IFT en México ha exhibido varias limitaciones. Su admisión se ha producido sin un pronunciamiento formal de la Junta de Gobierno (JG) de Banxico. Además, las previsiones han sido “una caja negra”, siendo publicadas sin justificación alguna.

Al igual que otros pronosticadores, la capacidad de predicción de Banxico ha sido pobre, lo que ha llevado a posponer interminablemente la convergencia de la inflación a 3.0 por ciento. La ausencia de una correlación clara entre la inflación futura y las previsiones ha invalidado su posible papel como guía.

Además, el enfoque en los pronósticos ayuda a explicar por qué las discusiones de la Junta en las reuniones monetarias recientes, según consta en las actas, se han centrado en si la inflación ha llegado a su punto de inflexión y si la tasa de interés está cerca. interés monetario “terminal”, en lugar de la estrategia de llevar la inflación a la meta.

Finalmente, la utilidad del IFT no ha sido clara. Por ejemplo, en el anuncio de política monetaria de marzo de 2023, Banxico señaló que la inflación había “disminuido más de lo esperado” y la revisión del pronóstico no cambió la fecha de convergencia de la inflación a 3.0 por ciento.

Pese a ello, la JG decidió aumentar la tasa de interés al señalar que las expectativas de inflación de los analistas para 2023 y 2024 “volvieron a aumentar”, lo que puso en duda las previsiones de Banxico como criterio de decisión.

El intervalo de variabilidad y la TIF parecen haber sido dos cambios que, lejos de ayudar, han complicado la tarea de lograr la estabilidad de precios de manera sostenida. Banxico haría bien en eliminar ambas variaciones al TI y enfocarse en convencer al público de que su compromiso es con la meta permanente de inflación de 3.0 por ciento.

Ex Vicegobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006)

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