jue. Jun 25th, 2026

Deséele lo mejor repitiendo lo que se dice en los cumpleaños y también en Año Nuevo. Pleno en su bienestar, con toda la fortuna y agradable en el cariño. No más.

Magnífica sobre el amor y la salud. Pero, suena un poco poco elegante sobre el dinero. El pueblo llano lo ha dicho mil veces hasta que lo ha convertido en ley: el perro baila con el dinero.

Mientras que Don Francisco de Quevedo en el siglo XVII nombró una carta satírica: “Poderoso Caballero es Don Dinero” y así, con esa frase, la remató.

La entrada. El dinero. La Plata. La feria. Términos amistosos que van como los ríos al mar de la prosperidad, la abundancia, la riqueza o el poder. Tanto entre los hombres como entre las naciones.

Ajá. Que las cosas han salido bien. Que ella habría planteado mucho. Que fuera muy sagaz en los negocios o en mandar a otros, es lo que resultó en su riqueza.

Eso que, por mucho que brille, es poco, comparado con la opulencia. Ella no es ni más ni menos que el basto excedente de las finanzas.

Conocemos grandes imperios a lo largo de la historia, pero no todos fueron tan opulentos; como se dice de los egipcios, los romanos o los británicos hasta una parte del siglo anterior.

Entonces, ha sido la época de los Estados Unidos de América, que es –probablemente– una sociedad rica.

Pero eso, para llegar al punto de la opulencia, todavía les ha hecho falta algo.

¿Eso? -Habilidad.

Ellos son lindos. Se ven saludables y parecen haber satisfecho gran parte de sus necesidades. Pero al mismo tiempo son moderados, y eso es un signo indiscutible de la clase media.

Entonces, es que la Fórmula 1 viene hasta aquí.

Se ha defendido como deporte; también porque es un espectáculo; y por supuesto, el mejor escaparate para promocionar marcas y -por supuesto- un negocio redondo, ya que jugar en él puede ser muy rentable.

Algo falta

Que ha estado esperando para hablar más, es su glamour y después de eso, su sentido del exceso.

Una competición entre 20 cochecitos de menos de 800 kilos corriendo, para que uno llegue primero a la meta, ha parecido a los ingenuos toda su esencia.

Lo que no está sobre la mesa, claro, es que, como digna heredera de El Circo Romano y también de la equitación inglesa: su impronta tiene la capacidad de casar muy bien con gente realmente chic.

Esa casta casi divina que sabe acertar y mal hacer del trato con el público más distinguido un arte. El estilo de vida en la cima. El más especial.

El encanto de las minorías. La distinción por delicadeza va por encima de las demás condiciones. Lo imposible como regla de vida.

durante años

En 1950 cuando comenzaron las carreras de esta categoría que se convirtió en suprema, nadie imaginaba dónde se llevaría a cabo.

Hubo una coincidencia magnífica, al menos de tres bandas: la televisión que comenzaba a ser universal; la gran importancia del automóvil para las nuevas sociedades y la necesidad del ser humano, de encontrarse con héroes a los que venerar.

bernie ecclestonequien fue un hábil vendedor inglés de autos deportivos usados, supo pactar los equipos, repartir los ingresos, las estaciones de televisión y por supuesto: las sedes donde se realizaban las justas, para enfocar a todos como si fueran uno solo. ¡Bingo!

Es por eso que Silverstone, Monza y Spa nacieron como los templos. Y especialmente Mónaco, donde se inició un formidable tejido de mitos.

Llegaron las luminarias, influencers y celebrities de cada época.

Posteriormente se sumaron otras naciones: Japón, Canadá, algunos países privilegiados de América Latina y, muy importante, también: China, Malasia y Singapur.

En un par de guiños de ojos, y quién sabe qué suerte: los jeques de Oriente Medio, cayeron enloquecidos bajo la seducción de ‘El Circo’.

Fue más reciente cuando Liberty Media compró toda la raqueta a Ecclestone y cerró la pinza mágica, pues este deporte se convirtió en un antojo irresistible para los Estados Unidos.

Con el globo planetario en el puño: parece que la selecta fauna de ‘La Carpa’ coincidió en algo nuevo y atrevido: mostrarle al nuevo mundo de hoy que quiere ver las razas: qué es la riqueza más allá de la acumulación del capital.

Conózcalo de cerca y viva al menos tres días en la magnificencia onírica.

Es muy atrevido y muy lógico que, ante las posibilidades cada vez más cercanas de un apocalipsis, sobre todo por el mal trato que se le ha dado al globo terráqueo: se busque la promesa de una continuación de la marcha humana.

El limbo maravilloso. Otro éxodo.

El calendario y más

De las 23 carreras que se disputarán este año: siete serán en los países árabes y en Estados Unidos. Los escenarios coinciden en algo. La parafernalia: el lujo, el esplendor, el gasto.

Sobre todo representado por los juguetes de los asistentes: con infinidad de coches de alta gama llenando los aparcamientos; relojes de ensueño; gafas de autor, en oro o titanio; ropa y calzado a precio de locura.

Una tras otra, las manifestaciones de grandeza, despachando sin parar champagne, jamones pata negra, quesos improbables y todo lo que se pueda desear que se lleva a las mesas.

Servido y comido…

La opereta está a todo trapo: todo lo que se necesita es practicar una graciosa despreocupación cuando se despilfarra una fortuna; conscientes de que sólo será una ligera poda la que se requiere para que el patrimonio de cada uno sea mayor en las fortunas que ya mostrarán en la próxima reunión.

Para ello hay que aprender los secretos del alto packaging. Ser y parecer, todavía, algo más allá de lo que es.

La Fórmula 1 ha llegado con firmeza a suelo americano para educar, de alguna manera, a su clase alta.

Quita lo que tiene el gringo medio, de bobalicón. Su dificultad congénita para ganar clase, distinción, ese refinamiento al máximo.

Y sobre todo, poder hacerlo de forma natural.

Una puesta en escena es la celebración cuando un nuevo presidente llega a Washington y otra, montando el espectáculo para la coronación de un rey de Inglaterra. Está bastante claro, ¿no?

Para integrarse a la esencia del deporte en cuestión, debe aprender más sobre él.

Entender las reglas no escritas de convivencia entre los fans y los protagonistas, dejando lo vulgar en casa para mejorar mucho la actitud y ser más hedonistas.

Es evidente que en los escenarios de estas pruebas no hay sitio para ‘el peladito’. Aquí se trata de pegarle duro al derroche y la ostentación porque nos han venido comentando que también puede ser un atractivo curioso:

¡Mil por hora!

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