mar. Ago 25th, 2026

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto que una proteína (CPEB4) Funciona como regulador de genes que están relacionados con la actividad neuronal y que, al ser alterados, pueden contribuir al desarrollo de la esquizofrenia.

En 2018, un equipo codirigido por científicos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid) observó que esta proteína fue importante en la regulación de los genes de riesgo responsables de los trastornos del espectro autista.

Ahora, el mismo equipo ha publicado en la revista Biological Psychiatry las conclusiones de un nuevo estudio que demuestra que la proteína también tiene un papel regulador similar en los genes de susceptibilidad a la esquizofrenia (SCZ).

Es, informó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en una historia generalizada de un trastorno psiquiátrico grave que afecta a casi el 1% de la población adulta y causa anomalías en el pensamiento y la cognición.

Estos resultados sugieren, señala la misma nota, que terapias que sean capaces de regular esta proteína podrían potenciar el efecto beneficioso de tratamientos antipsicóticos que hay en la actualidad, indica EFE.

Las evidencias genéticas y epidemiológicas ya conocidas indican que la esquizofrenia es el resultado de factores de riesgo genéticos y ambientales que alteran el correcto desarrollo del cerebro.

 

Dentro de los estudios sobre su origen genético, en los últimos años, nuevas técnicas genómicas han encontrado cientos de genes de susceptibilidad a la esquizofrenia; sin embargo, cada una de las variantes de riesgo en estos genes aumenta ligeramente el riesgo de desarrollar la enfermedad.

La proteína “CPEB4” regula la expresión de multitud de genes necesarios para la actividad neuronal, y ya en 2018, un equipo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa reveló que juega un papel importante en los trastornos del espectro autista (TEA).

Ese trabajo, publicado en la revista Nature, fue posible gracias al estudio post-mortem de muestras de cerebro de pacientes con trastorno autista, lo que permitió comprobar que esta proteína estaba alterada en un alto porcentaje de individuos con autismo.

El hecho de que la esquizofrenia y los trastornos del espectro autista compartan muchos genes de susceptibilidad y, por inferencia, mecanismos patogénicos, llevó a los investigadores a plantear la hipótesis de que una alteración en esa proteína también podría observarse en personas con riesgo de esquizofrenia.

La demostración de esta premisa es la que se ha reflejado en el trabajo que ahora se presenta, cuyo primer firmante es la investigadora del CBMSO Ivana Ollà, y que se ha realizado en colaboración con el Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona, ​​el Universidad del País Vasco, el área de salud mental del Centro de Investigación en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y la Universidad de Cardiff.

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