jue. Ago 6th, 2026

Finalmente, la bomba explotó en manos del exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. No podría ser de otra manera. Primero, los hechos:

Noelle Dunphy fue contratada por Giuliani en enero de 2019, con una oferta de $1 millón al año, para ser su directora de desarrollo de nuevos negocios. La oferta era demasiado buena para rechazarla, dice Dunphy en la demanda de 70 páginas presentada ante el tribunal de Manhattan. Pero Giuliani no cumplió. Usando un difícil proceso de divorcio, en el que ella está involucrada, la convenció de diferir los pagos a él. Además, las tareas que le fueron asignadas la llevaron a pasar cada vez más tiempo en compañía de Giuliani, quien muchas veces la obligaba a trabajar en su casa o en habitaciones de hotel, hasta altas horas de la noche.

Entonces comenzaron las presiones sexuales. Dunphy no quería perder el trabajo y comenzó a ceder. La situación empeoró hasta el punto de verse obligada a trabajar desnuda y ser obligada a cometer actos sexuales mientras Giuliani hablaba por teléfono con su amigo Donald Trump y otros personajes. Hay muchas más descripciones gráficas en el documento, que ni siquiera vale la pena mencionar.

Mucho más serio, acusa a Giuliani de beber mañana, tarde y noche, y de diseñar un plan para vender los indultos de Trump por $2 millones cada uno. Para gran parte del contenido de las acusaciones, Dunphy cuenta con grabaciones y videos, pues el mismo Giuliani le pidió que documentara todo para un libro que pretendía escribir. Los indultos no se registran, pero Dunphy dice que no faltarán testigos, ya que el proceso de indulto se ha vuelto caótico en las últimas semanas de la administración Trump. Dunphy pide $10 millones en compensación por el abuso sexual al que fue sometida. Todo ello, por supuesto, será objeto de verificación en un proceso judicial que no será breve.

La caída de Rudy Giuliani en el mundo de la política estadounidense ha sido asombrosa. Hace apenas 22 años se convirtió en un héroe mundial, levantando a Nueva York de la tragedia de las Torres Gemelas, al punto que fue bautizado con el nombre de “Alcalde de Estados Unidos”.

Como alcalde, redujo significativamente la delincuencia en Nueva York y, al final de su segundo mandato, fundó una empresa que ofrecía consultoría en seguridad urbana. En este engaño cayó Marcelo Ebrard, quien contrató sus servicios para mejorar la seguridad en la CDMX cuando era jefe de Gobierno. Ebrard le pagó 2 millones de dólares, Giuliani vino una vez, atropelló y se dio a la fuga, le quitó el dinero y nada mejoró.

Años después, reaparece al lado de Trump. Ha sido su abogado, su amigo, su consejero y su trabajo sucio. Por ejemplo, ir a Ucrania para intentar convencer al presidente Zelenski de investigar a Joe Biden y su familia, que se perfilaba como el candidato demócrata que se enfrentaría a Trump. Hoy, Giuliani está esperando la acusación del fiscal del condado de Fulton, Georgia, donde será acusado de intentar manipular el resultado de una elección federal en el estado.

Ya le quitaron la licencia para ejercer la abogacía en Nueva York, y nadie lo contrataría de todos modos. Queda por ver, también, hasta qué punto está involucrado en la insurrección del 6 de enero de 2021.

Una triste forma de acabar con su vida.

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Metro

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