
Ex Secretario Ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE)
A doce días de la jornada electoral en Coahuila y Estado de México se habla de todo menos de irregularidades en la organización de los comicios.
Los temas son las encuestas, los márgenes entre las candidaturas; las discusiones; la injerencia del Presidente de la República y las denuncias al respecto; que pueden significar estas elecciones para el 2024, si se acuerdan las elecciones, etc, etc.
Pero poco o nada se dice de la delicada labor de instalar los colegios electorales, integrar las mesas de ciudadanos que recibirán y contarán los votos, capacitarlos para estos fines y mil procedimientos técnicos y operativos que, nada más y nada menos, harán es posible que en estas dos entidades los ciudadanos puedan acudir a votar y su decisión sea la que prevalezca para elegir a sus gobernadores y representantes.
Esto se debe en gran parte a los miembros del servicio electoral profesional del INE, esos que el Plan B pretende desaparecer. Lo dije en su momento y lo apoyo ahora, quienes integran este ejército de profesionales son garantía de maestría técnica, de sobriedad —aunque la “austeridad republicana” lo dude— de imparcialidad. Han hecho cientos de elecciones con los más diversos resultados —los mismos que no les preocupan cuando hacen su trabajo— y las consecuencias están a la vista: ¡¡LA PAZ SOCIAL!! El período más largo de nuestra historia como país independiente de paz social después de las elecciones.
Todavía como sociedad no hemos evaluado que…
Ahora bien, no todo depende de ese servicio civil y de quienes los apoyan. Las autoridades responsables de la seguridad están obligadas a realizar un despliegue discreto pero eficiente para garantizar la libre circulación y el ambiente propicio para que los ciudadanos acudan a votar y se respeten sus deseos sin injerencias indebidas que pretendan coaccionar, inhibir la participación o apelar. a viejas prácticas asociadas al secuestro de urnas o bloqueos en su traslado.
Para que las cosas salgan bien es necesario también el respeto de las reglas democráticas vigentes (las derivadas de la reforma de 2014 y que volverán a demostrar su viabilidad como ya se ha puesto de manifiesto en 331 elecciones anteriores) por parte de los candidatos, partidos políticos, funcionarios públicos y otros actores.
Los ciudadanos acudirán a las urnas en el número de su responsabilidad y conciencia (ver pie de página) y, no soy ingenuo, guiados por su conciencia y no por prebendas, esas que han desbordado utilizando los recursos públicos, aunque la Constitución lo prohíba.
Al menos habrá que esperar consistencia del arbitraje de las autoridades electorales, mucha agua ha pasado por debajo de esos puentes y hay criterios muy sólidos y reiterados para pagar un “terreno parejo” que promueva condiciones de equidad. Espero que las resoluciones recientes no marquen una tendencia en la dirección opuesta.
Esto es crucial, ya que los criterios de arbitraje en estas elecciones prefiguran lo que podemos esperar para las próximas elecciones.
Lo que está en juego no es menos. En primera instancia, toda elección es importante para renovar la confianza en que la democracia está vigente y alejar las aspiraciones autoritarias que hoy tanto influyen; segundo, es un registro de cerca de 15 millones de electores y en dos entidades en las que no ha habido alternancia, pero que hoy están gobernadas por partidos políticos de oposición; y tercero, son las elecciones previas al próximo año que renovarán todos los poderes federales sujetos a escrutinio directo, nueve gubernaturas y más de 20,000 cargos en todo el país.
En buena medida el espíritu de 2024 se juega este próximo 4 de junio.
Pero, en medio de toda esta parafernalia, renuevo mi confianza en esos miles de mujeres y hombres que por sus méritos, a través de un concurso sin padrinazgo, ingresaron y han renovado su cargo en el Instituto Nacional Electoral. Son la garantía de que la democracia mexicana prevalece y, perdón por mi reiteración, por eso mismo en el Plan B pusieron especial énfasis en su desmantelamiento.
El próximo 4 de junio volveremos a ver una organización electoral ejemplar, las irregularidades, si ocurren, serán responsabilidad de actores políticos nerviosos por la inversión en resultados inciertos.
A este ejército de mujeres y hombres del INE, del servicio profesional y de la rama administrativa, les debemos mucho y estoy seguro que este próximo 4 de junio no quedará por ellos y para ellas. El resultado dependerá de los ciudadanos, de un procedimiento cierto y fiable y no de la organización. También dependerá del respeto a las normas y de que se hagan cumplir.
Pie de página: la participación ciudadana en estas elecciones puede marcar la diferencia. En Coahuila hace seis años era 57 por ciento y en Edomex 53 por ciento, cifras muy similares a las de participación en las elecciones intermedias de 2021. Es decir, el abstencionismo ronda la mitad del padrón electoral.
Posdata: Preocupa la reiterada producción de prueba sobre el escaso o nulo respeto al Estado de Derecho: ante un fallo de la Corte, otro decreto el mismo día reiterando el criterio del Ejecutivo. No hay que preguntarse de qué se trata, está claro: desgastar al Poder Judicial y preparar el próximo desacato. al tiempo Lamentable, muy lamentable las agresiones contra los miembros de la SCJN, uno esperaría argumentos y no amenazas, eso es lo que tenemos que exigir.
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