mié. Ago 5th, 2026

Hay que estar un poco loco para querer ser presidente de México. Xóchitl Gálvez tiene unos rasgos hipervoluntarios –una vez amenazó con desnudarse para que Paco Gil le diera un presupuesto– que quizás ya apuntaban a que intentaba algo tan loco como la candidatura presidencial.

Hoy cuando uno levanta una piedra y sale una xochitltóloga, he aquí mi impresión inicial de la circunstancia de esta hidalguense.

No son pocos los que señalan que su biografía –indígena, mestiza, de origen pobre, hija de la cultura del esfuerzo, pambolera, exitosa, malhablada, empresaria, populacho, fama de honesta, etc.– la convierte en una buen candidato, un perfil ideal. para enfrentar al delfín(a) de AMLO.

Sin negar lo anterior, hay dos grandes interrogantes que el público deberá ver respondidas más temprano que tarde, respecto a lo que ha emprendido Xóchitl: por qué lo hace y qué propone.

Es muy bonito que un día cerraron el Palacio Nacional y luego, como Saulo de Tarso, por culpa de ese gran caballo encontró el camino. Y también frenó impecablemente los derechazos que le intentaron dar Sheinbaum y López Obrador alegando discriminación y machismo, pero ¿esa es su misión, la agenda de género, no ser discriminado, ir en contra de Morena?

La historia de vida de Xóchitl es suficiente para presentarla en sociedad donde no la conocían o no se habían fijado en ella. Pero para hablar de sus ganas de ser presidenta, y sobre todo después de alguien como AMLO, necesita que la gente empiece a grabar sus mantras, sus promesas, su oferta.

Todo ha sido muy acelerado y no hay garantía de que, primero, los partidos de la alianza lo dejen pasar; y segundo, que no se equivoque, o que no aparezca una mancha del pasado que la despierte a golpes. Y al mismo tiempo, quienes más han apuntalado sus chances son los corifeos de Morena.

Pero en el caso de que sus compañeras no la bloqueen, y que su habilidad la lleve adelante en la precampaña que no es precampaña, lo que ofrece Xóchitl Gálvez, y lo que ofrece podría ser atractivo para el gran electorado.

En su entrevista del fin de semana en Telereportaje, el canal más influyente de Tabasco, Xóchitl bordeó ideas que, bien maduradas, podrían hacerlo crecer entre un electorado donde AMLO conserva, según la encuesta de ayer de Noticias, un 87% de aprobación entre los 30 millones que votaron. para él en 2018.

Mucha gente no quiere a AMLO en la cárcel, ni una revancha contra el tabasqueño. En la citada charla periodística, Xóchitl dijo claramente que no quiere que al Presidente le vaya mal, sino que quiere que a los mexicanos les vaya mejor, que se merecen más.

Sin embargo, Xóchitl va a ser cortejada por personajes que, no es exageración, odian a Andrés Manuel y no pocos de sus seguidores o votantes. Personas que, desde una supuesta autoridad moral o académica, se niegan, cinco años después, a tratar de entender que López Obrador triunfó frente al saqueo, la corrupción y, nada menor, la prepotencia de una clase político-tecnocrática ciega a pobreza.

Si Gálvez se deja contaminar por estas visiones catastróficas y vengativas, si lo acompaña la nostalgia del pasado, su intento tiene un destino seguro: la derrota, porque México no quiere el regreso de lo arrasado en 2018.

La ingeniera tiene que decir cuál es la alternativa que, frente a las de ayer, y no pocas cosas de hoy, propondrá en 2024 y -clave- con quién.

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