lun. May 11th, 2026

Arranca las capas superficiales para encontrar la herida; aquello que se ha contaminado con el tiempo; que te hace llorar de vez en cuando.

Hurgar. Desinfectar. Gritar.

El teatro de Itzhel Razo es incómodo. Puede que te haga reír, pero lo hará para señalar. Es capaz de llevarte a través de momentos divertidos mientras te revuelve el estómago. Es un teatro que remueve las entrañas. Es un teatro necesario.

Me fui con una mueca después de ver Wilma, el unipersonal autobiográfico de Itzhel Razo. Satisfechos e insatisfechos; conmovido y desconcertado. Asombrado por su habilidad para rascar el alma y perforar la piel. ¿No es para eso que debería servir el arte? ¿Hacernos preguntas e intentar descifrar el mundo?

Tomando el huracán Wilma como marco imaginario, Itzhel nos transporta a su prehistoria subconsciente. Nos lleva a un viaje amargo y doloroso en el que nos muestra la sociedad excluyente en la que creció; la clase alta yucateca que tiene educación en escuelas privadas y casas en la playa.

Su propuesta tiene como telón de fondo la sociedad yucateca, la lengua maya y las costumbres de la región. Su lenguaje está lleno de sutiles referencias y expresiones locales. Es una cátedra del elitismo yucateco.

Con una escena inicial que va de lo onírico a lo etéreo, utilizando su hermoso cabello rojo flotante como elemento escénico, Itzhel nos da la sensación de levitar, mientras una transmisión de radio en lengua maya sirve de fondo musical a la actriz.

Utiliza una amplia variedad de recursos escénicos, pero sobre todo es su corporalidad y su voz gutural, las que permiten a Itzhel transportar al público a una tormenta emocional. No concede tregua. Se vuelve primitiva y feroz. Ella baila, grita y se contorsiona. Ofrece una experiencia multidisciplinaria en la que utiliza proyecciones de video, pintura corporal, efectos de sonido y una tina de agua. Una propuesta rica en términos visuales, multisensorial y compleja en términos emocionales.

Su discurso va en contra del clasismo arraigado de la sociedad yucateca en la que creció y se educó, pero de la que no se siente del todo parte. Su rabia es contra su abuela, que cercenó su futuro convirtiéndolo en un infierno: “Tu padre se disolvió en un cántaro de agua”, le diría su abuela al anunciar la muerte de su padre.

El apogeo de la obra, ya en lo más profundo de la experiencia humana, que roza lo brutal, en ese espacio en el que el personaje parece más una bestia irracional, llega con la catarsis y limpieza que da el agua; sumergir y diluir en la fluidez acuosa y primaria.

Itzhel te lleva a un viaje sin retorno. Te muestra el infierno y no garantiza que saldrás de él.

Premios y presentaciones

La obra Wilma cumplirá 100 funciones antes de fin de año y se presenta por primera vez en Mérida, de donde es originaria Itzhel, en el teatro Armando Manzanero durante el Otoño Cultural, en el teatro La Rendija que dirige Raquel Araujo y en el teatro José María Iturralde de Valladolid. Recientemente, el espectáculo unipersonal ganó el premio al mejor monólogo de la Asociación de Críticos y Periodistas de Teatro (ACPT). Próximamente irá a participar en el Festival de Clasismo de Nuremberg, Alemania.

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