dom. Nov 8th, 2026

Nuestra patria final es el olvido. Reconozco que esta frase, aunque es un endecasílabo, carece de la altura necesaria para ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero, y ni siquiera en plastilina verde. Primero es lloroso, y luego grandioso, rimbombante y alegre, vicio derivado de uno de los errores más grandes que cometí en mi juventud: participar en concursos de oratoria. Aun así, dicha frase es cierta. Esa bendición de Dios nos espera a todos, la de ser olvidados y poder dormir en paz el sueño eterno, ahora libres del juicio de los hombres. ¿Quién recuerda, por ejemplo, a don Adolfo Sánchez Ramos? Quizás alguien lo recuerde por su singular apodo: “El Cafierros”. Se le conocía con ese apodo porque él, un hombre alto y robusto, movía continuamente la mandíbula inferior. (El otro no se mueve, de ahí el símil: “Es más grande que la mandíbula superior”). Si de apodos se trata, creo que Dante Delgado merece llamarse “El costra”, mientras que Samuel García, que en otra época podría haber actuado en la carpa de Rosete Aranda, brillante titiritero, le va muy bien con el espectáculo “Bronco”. . II”. Es una locura lanzarse a la carrera por la Presidencia de la República, locura en la que cayó su antecesor, el Bronco, quien sólo logró hacer la más ruidosa y notoria de todas las ridiculeces. Lo mismo le irá al estúpido gobernador de Nuevo León, una entidad progresista que no merece los gobernantes que ha tenido últimamente. Es inexplicable que García haya aceptado servir de instrumento al dueño del partido naranja, quien a su vez, según la opinión pública, se ha ofrecido voluntariamente a ser el caballero de AMLO para restar votos a la oposición en el proceso electoral del próximo año. La política suele ser un negocio sucio, pero incluso en ese ejercicio, tan cercano al pragmatismo y tan alejado de la ética, debe haber una cierta apariencia de decoro personal que impida caer en la indignidad o el deshonor. Es lamentable la decisión tomada por Samuel García. Resultará en daño para él y para Nuevo León. Habrá que decirle lo que aquel locutor municipal que en su programa de opinión afirmó en tono de advertencia: “Ya le dije al presidente de los Estados Unidos que no debería ir a Afganistán. No me ha escuchado. En su salud lo encontrarás”. “Lo hice por debilidad”. Así se justificó Dulcibella ante sus padres tras su desliz. Le preguntó a su padre con mal humor: “¿Y eso es algo vitamínico?” Don Arsilio pidió a sus feligreses durante el sermón dominical: “Levántense los que quieren ir al Cielo”. Todos se levantaron, excepto la señora Gules. El sacerdote le preguntó sorprendido: “¿No quieres ir al cielo?” “Sí, padre”, respondió ella. Pero no tengo nada que ponerme”. Lo mismo dijo una mujer a su marido, que la encontró en el dormitorio in puris naturabilis, es decir, desnuda, bajita, en pelotier. “Simplemente no tengo nada que ponerme”, argumentó la mujer. El marido abrió el armario, que estaba lleno de vestidos. Le dijo a la denunciante mientras ella los alejaba: “¿Y esto? … ¿Y esto? … ¿Y esto? … Hola amigo. ¡¿Y eso?!”. Babalucas, a un hombre: “Disculpe: ¿Qué horario tiene?” El hombre, tras consultar su reloj: “10 menos 12”. Y Babalucas: “Gracias 2”… Pepito tenía la mala costumbre de chuparse el dedo, su mamá le advirtió: “Si sigues chupándote el dedo se te va a inflar la barriga como un globo”. Días después llegó a visitarla una amiga de la señora, la visitante presentaba signos de un embarazo exitoso de ocho meses, le dijo a Pepito en tono de reproche: “Sé lo que hiciste para estar así”. FIN.

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