mar. May 5th, 2026

Director de México Evalúa

En días pasados ​​estuve en la celebración del décimo aniversario de YouthBuild México (YBM), una organización mexicana vinculada a una red mundial de organizaciones que trabajan por los jóvenes. Tuve la oportunidad de ser parte de su Consejo por un tiempo y pude comprobar que cuenta con metodologías, programas, intervenciones que ayudan a ampliar las oportunidades educativas y laborales de los mexicanos entre 18 y 29 años.

Los jóvenes en México no la pasan bien: los señalamos, los degradamos con términos que bajan su autoestima y no los tratamos como es debido. Por su aniversario, YBM elaboró ​​un documento que consolida información sobre los mexicanos en este grupo de edad.

El hecho de que este documento sea uno de los primeros, o el primero de su tipo, es todo un síntoma. No tenemos la disciplina para generar y consolidar información con enfoque en la juventud. Por ello, fue necesario ahondar en encuestas, estadísticas laborales y educativas y diversa información para poder ofrecer un panorama de cómo son y cómo es probable que sea el futuro de estos mexicanos, si las cosas siguen igual.

El estudio da cuenta de las desventajas que se acumulan en las trayectorias de vida de estos jóvenes, dejándolos con un camino muy estrecho para su desarrollo. La escolarización es el primer paso: la baja escolaridad con aprendizajes de baja calidad (o poco relevantes para el contexto laboral) constriñe a los jóvenes a trabajos muy precarios. En México, cada vez menos jóvenes ingresan a la educación media superior.

Esto explica por qué más de la mitad de los mexicanos en este grupo de edad están desempleados, subempleados y desempleados (no porque sean adictos al ocio, sino porque se cansaron de buscar). De los que sí trabajan, un grupo muy numeroso tiene salarios por debajo de dos canastas básicas (poco más de ocho mil pesos mensuales, lo que se considera un salario no digno), y no tiene acceso a la seguridad social.

Bienvenidos a México, un país que limita el desarrollo de su mayor activo: la juventud.

Quizás sin querer, el informe YBM revela los profundos problemas del país. Nuestros grandes temas. A saber, décadas de bajo crecimiento económico, que limita lo que la economía puede absorber de la nueva fuerza laboral; enormes asimetrías entre la productividad de regiones y sectores y la persistente baja calidad de la educación, que condena a los jóvenes a trabajar en la parte estancada de la economía, no en la parte pujante, moderna y transformadora. Para colmo, parece que estamos en un círculo vicioso, porque no hemos tenido la capacidad de influir positivamente en los vectores que nos permitan salir de la trampa. Y los impactos en las generaciones futuras son cada vez más grandes.

Llama la atención que la actual administración esté haciendo un esfuerzo fiscal muy importante para generar una política pública específica para los jóvenes. Lo hace a través de un programa nada austero, pero muy mal diseñado. Jóvenes Construyendo Futuro, está hecho de buenas intenciones, que terminan en malos resultados. Si le contaras a un extraño tus objetivos y tu lógica, no sonaría mal. Pero en política pública, las cosas no solo deben sonar bien, también deben estar bien diseñadas. Debe existir un marco de conocimiento que permita comprender cómo se puede impactar un problema público. Con esto como punto de partida viene el diseño, la selección de la población objetivo, las actividades o intervenciones, y la evaluación de los resultados para poder corregir. Nada de esto puede ser ignorado. Todo esto le falta al programa que comento.

Esther Duflo, galardonada junto a su marido y un equipo más amplio de investigadores con el Premio Nobel por su trabajo a favor de programas contra la pobreza, ha querido llevar el método científico y experimental a las políticas públicas. Poner lo que se aplica en medicina y ciencias duras en el campo de la conducta humana.

duflo et al. Han aplicado este método a decenas de programas que buscan reducir la pobreza o reducir las desigualdades. Ha habido de todo en sus hallazgos. Actividades que parecen de poca relevancia, como las clínicas móviles de vacunación y las bolsas de lentejas, pero que han tenido un éxito rotundo en el aumento de las tasas de inmunización de comunidades enteras. Pero también se han encontrado con que los programas otorgados por la comunidad internacional no eran tan efectivos como parecían, y necesitaban algún ajuste de tuerca para que pudieran dar lo mejor de sí.

En México, aún en un entorno lleno de desafíos estructurales, podríamos estar ejecutando intervenciones y programas que cambien la vida de los jóvenes. Quizás no podamos cambiar el sistema educativo a lo largo de una administración, pero sí podemos construir puentes para conectar las habilidades de los estudiantes con lo que demanda el mercado laboral. Programas no tan grandilocuentes, pero con verdaderos efectos transformadores. Como las de YouthBuild, que en su aniversario dio voz a sus beneficiarios. Mujeres y hombres jóvenes que hoy cuentan una historia diferente a la que tenían predestinada. A todos se nos puso la piel de gallina.

Lo primero que debemos lograr en la próxima administración es recuperar la fe en las políticas públicas, las buenas, las que se realizan con método y conocimiento.

Para que podamos decir: bienvenidos a este país, donde nos aseguramos de que los jóvenes tengan el mejor futuro posible.

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Metro

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