
Esta semana se han debatido a nivel internacional dos visiones de las fuerzas del crecimiento en el mundo. Por un lado, en Estados Unidos, la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, solicitó que se aumente el techo de la deuda, ante la inminente suspensión de pagos por parte del gobierno de esa nación a sus acreedores (nacionales y extranjeros). como consecuencia de la negativa de un grupo de legisladores –en su mayoría republicanos–, lo que provocó que se aumentara el techo de la deuda. En otras palabras, este aumento no es más que la autorización para que el gobierno pague a sus acreedores lo que ya ha gastado. Para que se realicen estos pagos, el Congreso debe autorizar al gobierno a aumentar el límite de la deuda. De no hacerlo, será declarado en moratoria de pago, con múltiples consecuencias, algunas muy graves, como dejar de pagar los salarios de millones de trabajadores federales.
La opinión de los legisladores republicanos que se oponen a este aumento es que insisten en que el gobierno no debe gastar más de lo autorizado en su nivel de crédito; Suelen comparar el gasto individual que se realiza en términos domésticos con el gasto público, cuyas obligaciones superan a las de una persona. Por ejemplo, brindando servicios como educación y salud, dirigidos a millones de personas, o infraestructura, cuyos beneficios se extienden a toda la economía nacional. La única forma de mantener ese gasto en aumento ha sido a través de créditos o aumentos de impuestos, o una combinación de ambos. La discusión, que no es nueva, se reduce a dos visiones de la sociedad: los que consideran que se debe eliminar el gasto social y el que beneficia a todos los sectores porque debe ser responsabilidad de cada individuo hacerlo con sus propios medios, y los que quienes consideran que debe ser la sociedad en su conjunto la que garantice estos servicios con la intermediación del gobierno. Este debate es clave para el mundo ya que su resolución afectará la forma en que Estados Unidos enfrentará la menor actividad que se pronostica y en esa perspectiva es fundamental que los legisladores se apresuren a aprobar la ampliación del déficit fiscal, para que haya es la flexibilidad para enfrentar la inestabilidad que pueda presentar la economía estadounidense.
Mientras Estados Unidos debate si aumentar o no el techo del déficit fiscal, el gobierno chino el lunes pasado, en un discurso del presidente Xi, señaló la necesidad de mantener el esfuerzo para alcanzar nuevas metas de crecimiento, que superan el 3 por ciento de 2022. La fórmula por la que China apuesta para mantener la expansión de manera competitiva es a través del aumento del gasto en investigación y desarrollo que en 2022 alcanzó los 443.000 millones de dólares, lo que representa el 2,6 por ciento del PIB, acercándose al 2,7 de los países. Según la OCDE, esto sitúa a China por delante de Francia en 2,4 por ciento y los Países Bajos en 2,3 por ciento. En esta perspectiva, China busca acelerar su crecimiento aumentando el gasto en ciencia y tecnología con la perspectiva de superar el coeficiente de Estados Unidos, que es del 3,5 por ciento. México tiene un coeficiente de 0,9 por ciento, superado en América Latina por Brasil, que tiene un coeficiente de 1,2 por ciento.
Este debate internacional sobre las fuerzas para promover el crecimiento permite dilucidar que nuestro país parece más proclive a un debate como el de Estados Unidos centrado en mantener los equilibrios presupuestarios, en lugar de transformar el país en una visión más orientada a cambiar el ejes sobre los cuales mueve el crecimiento, es decir, es necesario alejarse de la expansión basada en factores tradicionales, la actual Administración no ha podido convocar a las fuerzas productivas para promover una mayor inversión, sin esto siempre vamos a requerir flujos del exterior, necesidad, como dice el presidente Xi, de centrarse en el trabajo duro interno, a través de una mayor inversión.
Es necesario fortalecer la inversión y aumentar la productividad, la inversión se ha estancado desde mediados de la década pasada, esto deriva de la incertidumbre que rodea la formulación de las políticas nacionales, especialmente en el sector energético. Con un marco de políticas apropiado que respete a los inversionistas, el potencial para una reactivación de la inversión es algo. En esta perspectiva, el debate que se lleva a cabo con nuestros socios comerciales Canadá y Estados Unidos es clave para dilucidar el panorama no sólo para el final del sexenio, sino para lo que resta de la década de 1920. Con un marco de política adecuado, el potencial de reactivación de la inversión es alto. México podría beneficiarse de las reorganizaciones que se están dando en las cadenas de suministro globales para acercarlas a los mercados consumidores más dinámicos. En esta perspectiva, cobra especial importancia la reforma para brindar certidumbre sobre los contratos vigentes y la estabilidad regulatoria.
México tiene una gran oportunidad para posicionarse en una nueva dinámica de crecimiento en la medida en que reafirmemos nuestro compromiso con la democracia y el respeto a las instituciones. Se presenta una gran oportunidad en la medida en que nos comprometamos con un desarrollo institucional predecible capaz de garantizar el respeto a las reglas del juego. Es un momento de reflexión y compromiso con el futuro. Esperamos que el país sepa confirmar su vocación por el respeto a las instituciones y al desarrollo.
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