dom. Abr 12th, 2026

López Obrador usó mucho la frase: “No mientas, no robes, no traiciones”. Como se sabe, gracias al Giro de Luis Estrada, miente unas 100 veces al día. Los hurtos son más frecuentes en este gobierno que en ninguno anterior, algo que comenzó en campaña con sobres amarillos, continuó en Segalmex (hasta hoy récord en corrupción) y se refleja en departamentos de generales, casas y negocios de niños, y un opacidad que no veíamos hace décadas. Para traicionar, basta mencionar la destrucción del sistema de salud, del sistema educativo y de los programas sociales. En resumen, López Obrador es todo lo contrario de lo que ofreció.

Pero no es solo él. Los partidos políticos también están siendo lo contrario de lo que ofrecían, o de lo que eran. El PRI, máximo exponente de la disciplina, es ahora un ejemplo de derrota. Gobernadores que entregan el Estado, que traicionan a su partido ya sus candidatos, líderes que están dispuestos a inmolar la organización para salvarse a sí mismos oa su enemistad. El PAN, que durante décadas se jactó de su cercanía a la ciudadanía y de su honestidad, ahora se ve envuelto en graves acusaciones, pero sobre todo, tratando de imponer los intereses de sus dirigentes, de las familias que controlan cada estado, por encima de lo que hoy pueda querer la población. .

De Morena no hay mucho que decir, porque ya sabemos que no es un partido, sino un conglomerado que sigue al líder, y que no tiene nada más en común, salvo un apetito desmedido: de poder, de dinero, de venganza. Los dos partidos pequeños, Verde y Movimiento, apenas comienzan a moverse. El primero, abriendo espacio en caso de ser necesario; el segundo, pagando por ver.

Curiosamente, el público también está actuando a la inversa de lo habitual. En lugar de la típica apatía, ahora hay una actitud concisa, incluso pendenciera. Sin canales para encauzarla, la pasión se enfrenta a esos partidos inútiles, al gobierno sordo, y ya se desbordó en dos ocasiones. Los partidos se han aprovechado de esta presión, pero están tratando de esquivar la pelota de cara a las elecciones. Dado que tienen el control del mercado, asumen que pueden especular. Justo ahí es donde los dos pequeños partidos están viendo posibilidades que nunca antes habían tenido. Especialmente si alguien también está actuando al revés.

No hacía falta llegar aquí, pero hemos llegado. El gran golpe que supuso la elección de 2018 para los partidos políticos tradicionales sólo pudo ser un bache, pero los dirigentes no tuvieron el nivel para superarlo. Decidieron seguir cavando y ya lo convirtieron en un pozo. Definitivo para algunos, quizás solo temporal para otros, pero grave al fin y al cabo.

La destrucción promovida por López, como ya hemos comentado, implica que el próximo gobierno no tendrá ni dinero ni capacidad de gestión. Será necesario revertir la catástrofe en salud y educación, ordenar la política social, limitar las Fuerzas Armadas y fortalecer la Federación. Será fundamental ajustarse a las nuevas formas de globalización, y eso nos obligará a revertir los actuales despropósitos energéticos, pero también a recuperar el cumplimiento de la ley por parte del gobierno y relanzar la posición de México, hoy sobre el terreno.

AMLO quería pasar a la historia y lo va a lograr de la peor manera posible. Será recordado como el gran destructor, no solo de las finanzas y la gestión pública, sino de todo un sistema de gobierno. Ahora está claro que no podremos volver al breve período de la transición acordada, y no solo por él, como espero que haya quedado claro.

Antes de reconstruir, todavía veremos un gran colapso.

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Metro

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