
Economista, profesor de la UNAM
La población que padecía la falta de servicios de salud en México era de 50 millones de personas en 2022, lo que implica cuatro (39.1 por ciento) de cada diez habitantes del país, como acaba de estimar el Consejo de Evaluación de Políticas. Sociales (Coneval).
El hecho, grave de por sí, se agrava cuando se ve de dónde venimos: en 2020 la falta de acceso a los servicios de salud afectó a 35,7 millones de personas (28,1 por ciento del total). En 2018, antes del inicio del actual sexenio, 20,1 millones (16,2 por ciento) padecían esta carencia. Por cada dos años de este gobierno, el número de personas excluidas de la salud aumentó en 15 millones.
El balance es que de 20 a 50 millones de mexicanos con carencia de salud pasó de 20 a 50 millones en apenas cuatro años. 30 millones más que no pueden asistir a un parto, una enfermedad o un accidente en una institución de salud. Son cifras oficiales del Estado Mexicano y un triste ejemplo del derribo de la oferta de servicios públicos para que la gente atienda necesidades vitales.
Si miras hacia atrás, verás que México venía avanzando en el acceso a los servicios de salud siguiendo la metodología Coneval: entre 2008 y 2018 se logró reducir la carencia a la mitad, al pasar de 42.8 a 20.1 millones de personas. En términos relativos, el esfuerzo también había sido encomiable, ya que el porcentaje de quienes padecían carencias cayó de 38,1 a 16,2 por ciento en la década anterior a la llegada de la presente administración. Pero con ella se deshizo todo el camino recorrido y se perdió el esfuerzo institucional, financiero y humano en la protección de la salud.
Existe una discusión sobre en qué medida la falta de acceso a los servicios de salud estimada por el Coneval, que se basa en los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del INEGI, revela una percepción de las personas o acceso al efectivo a servicios de salud. Si bien expresa la idea que tiene la población sobre si tiene o no cobertura de salud, esto afecta su acceso real a la misma, ya que si las personas saben que están excluidas de tales servicios, será difícil que los demanden. En el mejor de los casos, se puede decir que hay 30 millones adicionales de mexicanos que, con este gobierno, se consideran sin acceso a los servicios de salud. Eso no endulza la realidad ni disminuye los estragos que causa cancelar, sin diagnóstico y sin esbozar una alternativa plausible, el Seguro Popular, por ejemplo.
Pero la propia ENIGH evidencia que el daño a las familias mexicanas en materia de salud no está solo en su percepción, sino directamente en su bolsillo y bienestar: mientras el gasto corriente monetario total de los hogares creció apenas 2.1 por ciento entre 2018 y 2022, la salud el gasto aumentó un 30,9 por ciento. En cambio, disminuyó el gasto en educación y recreación (-17,3 por ciento), en vestuario y calzado (-13,2 por ciento) y en transporte y comunicaciones (-1,2 por ciento). Entonces, para cubrir las carencias en salud es necesario gastar casi un tercio más que al inicio del gobierno, a costa de sacrificar transporte, vestuario y, sobre todo, educación. Por cierto, el Coneval da cuenta de que el rezago educativo afectó a 1,6 millones de personas más en 2022 que cuatro años antes.
El mismo Coneval muestra cómo la capacidad de atención de los servicios públicos de salud se ha colapsado en este gobierno, obligando a la gente a acudir a consultas privadas. Si se suman las personas que tuvieron problemas de salud y recibieron atención médica en el sector público (Secretaría de Salud, IMSS, ISSSTE federal y local, y otros servicios) en 2018, fueron 22.3 millones, frente a 18.1 millones en 2022. Es decir , el número de personas atendidas por las instituciones de salud del Estado mexicano se redujo en 4.2 millones. En tanto, los servicios privados, que atendieron 22,5 millones en 2018, captaron 31,1 millones en 2022. Los pacientes del sector privado aumentaron en 8,6 millones en cuatro años. En oficinas anexas a farmacias se atendió el año pasado a 12,6 millones de personas, cuatro millones más que en 2018.
Los servicios públicos atendieron al 50 por ciento de las personas en 2018; en 2022 solo el 37 por ciento. Todos los indicadores revelan que la privatización de la salud avanza.
Si el neoliberalismo se destaca por adelgazar los servicios públicos, y el populismo por destruir las instituciones públicas existentes a partir de la arbitrariedad del líder, esta catástrofe sanitaria bien puede calificarse como obra del populismo neoliberal, el que hoy gobierna a México.
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