
Comisionado del INAI
Se restringe más información a pesar de ser un deber brindarla, pero lamentablemente eso no es noticia. Las obligaciones de hacer pública la información oficial —no solo para hacerla permanentemente transparente, sino para responder correctamente a las solicitudes de los ciudadanos— están vigentes desde hace veinte años, aunque de manera más precisa y enérgica desde 2015. Sin embargo, paralelamente, el acceso a la información como derecho se mantiene con indicadores modestos porque, aún, poca población ha liberado su derecho a saber a través de mecánicas institucionalizadas. Por lo tanto, la lectura de las cifras podría ser de alguna manera esperanzadora.
Por eso creo que la noticia de las cifras o del conteo estadístico nos obliga o invita a reflexionar sobre los indicadores democráticos que implica este tema, ameritan análisis para darle a cada factor su correcta interpretación. O al menos, una consideración más precisa de las impresiones maniqueas, blanco o negro, todo o nada.
La repercusión mediática es que el INAI cerró el 2022 con cifras que deben llamar la atención, en el 2021 se tramitaron 16.000 recursos contra respuestas de instituciones y organismos oficiales, que aumentaron a 24.000 en el 2022, casi el 50 por ciento. más en un año. A cualquiera esa lectura le parecerá negativa.
Sin embargo, están creciendo dos situaciones: una buena y otra mala. La primera, la que es saludable y que debemos valorar positivamente es que las personas, los ciudadanos, cada vez están más insatisfechos por la vía institucional frente a las malas respuestas del gobierno cuando han utilizado mecanismos institucionales para solicitar información a través de solicitudes de información tramitadas a través de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT).
La otra cara del asunto, es una lectura negativa, quiere decir que a pesar de ser un deber institucional, las agencias siguen incumpliendo y recurriendo al pretexto de eludir su deber y persistir en una resistencia pasiva o incluso frontal, la posición es negar la información, ya sea declarando inexistente la información que debería tener o argumentando que el asunto de que se trata no corresponde a esa unidad, cuando ello sea manifiestamente inexacto o incluso francamente falso; o simplemente tener cuidado de entregar menos de lo solicitado y ya con esto intentar que los solicitantes desistan por frustración.
Por eso insisto en que se habrían incrementado los recursos de revisión contra las respuestas de los organismos oficiales, recursos que resuelve el INAI, reflejan un hecho que debe ser valorado, primero que la gente quiere y requiere más información pública para su diario vivir. y eso es bueno porque refleja un aumento del espíritu crítico de la sociedad que deja impotencia por miedo o comodidad resignada frente a las malas respuestas del gobierno.
Es cierto, necesitamos ver las cosas con otros ojos, el deber de informar que tiene el Estado y sus organismos es un deber de gran importancia, porque de ese deber depende el éxito de gran parte de los procesos de gestión. público, incluyendo el más amplio aprovechamiento de las oportunidades cívicas y el discernimiento de los programas sociales que deben ser planificados y ejecutados en términos de equidad comprobable. Cuando el Estado falla, es urgente que la sociedad lo exhiba y, en consecuencia, busque remediarlo. Eso es pensar en clave democrática.
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