lun. Abr 13th, 2026

A puerta cerrada. Así se produjo el pasado miércoles una importantísima comparecencia de los integrantes del gabinete de seguridad ante la –hay un nombre largo y ampuloso– Comisión Bicamaral para la Evaluación y Seguimiento de las Fuerzas Armadas Permanentes en las Tareas de Seguridad Pública, encabezada por Senador Ricardo Monreal. Por el lado del Gobierno, los titulares de Gobernación, Adán Augusto López; Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez; de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, y de la Armada, Rafael Ojeda. De esta comparecencia, por momentos dura, surgieron varios temas, en particular gracias a algunas intervenciones en los medios de comunicación de uno de los legisladores presentes, el senador independiente Emilio Álvarez Icaza.

Es justo reconocer que la misma celebración de la aparición es positiva (sobre todo considerando el secretismo que tradicionalmente ha caracterizado al Ejército Mexicano). Sin embargo, también se reveló el cierre que aún prevalece en algunos temas. Por ejemplo, el secretario de Seguridad se negó incluso a discutir uno de los temas de mayor preocupación en la coyuntura actual: el uso por parte del Ejército del software Pegasus para espiar a los periodistas. Cuando Álvarez Icaza preguntó al respecto, el secretario invirtió que “no hay lugar” para la pregunta.

Lo más significativo de la comparecencia es que exhibió la magnitud de la fractura que ha generado la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, no sólo entre el gobierno y la oposición, sino también entre poderes; el Ejecutivo, manifiestamente a favor, y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en contra.

En el Gobierno y en el Ejército parecen empeñados en cobrar muy caro a los ministros por la osadía de invalidar el traslado de la Guardia Nacional a la Sedena. El mismo día de la comparecencia, en horas de la mañana, el subsecretario de Seguridad Pública, general Luis Rodríguez Bucio, reveló una peculiar lista de jueces “que defienden a los delincuentes”. No solo llama la atención que tal listado sea ventilado en una rueda de prensa, sino que entre los jueces encubiertos penales apareciera el nombre, nada más y nada menos, de la ministra presidenta de la SCJN, Norma Lucía Piña.

También es elocuente que, en su intervención durante la comparecencia del pasado miércoles, el secretario de Gobernación señalara que el Poder Judicial es “una carga profunda” que “deja en la impunidad gran parte de los delitos cometidos”. Esta es una declaración bastante desafortunada. Por supuesto, hay grandes rezagos en las instituciones para impartir justicia (y no faltarán jueces corruptos). Sin embargo, la mayoría de las veces, la impunidad se debe al mal desempeño de los fiscales. Incluso, algunos jueces de control se han visto en la penosa necesidad de corregir la plana de fiscales que, de manera no muy sutil, presentan investigaciones llenas de deficiencias y omisiones deliberadas (que son las que generalmente facilitan la salida de delincuentes de alta peligrosidad). sobre la libertad).

No soy de los que automáticamente se rasgan la ropa ante cualquier participación del Ejército en tareas de seguridad pública. Me parece que descalificar a las Fuerzas Armadas por la simple razón de que no son “civiles” es un razonamiento profundamente simplista (que omite la realidad de que nuestra policía simplemente no tiene una institucionalidad, que es imposible construir de la noche a la mañana, que la El ejército sí lo tiene). Sin embargo, la dramática concentración de recursos en manos militares ha generado inevitablemente intereses, desmanes y corrupción que serán cada vez más difíciles de ocultar. El Poder Judicial tiene la difícil tarea de actuar como contrapeso a esta concentración de poder.

En el contexto político actual –es decir, con la oposición en la lona– este enfrentamiento abierto entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial es la mayor amenaza al orden institucional del país. Lo deseable sería que el próximo gobierno busque enderezar las aguas y restablecer una relación de respeto mutuo (no de sumisión como se desea en Palacio Nacional). Por ello, los temas que se trataron en la comparecencia del gabinete de seguridad son precisamente aquellos sobre los que es prioritario conocer la posición de corcholatas y aspirantes. También serán temas en los que sería muy útil que, una vez iniciadas las campañas, la candidata por Morena busque distanciarse de su actual jefe.

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