dom. Abr 12th, 2026

Fue en el cerro Paraná, en el desierto de Atacama, donde el 6 de junio de 2012 se constituyó oficialmente la Alianza del Pacífico. El tratado fue firmado por los presidentes de Chile, Colombia, México y Perú por iniciativa del presidente de este último país, Alan García Pérez.

Lo que animó esta iniciativa desde el principio fue un esfuerzo geopolítico a largo plazo. A saber: profundizar las relaciones comerciales de estas naciones que comparten una salida al Océano Pacífico como requisito indispensable para una posterior relación profunda con el mundo asiático.

Esta perspectiva estratégica conlleva el diagnóstico según el cual el mundo del futuro tendrá su centro de gravedad en la cuenca del Pacífico. Este punto de vista reconoce el ascenso de China como una potencia mundial que rivaliza con Estados Unidos, el hecho de que Japón sigue siendo la tercera economía más grande del mundo a pesar de todos sus problemas, el éxito económico de los llamados tigres asiáticos (Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong), así como el potencial de países como Australia, Vietnam, Indonesia, entre otros.

La fortaleza de las cuatro economías firmantes es evidente si consideramos que representan el 40 por ciento del PIB latinoamericano y que tres de los cuatro países pertenecen a la OCDE.

Pero la Alianza no se inspira únicamente en motivos comerciales. Entre los atributos que deben cumplir los países miembros se encuentran el respeto al estado de derecho, la vigencia de las instituciones republicanas y la adopción de un orden liberal-democrático.

Hasta hace poco parecía imposible que este consenso pudiera ser cuestionado. Sin embargo, las recientes victorias de regímenes populistas o cercanos a esta perspectiva política en cada uno de los cuatro países que integran la Alianza podrían ponerla en riesgo, tal como fue concebida por sus fundadores. Este peligro es más claro en el caso de Perú y México, mientras que los casos de Chile y Colombia aún representan incógnitas. La prudencia aconseja mantener una actitud escéptica frente a los gobiernos de Gustavo Petro y Gabriel Boric, quienes al parecer estarán limitados por la oposición en sus respectivos poderes legislativos.

Por otra parte, es clara la cercanía ideológica entre los gobiernos de Pedro Castillo en Perú y el de Andrés Manuel López Obrador en México y prueba de ello fue la solidaridad mostrada por el mandatario mexicano a su homólogo peruano al cancelar la reunión de presidentes prevista. para este noviembre, porque el Congreso peruano no le dio permiso al Presidente para viajar a México, señal de que las cosas no le van muy bien a Castillo.

En todo caso, la reunión de los cuatro países sí tuvo lugar a nivel ministerial. Destacó la firma de un tratado de libre comercio entre la Alianza y Singapur, que convertirá a ese país, una vez que las partes lo ratifiquen, en el primer Estado Asociado de la Alianza del Pacífico. Otros países que gestionan su ingreso son Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Ecuador, Honduras y Costa Rica.

El acercamiento a Singapur debe recibirse como una gran noticia. La Alianza del Pacífico debe evolucionar hacia la constitución de un mercado abierto para todas las economías de la Cuenca del Pacífico.

Para que este sueño se haga realidad, los cuatro países fundadores deben convertirse en promotores no solo del libre comercio, sino también del orden liberal y democrático. Este es el gran desafío al que se enfrenta hoy la Alianza.

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Metro

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