lun. Abr 13th, 2026

Finalmente, se han cumplido las expectativas del actual gobierno. Se esperaba que pondría en riesgo las finanzas públicas, impediría el crecimiento económico, polarizaría la política y hundiría a México internacionalmente. Todo ha pasado.

Mucha gente, incluido el propio López Obrador, utiliza el tipo de cambio como referencia del mal manejo de las finanzas públicas, por lo que, viendo el dólar a 18 pesos, imagina que no hay problema fiscal. Así era antes de que tuviéramos un tipo de cambio flexible, pero ya no. Ahora bien, el precio del dólar está impulsado por una gran cantidad de factores, y pocos de ellos se gestionan internamente. De estos, el más relevante en los últimos tiempos ha sido la tasa de interés, que la fija el Banco de México y no el gobierno federal.

El ajuste que sufrió nuestra moneda desde finales de 2014 hasta 2016 se debió fundamentalmente a los ataques de Trump y al ciclo de precios de las materias primas. La renegociación del Tratado de Libre Comercio, y luego la candidatura y triunfo de López Obrador, lo mantuvo en 22 pesos por dólar. Ahora, en otro punto del ciclo, con un premio de 6,25 puntos por tener el dinero en pesos, el dólar está barato.

Pero las finanzas públicas no están en buenas condiciones. Ya lo hemos mencionado, los ahorros se han agotado, la deuda ha aumentado y hoy no hay dinero disponible. Desperdiciar activos, comprando otros caros, no ayuda en nada. El Tesoro anunció un déficit de 4,3 por ciento del PBI para este año, y habrá muchos ojos vigilando que la trayectoria sea la correcta. Si no, la ilusión del dólar barato puede desaparecer.

Desde hace cuatro años, México no crece nada. Algunos siguen atribuyéndolo a la pandemia, pero está muy claro que otros países, que sufrieron lo mismo, han recuperado no solo el nivel, sino incluso la tendencia anterior. No es nuestro caso. De vez en cuando nos emocionamos cuando pasan dos buenos meses, como a principios de este año, pero la verdad es que ya hemos perdido ese 2,4 por ciento anual que parecía tan pequeño, para situarnos ahora en cerca del 1,5 por ciento.

Pero si el gobierno de López Obrador ha sido tan malo como se esperaba en materia económica y financiera, en materia política e internacional me parece que ha superado las expectativas. Los catastrofistas imaginaban que López Obrador sería capaz de despreciar a los demás poderes, y hasta de lanzarles multitudes para quebrantarlos. Al principio no lo necesitaba, pero ya lo está haciendo. En el Congreso, la multitud son los mismos legisladores de su partido, que no tienen reparos en arrollar a la oposición como ni siquiera lo hizo el PRI. Frente a la Corte ha llegado al punto de promover un plantón, esta semana, que pone en riesgo la integridad misma de los ministros.

En el ámbito internacional, el colapso de México no tiene paralelo en nuestra historia. No solo caemos en todos los índices y hacemos gran alboroto en todos los eventos, sino que, siguiendo las manías presidenciales, buscamos aliados entre los más despreciables del planeta, mientras picamos lo más posible a nuestro socio más cercano. El exabrupto del fin de semana de López Obrador, casi llamando a la población a las armas, es una absoluta tontería.

Son muchos los que creen que Morena ha ganado el 2024, pero esta columna piensa exactamente lo contrario. Lo cierto es que, en este segundo caso, López Obrador no admitirá su derrota, como es su costumbre. Debido al entorno polarizado, debido a las condiciones económicas, se esperaría una situación muy mala en ese caso. Ahora, tras lo visto en los últimos días, parece que no tendremos que esperar a 2024 para presenciar el caos.

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