sáb. Abr 18th, 2026

La polarización como herramienta para acceder y mantener el poder no es exclusiva de Andrés Manuel López Obrador. Después de la Segunda Guerra Mundial, libros y estudiosos han dedicado volúmenes, artículos y análisis a comprender este fenómeno. Buscando lecciones aprendidas para que la ciudadanía, la comunidad internacional, no permita que resurjan gobiernos populistas con tendencias autoritarias, que haciendo uso de la polarización, con el apoyo de las fuerzas armadas, puedan mantenerse en el poder.

Un tsunami de interés sobre este fenómeno volvió a surgir con la llegada de Donald Trump a la presidencia en 2016, donde con tuits diarios marcó la agenda diaria, utilizando la polarización como plataforma de gobierno. De hecho, un conocido académico estadounidense afirma que Estados Unidos se encamina hacia una guerra civil debido a la evidente polarización en temas políticos, raciales, económicos y religiosos.

En los últimos 50 años este tipo de división ha resultado en gobiernos fallidos, economías destrozadas, pueblos en guerra, violencia, guerra y muerte. Estados Unidos ha promovido su democracia en todo el mundo como objetivos que aseguraban la viabilidad de una nación y el bienestar de su pueblo. Y de hecho, en este momento se debate el futuro de la democracia del vecino, apostando a un proceso electoral donde llegue al poder el candidato que más votantes movilice. Pero la movilización del voto no alcanza ni en Estados Unidos ni en México. La indignación que surge ante la polarización es la gasolina que impulsa el voto.

Lo que suceda en los procesos electorales en los próximos 12 meses, en Estados Unidos y en México, definirá la gobernabilidad en ambos países, gane quien gane. Porque pase lo que pase, un porcentaje significativo de votantes estará enojado, decepcionado y dispuesto a no reconocer al ganador de la contienda.

La pregunta es ¿qué pasos darán los “perdedores”: movilizaciones, violencia, guerra?

Colegas analistas estadounidenses señalaron que no más que una guerra civil, lo que se perfila en el vecino del norte es una polarización por estado y comunidad, donde los residentes empujarían a las personas que perciben como diferentes o que han votado en contra de su candidato, a abandonar su hogar y mudarse a un estado con políticas similares. Es la balcanización de Estados Unidos, esta solución a corto plazo podría evitar un enfrentamiento violento entre ciudadanos estadounidenses.

Pero en el caso de México, la polarización promovida por el presidente López Obrador no solo gira en torno a la división entre fifi-conservadores-ricos-clase media, contra chairos, pobres, liberales y obradoristas. Pero también incluye la destrucción de las instituciones que juegan un papel en la mediación entre las diferentes fuerzas y el establecimiento de las reglas del juego. El otro aspecto de la polarización obradorista, que no está claramente definido pero que podría jugar un papel decisivo, es el papel de las fuerzas armadas: ¿Seguirán defendiendo la constitución, al caudillo oa la persona elegida por el caudillo?

La polarización tiene que ser considerada en el ámbito de la seguridad nacional por varias razones, entre ellas las dificultades para encontrar consensos para resolver problemas, las dificultades para establecer límites y control en la población cuando sea necesario, protegiendo el estado de derecho, las instituciones y los procesos electorales. Promover la polarización dificulta llegar a acuerdos, debilitando el estado de derecho y la economía. Pero lo más preocupante para México y Estados Unidos es la posible ingobernabilidad y violencia que se podría generar.

Reconociendo esta situación, hay pasos que un presidente y los líderes políticos y comunitarios pueden tomar para prevenir o mitigar la violencia. Son breves pero poderosas: 1. Las palabras cuentan y el líder debe ser consciente si sus palabras y acciones promueven la violencia. 2. Iniciar un proceso de acercamiento con la oposición para asegurar la gobernabilidad. 3. Respetar el estado de derecho, 4. Construir alianzas entre todos los actores políticos, particularmente los más beligerantes. 5. Asegurar que el gobierno tenga negociadores capacitados y experimentados.

Pero lo más importante es tener gobernantes que estén dispuestos a considerar que la polarización, aunque poderosa, también destruye legados, comunidades y países. Y en ese sentido, la historia es bastante crítica y cuestiona a los populistas. En general, estos gobiernos terminan cuestionados y desgastados por los votantes y la población en general.

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