
Numerosas empresas en América Latina han surgido gracias al intenso esfuerzo y valentía de sus fundadores, convirtiéndose en patrimonio de sus propietarios y familias. Lamentablemente, una tendencia común en estas firmas es la dificultad para pasar el testigo a la siguiente generación, habiendo descuidado la construcción de una estructura duradera y sostenible en el tiempo.
El coaching ejecutivo ofrece una valiosa herramienta en la transformación hacia una organización institucional y ordenada. Consideremos algunos desafíos a enfrentar.
1.- Centralización de la toma de decisiones por parte del fundador, lo que provoca un bloqueo en la cadena de mando y limita la capacidad de reacción de la empresa ante los desafíos actuales. Asimismo, complica el desarrollo de la dirección y de los posibles sucesores.
2.- Procesos informales en lugar de institucionales. Si bien se ha podido operar de manera desordenada, a medida que avanza la empresa aparecen ineficiencias, errores, fraudes y la imposibilidad de abastecer entidades con mayores exigencias. El principal problema es que sólo el propietario sabe cómo se deben realizar los procedimientos.
3.- El fundador que ha logrado el éxito haciendo todo lo mismo a lo largo de los años puede mostrarse reacio a implementar nuevas prácticas o tecnologías, lo que impide la innovación y el crecimiento. Ésta es una de las razones por las que las generaciones más jóvenes optan por no participar.
4.- Dependencia de personas clave que llevan mucho tiempo en la organización y se niegan a trabajar de forma diferente a como se ha hecho. Además, si el negocio gira en torno a las habilidades o relaciones del propietario, existe un riesgo considerable para la continuidad si algo le sucede.
5.- Deficiencias en el gobierno corporativo que se traducen en falta de transparencia, responsabilidad y capacidad para gestionar riesgos.
6.- Administración financiera informal y sin los controles necesarios, lo que genera problemas de caja, endeudamiento y dificultades para adoptar resoluciones informadas.
7.- Ausencia de planificación estratégica por falta de una visión clara de largo plazo, provocando un crecimiento desorganizado y decisiones reactivas en lugar de proactivas.
8.- Incapacidad para asimilar nuevos mercados y métodos de trabajo. La rigidez les lleva a tener un límite en el tamaño del negocio tanto a nivel geográfico como a nivel de producto.
9.- Dificultades en la gestión del talento por la falta de recursos humanos y políticas de desarrollo profesional.
10.- Ausencia de diversificación de clientes y productos, lo que conlleva un enorme riesgo por la dependencia que ello supone.
Para superar estos desafíos, es crucial que las empresas en expansión busquen implementar estructuras, procesos y marcos de gobernanza más formales, y estén dispuestas a adaptarse y evolucionar con el tiempo. Además, es beneficioso para el fundador contar con un equipo de liderazgo diverso y competente que pueda aportar nuevas perspectivas y habilidades a la organización.
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