
En el año que comienza habrá importantes definiciones políticas y económicas tanto en el mundo como en nuestro país, ya que en diferentes naciones se mantiene el actual modelo de mayor libertad económica que comenzó con la caída del Muro de Berlín en 1989.
Hay que recordar que al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo estaba dividido en dos grandes bloques. Por un lado, había naciones que seguían el sistema de mercado como asignador de recursos, donde los precios determinaban qué se producía, cómo se producía, quién y cómo se consumían los diferentes satisfactores. Por otro lado estaban los que seguían un sistema de planificación central, donde el gobierno definía con base en sus modelos qué se debía producir y cómo se debía producir, con qué recursos y la sociedad debía cumplir con las disposiciones de las autoridades. En el primer caso hay un mayor grado de libertad para las personas que en el segundo y estaban los países de Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá, además de Australia y otros. Del otro estaban los países de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, encabezada por Rusia, además de Cuba, Corea del Norte y otros. Después de medio siglo, se confirmó que el sistema de mercado es un mejor asignador de recursos, ya que permite mayores niveles de riqueza y bienestar para la población.
Como resultado, se generalizó un proceso de mayor libertad en los mercados y creciente globalización de las economías, logrando así importantes avances en la producción y los ingresos de las personas. En las últimas décadas se ha producido una caída drástica de la pobreza extrema en el mundo, como nunca antes en la historia de la humanidad. De tener más del 50 por ciento de la población mundial viviendo en pobreza extrema, se redujo a menos del 20 por ciento del total.
Sin embargo, la aparición del Covid provocó un importante aumento del gasto público en la gran mayoría de países y consecuentemente de la inflación. Para lograr el control, las distintas autoridades monetarias han seguido políticas restrictivas que suponen menor liquidez en los mercados y mayores tipos de interés, provocando problemas financieros a gobiernos y empresas, así como a los consumidores.
Hoy volvemos a cuestionarnos cuál debe ser la participación de los gobiernos en las economías, cuál debe ser su grado de intervención y cómo debe ser la regulación de la actividad económica. Por otro lado, el aumento del gasto público se ha reflejado en inflación y fuerte malestar entre los distintos votantes. Este año será necesario decidir si continuar la lucha contra la inflación mediante altas tasas de interés y menores gastos públicos o si permitir que se mantenga en niveles más altos.
Este año, la mitad de la población mundial tendrá elecciones para sus gobiernos y congresos, lo que hará más difícil tomar la decisión de continuar la lucha contra la inflación. Especialmente relevantes serán las elecciones presidenciales en Estados Unidos y México. En el primer caso, porque es posible que vuelva a ganar Trump, quien en su primer mandato como presidente mostró su rechazo a la globalización y al comercio, ya que considera que perjudica a las empresas norteamericanas. Esto tendría un alto costo para México.
En el caso de nuestro país, el actual gobierno ha mostrado su rechazo al funcionamiento del mercado, está a favor de una mayor participación gubernamental en diferentes actividades económicas y ha debilitado diferentes organismos reguladores que permiten la competencia. Esta política reduce el potencial de crecimiento de la economía nacional. La elección del próximo presidente definirá si esta estrategia continúa o se revierte.
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