
Analista. profesor UNAM. Magíster en Historia de México de los siglos XIX y XX.
Las interrupciones en los flujos comerciales ocurridas durante la pandemia y, sobre todo, los severos conflictos geopolíticos entre EE.UU. y China, están obligando a empresas y gobiernos –particularmente al de nuestro vecino– a rediseñar las cadenas de suministro de insumos; En México ya se están celebrando los beneficios potenciales de este reordenamiento.
El tema se ha puesto de moda bajo el término deslocalizaciónque consiste en que las empresas retiren de Asia sus fuentes de suministro de insumos al menos críticos, para reinstalarlos en países aliados y cercanos.
Esto no estaría ocurriendo si no fuera por el temor a la fragmentación de la economía global, uno de cuyos ejes es China, y que se genera por las tensiones geopolíticas provocadas por la rivalidad entre el país asiático y Estados Unidos por la EEUU intenta frenar el ascenso chino, que ya no representa una competencia económica, financiera y geopolítica regional, sino a nivel planetario.
A pesar de las múltiples medidas restrictivas al comercio entre ambos países, los intercambios mercantiles globales de bienes y servicios no han variado hasta el momento (se mantienen en niveles de 40 millones de dólares anuales), aunque es previsible que el enfrentamiento chino-estadounidense continúe y podría profundizar, lo que justifica el temor al riesgo de afectar la interconexión económica que se estableció hace más de treinta años, cuando se pensaba que la globalización había llegado para quedarse.
La fragmentación de la globalización reconfigurará bloques económicos y regiones, como lo hizo el T-MEC entre México, Estados Unidos y Canadá; Las tres economías “representan casi un tercio del PIB mundial, un peso económico un 50 por ciento superior al de China, casi un 60 por ciento superior al de toda la Unión Europea”, según escriben en la revista Antonio Ortiz-Mena y Diego Marroquín. Este país (https://estepais.com/tendencias_y_opiniones/mexico-en-el-mundo/relocalizacion-cadenas-suministro/)
Estamos en la región más rica del planeta, como los socios más pobres y desorganizados para aprovechar esa posición a favor de un desarrollo propio y socialmente equilibrado; Se cumplirán treinta años desde la firma del TLC, durante los cuales empresas y gobiernos mexicanos se contentaron con hacer de las exportaciones –y no del mercado interno– el principal motor del crecimiento económico.
Las empresas y los gobiernos se conformaron con atraer a las maquiladoras ofreciéndoles la disciplina de una mano de obra barata y capacitada, así como créditos fiscales y flexibilidad en las regulaciones ambientales; también se mostraron satisfechos con alcanzar un bajo nivel de integración de las cadenas internas de valor.
Finalmente, se conformaron con seguir el patrón y la dinámica externa en ausencia de una política industrial que mirara hacia el interior de la sociedad, la economía y el territorio nacional.
El crecimiento de las exportaciones se concentró en las regiones y entidades del centro y norte del país donde ya existía infraestructura vial, de transporte, energética, universitaria y de otro tipo, pues tampoco existía un proyecto económico, político y social que contemplara extender el impulso externo. crecer. a estados como Chiapas, Campeche, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz o Yucatán.
En verdad fueron muy malas empresas y gobiernos, supuestamente convencidos de que los mercados harían que las cosas sucedieran, cuando la realidad es que hay que hacer que sucedan como consecuencia de propósitos y compromisos; A ver si en esta nueva oportunidad establecen responsabilidades con la perspectiva de trascender las dinámicas externas de crecimiento, para seguir un proyecto de desarrollo equilibrado con bases internas.
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