vie. Abr 24th, 2026

Mientras pasa el tiempo y la oposición no define candidato, sin contar con algún personaje político o ciudadano que destaque como alternativa, la verdadera competencia electoral por la Presidencia de la República en 2024 se juega dentro de Morena en este año en curso. Quien gana dentro, ganará fuera, parecen insistir las distintas encuestas. Estaríamos ante una final anticipada, dirían los cronistas deportivos.

Las cosas ciertamente pueden cambiar, pero también podrían permanecer igual. Por eso es importante darle seguimiento a una competencia de la que puede salir el próximo presidente de México. El punto central es imaginar qué está pasando por la cabeza del presidente López Obrador, cuál es su gran dilema, porque más allá de lo que dirán las próximas encuestas de Morena, será él quien defina el nombre de su sucesor o sucesora. El reciente llamado a la unidad que hizo en Palacio Nacional confirma su principal preocupación: una posible fractura de su partido si elige mal al candidato, lo que incluso pondría en riesgo la victoria de Morena en 2024 y la viabilidad del proyecto que tiene. luchado en las últimas décadas.

La decisión no parece fácil. Más bien, es extremadamente complejo. Es el dilema al que se han enfrentado personajes reales o ficticios a lo largo de la historia. Cualquier líder que aspire a hacer perdurable su proyecto político o legado de poder se encuentra ante un dilema existencial. En el caso de AMLO es: ¿quién garantiza la consolidación de la transformación política, social y económica que hemos iniciado? Esto va más allá de las cuotas de poder, partido o género, y más allá de la simpatía. Hay un neto cálculo político personal: ¿quién podrá consolidar la Cuarta Transformación?

Parece que López Obrador tendría dos decisiones relativamente sencillas en Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum. Por su cercanía y la confianza demostrada a lo largo de los años, estas dos opciones asegurarían la fidelidad que necesita la continuidad de su proyecto, especialmente en sus bases ideológicas y puntos innegociables.

Sin embargo, la decisión más difícil y que definirá la sucesión en Morena es decirle no a Marcelo Ebrard, sin duda el perfil más preparado para gobernar entre todos los precandidatos. Rechazar lo mejor elevaría el costo político de la decisión del presidente por al menos dos grandes razones.

La primera, y quizás la más obvia, es que la determinación puede generar una fractura dentro del movimiento si Ebrard no acepta el resultado y decide competir por otra opción política, lo que pondría en riesgo el propio triunfo de Morena. Segundo, y esto es fundamental, porque el canciller es el único que podría romper la barrera de los 30 millones de votos que obtuvo AMLO en 2018, al atraer un voto más proclive a la oposición, como el de las clases medias urbanas que apoyaron a AMLO. en 2018 pero que le han ido retirando su apoyo al presidente. Ambos factores representan riesgos reales de perder las elecciones de 2024 por una previsible fuga de votos o por el impedimento de atraer un sufragio más diverso y numeroso que asegure la victoria.

Un elemento de análisis que debe estar presente en la cabeza del Presidente durante sus largas noches en Palacio es que Ebrard no solo suma votos, sino también capacidad de ejecución y prestigio internacional, dos características que debe tener el próximo presidente para consolidar la 4T. El titular del Ejecutivo debe estar considerando algo de lo que se habla poco pero que es real: la cercanía del canciller con el político tabasqueño. Ebrard ha sido pieza fundamental en la construcción del proyecto AMLO durante más de veinte años. En las buenas, pero sobre todo en las malas, el canciller ha estado ahí y, de los tres candidatos, es el único que ha sido un sucesor probado de López Obrador, cuando era Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Es un hecho comprobado que Marcelo puede continuar con la visión de gobierno de López Obrador e implantar con éxito sus propias políticas progresistas, tal como lo hizo en la capital del país entre 2006 y 2012.

Sin duda, el costo político de decirle no a Ebrard sería altísimo para AMLO y su movimiento. Como buen estratega electoral que es, el Presidente debe estar evaluando muy bien este escenario. Seguramente en la soledad de Palacio, con los espacios de reflexión que otorga el poder e inmerso en la majestuosidad del Palacio Nacional y el peso histórico de sus muros, López Obrador estará considerando quién será su sucesor o sucesora. La decisión aún no está tomada.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *