
Para la decisión monetaria que anunciará mañana, el Banco de México (Banxico) enfrenta al menos dos realidades incómodas.
Por un lado, en mayo de 2023, la inflación subyacente anual, que excluye los componentes más volátiles del INPC y, por tanto, indica la tendencia de crecimiento de los precios en el mediano plazo, fue de 7,4 por ciento, solo 1,1 puntos porcentuales menos. que su máximo reciente, que se produjo seis meses antes.
Por otro lado, los indicadores sobre la inflación esperada del público sugieren una falta de credibilidad de la política monetaria. Las expectativas de inflación mediana para 2023 y 2024, contenidas en la encuesta a especialistas que elabora Banxico, superan las proyecciones de este instituto central. En particular, los analistas esperan que la inflación a fines de 2024, lejos de converger a la meta como lo estipulan los pronósticos oficiales, se ubique por encima del intervalo de variabilidad alrededor de la meta.
Peor aún, según el Informe Trimestral (IT) de Banxico publicado a fines de mayo pasado, las expectativas de inflación promedio a mediano y largo plazo, calculadas por este instituto central con base en instrumentos de mercado, han aumentado desde 2021 y no han disminuido.
Si bien mantener una postura restrictiva llevaría tarde o temprano la inflación a la meta, es necesario llevar a cabo una política de este tipo. La limitada reducción de la inflación subyacente y, sobre todo, las altas expectativas de inflación parecen cuestionar la disposición a esta perseverancia. El escepticismo podría ser causado por la falta de claridad en la comunicación de Banxico.
En los últimos años, este banco central ha transmitido sus mensajes institucionales casi exclusivamente a través de sus publicaciones. Al abarcar otros temas, estos documentos suelen quedarse cortos a la hora de desplegar, con suficiente contundencia, las intenciones de la Junta de Gobierno (JG) en cuanto a su compromiso con la estabilidad de precios.
Por ejemplo, en el Anuncio de Política Monetaria de mayo pasado, la Junta Directiva señaló su intención de “mantener la tasa de referencia en su nivel actual por un período prolongado”, pero ni allí ni en el TIC posterior reveló cuál sería sí, pues este último señala que la inflación subyacente mostrará una mayor persistencia, lo que “implicaría un escenario aún más adverso para la inflación de lo previsto”.
La claridad del mensaje institucional no mejora mucho con las actas. En éstas predominan los desacuerdos en aspectos fundamentales, como cuestionar la existencia de presiones inflacionarias internas, a pesar de la aceleración de la inflación subyacente en los servicios, y considerar “aventurero” plantear una posición restrictiva para todo el horizonte de la política monetaria, aunque, según Según las previsiones oficiales, es hacia el final de este período cuando se lograría la convergencia inflacionaria al objetivo.
Lo que ha faltado es la presencia predominante del gobernador, quien, según la Ley, es el vocero de la Institución. Sus intervenciones personales se han limitado a algunos foros, como comparecencias ante el Senado de la República, y no necesariamente se han centrado en la política monetaria.
En cambio, un miembro de la JG ha tomado la iniciativa, participando intensamente en diversas audiencias y medios, lo que ha sido indebidamente confundido con la posición oficial. A pesar de que deberían ser a título personal, con frecuencia sus declaraciones han buscado interpretar e incluso anticipar las decisiones de este órgano colegiado.
Por ejemplo, recientemente ha señalado que la intención de mantener el tipo de interés de referencia actual en el 11,25 por ciento significa que se aplicará, al menos, en las próximas tres decisiones, por lo que podría iniciar el ciclo de recortes en noviembre de 2023. Estas interpretaciones Contrasta con las posiciones de otros miembros de la JG que, según consta en el acta, consideraron prematuro e incluso incompatible con la convergencia hablar de recortes.
El vacío de la comunicación institucional no se llena invitando a igualar el activismo en los medios de los integrantes de la JG. La cacofonía no es la solución. Independientemente del derecho que cada cual tiene a expresar sus opiniones personales, el actor central debe ser el vocero de Banxico.
En particular, le correspondería al gobernador ofrecer una conferencia de prensa, luego de las decisiones de política monetaria, para aclarar la visión compartida de la Junta. Ante la aparente falta de credibilidad de la política monetaria, entre otros aspectos, debería aclarar si, de hecho, Banxico está dispuesto a hacer “lo que sea necesario” para asegurar la convergencia permanente de la inflación a la meta.
Ex Vicegobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006)
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