sáb. Abr 25th, 2026

“Tened cuidado, santos varones, porque el Cristo está apolillado”.

Aquí tienes un viejo dicho mexicano que aconseja prudencia, moderación, precaución. Del mismo modo, diferencias aparte, mis cuatro lectores deben tener cuidado al llegar al chiste final de esta columna, ya que pertenece al tipo que, dicen los franceses, cada uno debe leer a ses risques et périls, es decir, en lo suyo y el riesgo, ya que presenta aspectos delicados en estos tiempos de corrección política a veces tan impolítica y tan incorrecta.

Con esa conveniente advertencia, paso a narrar otras historias que sirven de antesala a la lectura del final. El gendarme que custodiaba Lite Park detuvo a una pareja y los llevó a la comisaría. El oficial de guardia le preguntó por qué había detenido al hombre y a la mujer. El jenízaro respondió: “Los pillé teniendo sexo en forma de juicio con jurado”. “¿Como es eso?” -El oficial quedó desconcertado. El policía explicó: “Lo hacían de forma oral y pública”. En el Bar Ahúnda un hombrecito logró escuchar lo que decía un tipo en la barra. Tal afirmación era contraria a sus principios y fue a corregirla. El hombre se puso de pie. Medía 2 metros y debía pesar 10 arrobas, cada una equivalente a 11 kilos y medio. El individuo retó al hombrecito: “¿Tienes ganas de pelear?”. El tipo bajito respondió: “Si los tuviera, ya me habría ido a casa con mi esposa”.

Un paleógrafo es un experto en escritura antigua, capaz de descifrar los documentos más antiguos. Bueno: los paleógrafos del Vaticano están consternados. Utilizando técnicas modernas, acaban de descubrir un grave error en la transcripción de un determinado escrito de los primeros tiempos del cristianismo.

La versión que ha prevalecido hasta ahora dice: “En materia de mujeres, buscad la castidad”. Lo que realmente aconsejaba aquel texto era esto: “En materia de mujeres, busca la cantidad”. Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, contó en la cena de matrimonios una película que había visto, cuyo tema era un episodio de la Segunda Guerra: “Entonces”, dijo, “el submarino disparó un tor. Perdón. “No completé la palabra. Odio las vulgaridades”. Don Gerontino, viudo octogenario, tuvo ocho hijos.

Un día salió con la extraña noticia de que se iba a casar nuevamente. “¿Con quien?” -le preguntó el mayor, tan asombrado como sus demás hermanos. Declaró el valiente proyecto:

“Con la Pompona”. La Pompona era una mujer que rondaba los 40 años, de cabello oscuro, ojos oscuros, labios sensuales y un cuerpo estilo Rubens, es decir, abundante en carne, sobre todo en la región que cuando se sentaba le servía de mullido asiento. Días después del matrimonio, un amigo de Don Gerontino preguntó a uno de los ocho hijos cómo había ido el matrimonio de su padre.

“Se lo diré”, respondió el hijo. Fueron necesarios cuatro para acostarlo la noche de bodas, y ocho para sacarlo de la cama al día siguiente… Luego viene la historia que se anunció al principio, que conviene leer con atención y criterios amplios. Un joven estaba cenando en un restaurante con su novia. Observó, molesto, que un individuo la miraba fijamente desde la mesa de al lado. Fue a quejarse con él.

“¿Por qué miras así a mi prometida?” -le preguntó enojada. El interrogado respondió: “Porque me parecía familiar. Después de un rato recordé quién es ella. Y quiero que sepa que convertí a su novia en mujer”. La otra dijo: “No me importa que en su vida haya habido otro hombre, o varios de los suyos. La amo y mañana la haré mi esposa”.

“Me entendiste mal, amigo”, aclaró el chico. De hecho, convertí a su novia en mujer. “Soy cirujano plástico”.

FIN

 

Licenciado en Derecho y Lengua y Literatura Españolas/periodista de Saltillo.

Leer la nota Completa

El Imparcial

By El Imparcial

EL IMPARCIAL, ahora en su versión en web online, es el periódico líder al Noroeste de México y en Sonora, con una cobertura informativa oportuna y veraz en materia de noticias de actualidad y relevantes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *