vie. Ago 21st, 2026

Acaba de cumplirse el 50 aniversario de la célebre Encíclica de Juan XXIII Ritmo en Terris, publicado el Jueves Santo, 11 de abril de 1963. El Papa acababa de recibir el 1er. Marzo de ese año el Premio de la Paz de la Fundación Internacional Balzan. El pontífice recibió esta medalla en reconocimiento al trabajo constante de la iglesia a favor de la paz y la unidad de los pueblos. Esta fue la primera encíclica en documentos modernos dedicada a las personas de buena voluntad.

La neutralidad tradicional del Vaticano no lo convierte en un espectador pasivo de los acontecimientos de la historia. Su labor no es solo disuadir a los gobiernos del uso de las armas, sino que busca contribuir a la formación de hombres y mujeres para luchar por la paz: Moorhead Kennedy, Robert Aldridge, Malham Wakin, entre otros.

El premio Balzan fue otorgado por unanimidad, incluso con la aprobación de los miembros soviéticos de la fundación. La misión de Juan XXIII como nuncio apostólico en varias partes del mundo lo capacitó especialmente para este ideal de pacificación y unidad.

La labor antibélica en favor de la paz ha sido una constante de los pontífices romanos durante los siglos XIX, XX y XXI. Es oportuno recordar en este punto las obras de Georges Goyau, La iglesia y la guerrael libro de Yves La Briere, La iglesia y la pazy la obra del jesuita Joseph Joblin La iglesia y la guerraentre otros.

Los documentos del magisterio de la Iglesia sobre la paz datan al menos de la época de la Revolución Francesa. Pío IX condenó el “nacionalismo desmedido” como inmoral, un tema muy actual. León XIII escribió la famosa Encíclica rerum novarum y pasó a la historia por el arbitraje entre España y la Alemania de Otto von Bismarck sobre las Islas Carolinas. Pío X denunció la proliferación de armas y animó a las organizaciones a favor de la paz, como la Academia Internacional de la Paz fundada por Carnegie. Benedicto XV hizo heroicos esfuerzos para evitar las masacres de 1917 y publicó en mayo de 1920 la Encíclica Pacem Dei Munusque favoreció la creación de la Sociedad de Naciones e instó al desarme general.

Dado lo anterior, parecería que la Encíclica Ritmo en Terris, ya no aportaría nada nuevo sobre el tema, pero su enseñanza es más completa, profunda y estructurada. Se abordan las relaciones de los individuos entre sí en la vida social, las relaciones de los ciudadanos con la autoridad pública, las relaciones entre las diversas comunidades políticas y las de éstas con la comunidad mundial.

El Encíclica No se ocupa únicamente del desarme y las relaciones internacionales, sino que establece, como una amplia gama, muchos aspectos de la justicia social relacionados con la paz. Así, por ejemplo, en materia de derechos humanos, el derecho a la existencia y a un nivel de vida digno (PT 11), los derechos relacionados con los valores morales y culturales (PT 12 y 13), el derecho a la libertad de elección en un estado de vida (PT 15-17), derechos relacionados con el mundo económico (PT 18-22), derechos de reunión y asociación (PT 13-24), derechos a la emigración e inmigración (PT 25), derechos de los ciudadanos orden (PT 26 y 27).

En relación con la justicia social, la cuestión del salario, la seguridad jurídica de la persona, la vida en sociedad, la suerte de las minorías, la regulación de los conflictos internacionales, la promoción económica y social de los trabajadores y, en especial, de la mujer y los derechos de los persona humana.

Finalmente, en relación con el bien común, cuestiones como la competencia de los individuos de los organismos intermedios, la razón de ser de los poderes públicos, el reconocimiento del orden moral, las particularidades étnicas de los grupos humanos, la jerarquía de valores y el orden jurídico en armonía con el orden moral.

Uno de los anhelos más profundos del ser humano y de todos los pueblos, a lo largo de la historia, es la paz. La paz se anhela no sólo como la ausencia de guerra, sino como una situación en la que se goce de la armonía, el orden, la tranquilidad y el imperio de las justas leyes, aspectos de los que carece nuestro país. Sin embargo, en México, Alfonso García Robles, ex alumno de un renombrado colegio jesuita (Instituto de Ciencias de Guadalajara), recibió el Premio Nobel de la Paz en 1982.

La paz auténtica supone varias condiciones, pero un requisito ineludible es la existencia de un clima de justicia y especialmente de justicia social. Es un tema perenne. En nuestro país se deben seguir impulsando estos nobles esfuerzos en favor de la paz, como el que hoy se requiere en Ucrania.

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