sáb. Abr 4th, 2026

Este día inicia en la Secretaría de Gobernación la eutanasia de la agencia Notimex, que difícilmente llegará en agosto a su 55 cumpleaños. Es muy triste cuando muere un medio de comunicación, pero en este caso el pesar es mayor por las circunstancias de su extinción, la notoria desinformación del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre el organismo y su falta de visión de Estado, y la terrible error de haber designado como directora a una protegida de su familia, Sanjuana Martínez, una periodista que como administradora era una troglodita autoritaria, incapaz de resolver una huelga de tres años.

Pero más grave que sufrir por el incompetente Martínez al frente de Notimex, es la forma en que López Obrador percibe a la agencia. El viernes dijo que era un instrumento de propaganda, que ya no hacía falta porque tenía la mañana. Reconoció con franqueza que lo que realmente tiene en lo que llama “un diálogo de comunicación circular” es una herramienta de propaganda. La mañana es su espacio de gobierno cuyo componente central, disfrazado de rueda de prensa, sirve para disparar obuses a todos los que lo critican o discrepan, amenazar y enviar a la plaza pública para ser linchados.

Notimex fue creada en 1968 como una sociedad anónima con participación mayoritaria del gobierno, para brindar información organizada y centralizada sobre las Olimpiadas, que comenzaron el 12 de octubre de ese año. La información era oficialista, pero a la vez, desde el principio llenó los enormes vacíos de información que había. Casi desde sus inicios produjo contenidos para la televisión mexicana y para diarios, cuando no había noticieros o no tenían posibilidades de generarlos. Años más tarde difundió programas de radio y más tarde fotografía.

Durante casi dos décadas duró el foco oficial en la información, hasta que cuando Carlos Salinas ganó las elecciones presidenciales, en un proceso lleno de opacidad y sospechas de fraude, su equipo se vio en la necesidad de legitimarse. La información era unidireccional. Su vocero Otto Granados invitó a varios profesionales a dirigir los medios públicos. Pensó en mí para Notimex, aunque sabía que yo había votado por Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones de 1988. Para aceptar el cargo planteé como condición escenarios de cobertura, hasta entonces impensables en Notimex, y por experiencia, en los medios. privado. No habría censura, aseguró. Cumplieron plenamente y aceptaron información negativa para el gobierno, algunas incluso que periódicos influyentes habían optado por no publicar.

Por primera vez se transmitieron acciones y declaraciones de Cuauhtémoc Cárdenas y se cubrió la izquierda. Dejaron de consultar información sensible y trabajaron bajo criterio periodístico, lo que nos permitió tener noticias exclusivas como la detención de Joaquín Hernández Galicia, la Quina. Habían prometido recursos para una expansión, y se los concedieron: se crearon cinco agencias de noticias para fortalecer la integración regional y hubo una expansión internacional con corresponsales, como en Estados Unidos, que pasó de dos a 35 en un año, y en América Central, de influencia mexicana, que se abarcó en su totalidad.

En 1989 se planteó transitar hacia una agencia del Estado y se dieron los primeros pasos, aunque no se completó hasta 2006, en gran parte porque los presidentes Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox tenían una visión de Estado de Notimex, y se seguía apoyando presupuestariamente a esa todos los directores que me sucedieron continúan ampliando cobertura y calidad periodística. Muchos de sus periodistas obtuvieron trabajos en medios internacionales; otros avanzaron a puestos ejecutivos en medios mexicanos. Lo que se estaba haciendo no era propaganda, era periodismo. Hasta que llegó la señora Martínez, era de conocimiento común que al ser una agencia con recursos públicos, por definición tenía que ser plural y abierta.

Notimex era una agencia de noticias, cuya función era registrar todo lo que sucedía que fuera de interés público, lo cual informaba de manera justa y equilibrada. Llenó los vacíos informativos que dejaban los medios privados, ausentes en mercados que no daban audiencias suficientes para lograr buenos resultados. calificaciones o la circulación, y por tanto, la publicidad, sin entrar en la importancia estratégica que tendría hoy ante tantas mentiras y desinformación en las redes sociales. De eso se trata una agencia del Estado, y de apego al derecho a la información ya ser informado.

Notimex contaba con un sindicato combativo, profesional y responsable. Quienes los tratamos reconocemos su calidad y compromiso con sus sindicalistas, sin ser aventureros temerarios que pusieron en peligro su fuente de trabajo, pero sin líderes charros ni cómplices que traicionaron a los trabajadores. Por la experiencia de muchos de nosotros, es inconcebible que Martínez haya sido incapaz de resolver un conflicto con el sindicato al que acusa de corrupción, y evitar que la empresa se pudra. Eran sus limitaciones prácticas y conceptuales, expuestas en una entrevista en Los Periodistas, con Álvaro Delgado y Alejandro Páez, donde señaló, entre otras cosas, que cerrar Notimex “fue la decisión más adecuada”.

La funeraria de Notimex quiso lavarse la cara diciendo que ella había sido botín “durante décadas”, cuyos actos de corrupción eran públicos y notorios, lo cual es una falacia para justificar su torpeza. “Era una agencia secuestrada por una mafia que ya no era un sindicato… saqueada, vilipendiada”, justificó. “La mayoría no eran periodistas. Había una lista de 60 aviadores. Pasaban seis meses y veíamos personas y preguntábamos quiénes son”. ¿Por qué no hizo nada en medio año para detener esa irregularidad?

Precisó que hay más de 150 denuncias por presunta corrupción. Incluso si fuera cierto, ¿no podría quitar las frutas podridas y hacer un trabajo profesional? Lo que hizo, como escribió Alejandra Escobar en Etcétera al año de su gestión, fue “un viaje… plagado de anomalías: trabajadores despedidos injustamente, un paro desconocido por la junta directiva que, por tanto, viola los derechos laborales y un sinfín de pifias y inexactitudes en la información proporcionada por la agencia…”.

Ni gestionar ni hacer periodismo pudo hacer Martínez. Pero duerme tranquilo. La Presidenta la apoya porque al final, en su visión y acción, son una para la otra.

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