jue. Abr 23rd, 2026

A estas alturas todos conocen la terrible tragedia que sufrieron 68 migrantes a manos del Estado mexicano en una estación del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez, Chihuahua, de los cuales al menos 40 han fallecido a causa de las quemaduras que sufrieron. debido al incendio que se desató dentro de las áreas de detención donde se encontraban. Sé que mucha gente estará pensando en cómo minimizar los efectos de esta noticia, incluso el propio Presidente de la República ha tratado de archivarla, con un sinfín de declaraciones y actitudes, todas ellas lamentables, seguidas por las de sus subordinados. .

Habrá quienes busquen eximir de responsabilidad al Estado en esta lamentable tragedia, argumentando que los autores materiales de los hechos fueron empleados de seguridad privada que prestaban servicios en dichas instalaciones, sin embargo, es incuestionable que estas 68 personas se encontraban recluidas en el INM. instalaciones, por lo que, independientemente de quién o quiénes sean los responsables materiales de dejar a este grupo de migrantes encerrados a su suerte, es claro que la responsabilidad directa es del Gobierno Federal.

Habrá también otros que pretendan señalar que todas estas personas fueron internadas ilegalmente en el país, culpándolas de sus circunstancias e incluso justificando que esa misma condición ha traído como consecuencia estas terribles consecuencias, queriendo restar importancia a las omisiones e incompetencias de las autoridades. Las autoridades, sin embargo, olvidamos que estamos hablando de personas, que por determinadas razones económicas, políticas, sociales y culturales, todas ellas complejas, se ven obligadas a abandonar su lugar de origen, con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. (Es la misma historia que viven muchos de nuestros compatriotas, que nos debe mover a la solidaridad o por lo menos, al entendimiento).

Olvidamos también que no son delincuentes, el hecho de que ingresen sin cumplir con los requisitos formales que impone la norma no los convierte en delincuentes, ya que a la luz de la propia Ley de Migración solo han cometido una infracción administrativa, no penal. , además de que, por su condición y circunstancias, deben ser acogidos y protegidos por las autoridades migratorias, las cuales deben garantizarles los derechos que nuestra propia Constitución reconoce a toda persona, así como los tratados internacionales que los prevén. protección por su condición personal.

Así, de manera eminentemente ilustrativa, como se dice coloquialmente, a pura vista de pájaro, los migrantes tienen derecho a la seguridad jurídica y al debido proceso; a la asistencia consular; a la no discriminación; a la no criminalización; solicitar asilo; a un intérprete o traductor; al reconocimiento de la condición de refugiado; a la protección de la unidad familiar y pues, en este caso específico, habría que destacar los derechos a la dignidad humana; a un alojamiento digno; no ser incomunicado y no ser detenido en las inmediaciones o dentro de los albergues.

Pero una vez más, la responsabilidad de nuestras autoridades es ineludible, lo que impacta en varios niveles y ámbitos de competencia, desde la decisión de adoptar una política de muro de contención del flujo migratorio hacia Estados Unidos, hasta la ambigüedad con la que el Estado mexicano ha conducido en la recepción de los distintos grupos de migrantes, a quienes originalmente se les prometió visas temporales y oportunidades de trabajo en el territorio nacional y, con los años, se han ido aplicando medidas migratorias cada vez más restrictivas, para poner fin a la política de detenciones y deportaciones instaurada y que eran previsibles desde hace mucho tiempo, por los términos en que se acordó entre el presidente de México y el de nuestro vecino del Norte y la falta de infraestructura adecuada para atender el creciente volumen de migrantes.

Es particularmente triste cómo trató de manejar todo esto el titular de la Secretaría de Gobernación, quien en lugar de enfrentar la responsabilidad administrativa que tiene, ya que tiene orgánica y competentemente a su cargo la Subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración y el INM, entidades públicas encargadas de la política migratoria del país y su ejecución, pretendieron trasladarlo a la Secretaría de Relaciones Exteriores, argumentando que así había sido pactado con el titular de ambos, el Presidente de la República.

Quisiera decir que este tipo de despropósitos administrativos, políticos y profesionales pocas veces se ven, ya que el titular de Gobernación tendría que saber que no es administrativo, ni legalmente posible renunciar a su ámbito de competencia legalmente atribuido, no aun por acuerdo con el titular del Ejecutivo Federal, en todo caso habría debido modificarse la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal; la Ley de Migración y los reglamentos internos de ambos organismos, entre otras disposiciones. Por otro lado, es una falta total de profesionalismo, atribuirle a su jefe inmediato su falta de aptitud para cumplir con sus obligaciones directas, como lo indicó este funcionario al argumentar que el traspaso de estas facultades al Secretario había sido una cuestión de acuerdo. con el presidente de Relaciones Exteriores y, por último, pero no menos importante, el simple hecho de culpar a tu jefe de tal circunstancia también me parece una falta de lealtad hacia él, especialmente por ser quien es.

Finalmente, habría que sorprender, aunque quizás lo más triste es que ya nada sorprende, que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) no haya tomado un papel más destacado en toda esta tragedia, que no se haya anunciado oficialmente una investigación en este al respecto estos hechos han sido condenados, a pesar de que en marzo de 2021 visitó varios albergues en esa misma ciudad junto a representantes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y se declaró abierto a trabajar interinstitucionalmente para garantizar el respeto y la protección de los derechos humanos de las personas en movilidad internacional.

De lo anterior, sólo diré que extrañamos tener una CNDH autónoma, que lejos de ser capturada por el poder político, pueda conocer e investigar, incluso de oficio, las violaciones a los derechos humanos perpetradas por autoridades federales.

En definitiva, este tipo de circunstancias, es decir, el establecimiento de una política de movilidad internacional irrazonable en función de nuestras infraestructuras y posibilidades de acogida; la toma de instituciones que deben ser autónomas y servir de contrapeso a la actuación del poder ejecutor del orden jurídico y, la inobservancia o, en el mejor de los casos, el desconocimiento de la arquitectura institucional y del ámbito de competencia de los Organismos Públicos nos hablan del debilitamiento de nuestro Estado de Derecho y, en la consecuente protección de los derechos humanos de las personas, tanto nacionales como extranjeras que ingresan a nuestro territorio, provocando cada vez con más frecuencia tragedias como las que hoy en día estos 68 viven personas que debieron ser acompañadas y acogidas por nuestras autoridades.

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