mié. Ago 19th, 2026

Doña Panoplia, dama de buena sociedad, le preguntó a Pepito: “Dime, niño: ¿tu perro tiene un árbol genealógico?” “No, señora”, respondió el niño. “Mi perro en cualquier árbol”. Nunca he tenido miedo de que me llamen cursi, especialmente ahora que la palabra ya no se usa. Una de las mayores ventajas de su mayor edad es que con ella se pierden muchos miedos, incluido uno de los más ridículos: El miedo al qué dirán. “Que digan misa”, piensas mientras dices y haces lo que quieres. Después de todo, las palabras no sangran ni magullan. Por eso digo sin tapujos: creo que hemos venido a este mundo a amar. Un hermoso y armonioso juego derivado del misterio que llamamos Dios: El amor nace de la vida, y la vida del amor. Quien no juega ese juego no vive plenamente. Más que todos los ritos de las religiones, me edifican los documentales de Animal Planet o National Geographic, donde se muestran los esfuerzos y sacrificios de los animales para cuidar a sus crías, o de las aves a sus polluelos. Al fin y al cabo -“al final del día”, como dice la frase ahora de moda- nuestra misión es la misma que la de todas las criaturas con las que compartimos el planeta: perpetuar la vida. Sin embargo, te advierto que me estoy desviando. Así han ido mis años: Primero para vagar y ahora para vagar. Lo que voy a hacer es decir que amo los árboles. Considero a cada uno un ángel guardián de la Tierra. El hombre vive porque vive el árbol. Por eso los he plantado por millares; Por eso la triste suerte del sabino o ahuehuete que languidece en la rotonda que antes se llamaba La Palma, porque en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México había una, rotonda en la que por un nacionalismo tosco y vulgar , Ahora se colocó un árbol que requiere de la proximidad del agua para vivir. Carajo, ni los árboles están a salvo de la demagogia oficial. Tonito se casó, y su madre estaba angustiada porque a las pocas semanas de casados ​​su hijo se veía desangrado, sin vida, exhausto, cuculmeque y flacucho. Jodi… para decirlo en una palabra. Le preguntó a la esposa del niño si Tonito estaba comiendo bien: “Muy bien”, le aseguró la niña. “Lo que lo hace así es el postre”. Doña Melbina albergaba la idea equivocada de que era una gran cantora; que su voz de soprano podría compararse con la de Callas, Tebaldi, Scotto o Caballé. La verdad es que perseverantemente desafinaba. No se supo si lo que cantó fue “Caro nome” o “Como si fuera un calcetín”. Sus agudos eran más como gritos de terror que notas líricas. Cuando ensayaba en su casa, su esposo salía a la calle para que los vecinos no pensaran que la estaba golpeando. Un día consiguió que la invitaran a cantar en la sesión mensual del Club de Jardinería “Piñanona” de su pueblo. Para elegir a su pianista, le preguntó a su esposo: “¿A quién me sugieres para acompañarme?”. Sin dudarlo, respondió: “Un guardaespaldas”. ¿Qué significa la palabra “desguanguiado”? Se aplica a todo lo que está suelto, flojo, que no aprieta. Don Francisco J. Santamaría dice que es un término norteño, y efectivamente, en esas latitudes se usa mucho. Una gallinita le dijo a otra: “Los huevos que yo pongo son mucho más grandes que los que tú pones, casi el doble del tamaño. Por eso cuestan un peso más que los tuyos”. “¡Bah!” respondió la otra gallina con desdén. FIN.

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