mié. Ago 12th, 2026

El alza de 50 puntos base en la tasa de referencia que decidió la Junta de Gobierno del Banco de México, para dejarla en un nivel sin precedentes de 11 por ciento, sorprendió a los inversionistas y motivó al presidente López Obrador a insistir en que la banca no debe intentar controlarla. inflación al aumentar su tasa de interés, pero también debe considerar que el aumento de los costos del dinero afecta el crecimiento de la economía.

López Obrador dijo en Jalisco el viernes pasado: “Me gustaría que el Banco de México no solo se ocupe del control de la inflación, sino que también piense en el crecimiento económico, porque esa fórmula de que, si hay un aumento de la inflación, suban las tasas, que es lo que se aplica a nivel mundial, ya que es ortodoxo y habría que pensar en otras acciones”.

La lucha contra la inflación divide a los economistas en dos campos; el que está a favor de subir las tasas de interés para reducir el poder adquisitivo del mercado y así obligar a los vendedores a bajar sus precios, y el grupo que sostiene que el aumento de precios debe resolverse fomentando la inversión para aumentar la producción y la oferta de bienes.

Es decir, los precios suben porque la gente tiene dinero extra, o porque hay escasez de productos; En el caso de México, es difícil atribuir el aumento del costo de la canasta básica al exceso de dinero en el bolsillo de los consumidores, que pasó de 15.3 por ciento en diciembre de 2022 a 15.8 por ciento a fines de enero de 2023, según al Grupo de Consultoría de Mercado. Agrícola.

El caso es que en realidad existen desequilibrios entre oferta y demanda que van cambiando, y la eficacia de la política económica depende de las medidas que se apliquen ante las variaciones coyunturales entre ambos componentes de los mercados.

El Banco de México no puede afectar alternativamente la oferta y la demanda en el mercado, porque no cuenta con otros instrumentos de política más que la regulación del dinero circulante -mediante tasas de interés de referencia- para tratar de controlar la inflación que, junto con la emisión de moneda es su único mandato.

El banco hace lo que puede, con los instrumentos que tiene, aunque la política monetaria no sea el instrumento adecuado en cada momento.

Para cumplir con su mandato, el banco es autónomo desde el 1 de abril de 1994 como resultado de la reforma del artículo 28 de la Constitución Política.

Esta reforma fue uno de los cambios realizados a la Constitución para adecuarla a la lógica de la economía global, tema al que nos referimos aquí la semana pasada; Lo mismo hicieron casi todos los países durante el período de la década de 1990, que fue establecer la autonomía de sus bancos centrales.

Todos respondieron al precepto neoliberal de que las decisiones de política monetaria no deben estar contaminadas por otras consideraciones políticas, como estimular el crecimiento económico.

La autonomía de los bancos centrales es un ejemplo de cómo la autonomía de la lógica económica sitúa fuera del juego político las decisiones básicas en ese ámbito. De ahí que comentábamos en este espacio hace dos semanas que si no se recupera la relación propia de la economía política, tal como operó hasta hace 40 años, el gobierno no puede corregir los excesos de origen comercial que han llevado a la indebida concentración de la riqueza.

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Metro

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