mar. Sep 1st, 2026

Hoy me pasaron dos situaciones muy parecidas, pero a la vez tan diferentes:

La primera situación fue en una reunión de directorio donde revisamos los estados financieros y no sabíamos si el margen bruto de la empresa era competitivo, por lo que solicitamos un análisis de empresas similares para obtener un punto de comparación. De igual manera, también se planteó comparar precios de los principales productos con la competencia, para ver cuánto podemos subirlos y mejorar el margen sin afectar las ventas. Este ejercicio de comparación con la competencia, conocido como benchmarking, puede ser muy valioso si se realiza correctamente.

La segunda situación acababa de salir de ese tablero. Mientras cenaba con uno de los consejeros, me compartió que su esposa no estaba satisfecha con su camión o su nivel de viaje. Le parecía que no eran lo suficientemente buenos. Cuando se le preguntó, ¿en qué se basaba? Su respuesta fue que la mujer de otro socio de la empresa tenía mejor vehículo que ella y que hacía viajes más caros que ellos. No pude evitar hacer la analogía con la evaluación comparativa corporativa de la junta directiva, excepto que esta evaluación comparativa personal me pareció completamente autodestructiva.

El mismo ejercicio con tantas implicaciones diferentes.

¿Por qué uno es tan positivo y el otro tan negativo?

1.- En las empresas siempre será bueno mejorar indicadores como la rentabilidad a través del Benchmarking, ya que este objetivo es común e incuestionable para todas las organizaciones. En las personas, la meta en la vida debe ser la felicidad, sin embargo, normalmente las comparaciones con los demás se basan en cuestiones materiales. Es tan común como destructivo confundir la felicidad con la comodidad como meta de vida. Establecer sus áreas de mejora basándose en otra persona es como tratar de vivir la vida de otra persona.

2.- En las empresas, al compararnos con los demás, siempre ganamos, ya que terminamos teniendo más información que antes y esto nos ayuda a crecer a través de la innovación de nuestros productos y la implementación de nuevos procesos y herramientas; pero en la comparación con otra persona siempre saldremos perdiendo, ya que se basa en inseguridades. Si en la comparación “ganamos”, somos arrogantes, pero si “perdemos”, nos sentimos frustrados y perdemos mucho, como orgullo, autoestima, pasión, etc. Las comparaciones estorban, no agregan valor, significado o alegría a la vida, simplemente se lo quitan.

3.- Se realiza un benchmarking empresarial con los principales competidores, los de referencia que nos pueden ayudar a seguir su ejemplo, ya sea en producto, canales de venta, precios, atención al cliente, comunicación, material de venta, etc. nivel tendemos a hacer lo mismo, compararnos con quienes consideramos más exitosos, famosos, ricos o incluso felices que nosotros. Esa ruta es la ansiedad y la depresión. Sobre todo si el referente son las redes sociales, que ofrecen una versión superlativa de las personas.

En mi experiencia como consultora me ha tocado ver que el buen benchmarking, el empresarial, se realiza con menos frecuencia de la necesaria y el mal benchmarking, el personal, lamentablemente mucho más.

Busca tu propia felicidad, pero no lo hagas fuera, mira dentro de ti. Las cosas que te hacen feliz son gratis y están a tu alrededor.

Entonces, ¿existe una forma productiva de realizar evaluaciones comparativas personales? Por supuesto que sí, pero con quién debes compararte es contigo mismo. Tienes que definir los aspectos importantes de tu vida que quieres cambiar y medir su evolución. Al ser cada día la mejor versión de ti mismo, te convertirás en la persona que decidas ser.

 

Alberto Cárdenas Aldrete

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