mar. Jun 9th, 2026

Estaba muy cantado. Hubo múltiples denuncias de organismos de derechos humanos, de visitas locales y regionales, incluso de legisladores que dieron la voz de alarma. El discurso de ayer del senador Emilio Álvarez Icaza estalló en la advertencia ignorada, previa a la tragedia.

Nadie se hizo cargo. México tiene una grave crisis migratoria, ya que Marcelo Ebrard, a oscuras -como señaló Mike Pompeo en su libro hace un par de meses- aceptó condiciones extremas para controlar y frenar el flujo de migrantes centro y sudamericanos hacia Estados Unidos.

La torpeza de López Obrador y la ambición de Ebrard al aceptar estas condiciones llevaron a la crisis que hoy vivimos. Decenas de miles de migrantes de países latinoamericanos vecinos ingresan a territorio mexicano y esperan aquí, concentrados en ciudades fronterizas, la posibilidad de cruzar a Estados Unidos.

El gobierno de AMLO no otorga fondos adicionales a los gobiernos estatales para atender a esta población flotante. Carecen de servicios de salud, enfrentan problemas de alimentación y, como consecuencia, los niveles de seguridad en ciudades como Juárez, Tijuana y muchas otras se han deteriorado.

Los centros de atención “temporal” a migrantes se han convertido, en la práctica, en pequeñas cárceles que retienen ilegalmente a personas de otras nacionalidades en busca de mejores condiciones de vida.

Según informes de organismos de derechos humanos, pero no de la Comisión Nacional, cómplice silencioso del gobierno en todas sus fechorías por la función mediocre y abyecta de Rosario Piedra Ibarra, estos centros migratorios -que no son albergues, como dijo el presidente López Obrador- – están saturados, en muy malas condiciones de calidad y atención básica.

Ha sido denunciado por múltiples legisladores que han visitado los centros.

Nadie prestó atención, prestó atención o buscó soluciones alternativas.

El acuerdo interministerial celebrado en 2019, en el que el Ministerio de Relaciones Exteriores asumió la responsabilidad de la política migratoria, dejó en un oscuro vacío la coordinación y supervisión de dichos centros. Técnicamente, operan bajo la supervisión del Instituto Nacional de Migración, que pertenece legalmente y depende del Ministerio del Interior.

Hoy, luego de la tragedia por incapacidad e incompetencia, las dependencias arrojan responsabilidades. Adán Augusto López, secretario de Gobernación, señala a la Cancillería, desconociendo que el instituto de inmigración es de su competencia.

Ebrard, por ambicioso y lúcido que sea, pretendió manejar el tema migratorio como una “estrellita” más para su candidatura, pero atender muchos temas y hacer recorridos por plantas automotrices distrae de temas delicados y esenciales.

Los avisos estaban sobre la mesa, los avisos, alertas, alarmas se pueden revisar en la prensa de los últimos 18 meses. Nadie prestó atención. Unos por la lucha por la sucesión, y otros como Garduño –jefe del Inami– por incompetente e irresponsable.

Hoy México está en primera plana mundial por la tragedia, y señalado por la ONU, la OEA, la Comisión Internacional de Derechos Humanos.

Y el presidente, en su confrontación cínica, acusa a los medios de sensacionalismo, y que los migrantes fueron los que prendieron el fuego. ¿Eso los hacía merecedores de la muerte? ¿Lo pidieron?

¡Un verdadero rosario de irresponsables y cínicos!

La tragedia es huérfana, no tiene tutores ni titulares. Fueron los otros.

Pero el problema sigue ahí y la relación con Washington, tensa como la ha forzado López Obrador, alcanzará niveles de fricciones extremas en las próximas semanas.

Comercio, energía, fentanilo y seguridad, el desafío de AMLO al senador Graham, y ahora la bomba migratoria solo complican la relación bilateral más importante, compleja y delicada del continente.

Tenemos a un presidente pendenciero, alborotador, confundido en su rol nacional como jefe de Estado, pero completamente perdido internacionalmente al acusar, insultar y ofender repetidamente. Fíjese en la sarta de agravios que ha dirigido a la señora Boluarte, presidenta de Perú. O las continuas descalificaciones de funcionarios, gobernadores, legisladores estadounidenses.

El escenario hacia 2024 es tenso con su vecino del norte, se fractura entre las corcholatas divididas y enfrentadas, y tristemente para México, se radicaliza con un presidente obsesionado con controlar no solo la sucesión, sino el rumbo futuro de un país que él, ya no gobernará.

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Metro

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