mar. Ago 11th, 2026

“Cambiemos” es una consigna que encuentra muchos adeptos en países donde las sociedades están descontentas y los gobiernos han sido despojados por el neoliberalismo de los recursos institucionales con los que podrían atender demandas específicas y generar expectativas de futuro.

El neoliberalismo cambió la vida de los países -México entre ellos- en los que se desarrolló al amparo del Estado de bienestar de la posguerra, y que confirió certezas y sentido a la movilidad social.

En su lugar se impuso la responsabilidad de cada uno de definirse y desenvolverse en un contexto social y político desprovisto de significados colectivos.

En México, por ejemplo, se pasó del eslogan de “justicia social” con el que se identificaba cualquier mexicano, al tratamiento del ciudadano individual como “cliente” del gobierno en la era foxista.

Como en otros lugares, la economía mexicana se separó de la política con el propósito -bien logrado- de minimizar la incidencia de las acciones sociales y gubernamentales que interferían en la lógica y el funcionamiento de los mercados.

También se logró que los gobiernos fueran centro de críticas por las penas contemporáneas; los mercados estaban a salvo de señales e interferencias o transformaciones políticas.

Para cualquier propósito de cambio es necesario recuperar la perspectiva de la economía política y desde ella imaginar el tipo de instituciones necesarias y el poder real que tendrían los trabajadores, las comunidades, los empresarios, los legisladores y el gobierno para gobernar, no sólo los conflictos políticos. pero también la economía; Habría que rediseñar y regular los mercados, a pesar de los poderes fácticos que se mueven en ese ámbito y que son los que realmente determinan las relaciones de poder existentes.

Restablecer la relación entre economía y política implica construir las capacidades institucionales necesarias para revertir los excesos del sistema y la indebida concentración de la riqueza.

México es uno de los cinco países más desiguales del mundo; Atemperar esta situación requiere regulación del mercado e innovaciones organizacionales como parte de un nuevo paradigma y, sin embargo, las conversaciones sobre desafíos como estos se limitan a enjuiciar y condenar al gobierno en el poder.

Sin recuperar la relación propia de la economía política, el gobierno no puede corregir los excesos del orden mercantil; La narrativa de los convocantes de “Mexicolectivo” se basa en responsabilizar al gobierno de absolutamente todos nuestros males, y no es que no tenga ninguna responsabilidad.

La convocatoria de este “colectivo” está dirigida a las clases medias y grupos empresariales, a los que invita a iniciar un proceso de reflexión en torno a ideas y principios irrefutables, como el de aspirar a un país con instituciones que garanticen el Estado de derecho, la igualdad, la confianza. , la convivencia en paz y bienestar, y la lealtad democrática de los gobernantes. Perfecto, ¿quién podría argumentar en contra de tan nobles propósitos?

Lograrlos requiere menos compromiso entre los políticos y más rediseño y regulación de los mercados.

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Metro

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