vie. Jun 5th, 2026

Faltan catorce meses para que termine este gobierno de pesadilla. Tres meses antes, el 2 de junio de 2024, con nuestro voto, podremos poner fin al peor de los gobiernos que ha sufrido México.

Adolfo López Mateos reprimió y encarceló a miles de ferroviarios. Gustavo Díaz Ordaz fue el responsable de la masacre de Tlatelolco. Luis Echeverría fue el operador de la guerra sucia. José López Portillo con su extravagancia llevó al país al borde de la bancarrota. Miguel de la Madrid quedó atónito por el temblor. Carlos Salinas gobernó con la sombra del fraude. Ernesto Zedillo operaba el Fobaproa. Vicente Fox, en vez de consumar la democracia, se abrazó al PRI corporativo. Felipe Calderón inició la guerra sangrienta contra el narcotráfico. Enrique Peña Nieto se corrompió profundamente y para evitar ser perseguido accedió a entregar el gobierno a los populistas; Para consumar esta entrega, persiguió a los opositores de López Obrador con acusaciones falsas. Una historia de terror en la que, de a poco, los mexicanos fuimos creando represas, abriendo espacios, creando contrapesos al poder, promoviendo la transparencia, fortaleciendo un Estado de derecho con reformas a la Corte Suprema, organizando un instituto electoral que diera certeza a nuestros votos, consolidando espacios de la libertad de expresión, dando paso, finalmente, con luces y sombras, a la democracia.

En los últimos sesenta años, como respuesta social a los abusos del gobierno, los mexicanos hemos ido construyendo un estado democrático.

El gobierno actual no solo ha sido un gobierno de muerte y destrucción sino también una seria amenaza a la democracia. Los más de 800.000 muertos por una epidemia mal atendida corresponden al intento del Gobierno de desmembrar el INE y subordinar al Tribunal Supremo. Los más de 160.000 muertos por una estrategia de seguridad basada en fantasías absurdas van de la mano con intentos de acabar con la libertad de expresión a través de un proceso de deslegitimación de intelectuales y periodistas independientes. Todo con un solo propósito: fortalecer el poder de un hombre que corrompió hasta la médula el ejercicio del poder en México.

Hace cinco años López Obrador ofreció acabar con la pobreza, pero hoy hay cinco millones más de pobres. Ofreció acabar con la inseguridad desde el primer día de su gobierno, pero hoy vivimos el período más violento de nuestra historia. Prometió acabar con la corrupción, pero sus hijos, sus hermanos, sus primos y cuñadas, su secretario personal y exprocurador de la Presidencia, su procurador general, el secretario de Energía y el director de Pemex, están muestras de lo contrario. Segalmex como emblema; 81 por ciento de los contratos gubernamentales entregados a amigos por adjudicación directa. Prometió devolver a los militares a los cuarteles, en cambio les dio el control de aduanas y puertos para corromperlos. Con este control militar, ¿ha disminuido la cantidad de armas o drogas que se introducen en nuestro país? Definitivamente no. Entonces repito: las aduanas y los puertos fueron entregados a los militares para corromperlos. El presidente también autorizó a los militares a espiar a opositores y activistas. El presidente prostituyó la Comisión de Derechos Humanos, ha hecho lo posible por bloquear el ejercicio del órgano de transparencia. Desde su podio matutino, ha hecho de la mentira una práctica diaria. Más de 110.000 mentiras han dicho el presidente en su mañana. Dejará como legado la degradación del lenguaje político, del lenguaje que es la esencia de la política.

Entregó la educación al ala radical del sindicato, la consecuencia de esta trágica decisión se pagará en unos años, cuando los chicos entren en la fase laboral con una preparación mínima. Ha dicho en repetidas ocasiones que nuestro sistema de salud será mejor que el de Dinamarca, pero a los pacientes con cáncer se les dan citas varios meses después sin importar si mueren o empeoran en ese tiempo. Más de dos mil niños con cáncer han muerto sin sus medicinas, por órdenes directas del “presidente humanista”.

Un presidente popular y un gobierno nefasto. El poder de la propaganda. Todos los días, a todas horas y en todos los medios electrónicos, que son los que sigue la mayoría de la población, aplastándonos por un bienestar que nadie ve. Lo que vemos en cada esquina son más ancianos pidiendo limosna y más jóvenes haciendo malabares. Lo que vemos son más migrantes mexicanos a Estados Unidos. Programas sociales degradados a sistemas clientelistas. Cada semana se rompe el récord de muertes violentas. El terrorismo (coches bomba, torturas plasmadas en videos, masacres) opera de lleno con la complacencia del presidente, quien esta semana amenazó a los delincuentes con acusarlos junto a sus “mamá y abuelos”.

Este mal gobierno puede terminar en once meses con nuestro voto y el de millones de personas cansadas de vivir en el engaño y el oprobio. En catorce meses López Obrador debe entregar el gobierno a la oposición. Catorce meses de pesadilla.

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Metro

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