
La obligación de pagar impuestos es de todos; Es una obligación de rango constitucional y hasta de sentido común, todos construimos lo público con el pago de los impuestos. Como política pública es necesario pensar la tributación de forma legítima, y para ello se ha esperado que se observen principios como el de conveniencia y certeza propuestos por Adam Smith desde el siglo XVIII.
El principio de certeza se refiere a la necesidad de establecer reglas claras, estables y predecibles en el ámbito tributario para garantizar la confianza de los agentes económicos y promover un ambiente propicio para la inversión, el crecimiento económico y el cumplimiento colaborativo de las obligaciones tributarias, lo que legitima el sistema. Por el contrario, la incertidumbre fiscal puede crear riesgos e incentivos distorsionados, lo que puede obstaculizar la inversión, el ahorro y el crecimiento económico. Los cambios imprevistos, la falta de claridad en las normas o la arbitrariedad en su aplicación generan inseguridad y desincentivan la actividad económica, dificultan la generación de bienestar.
La certeza está ligada al estado de derecho y al respeto a los derechos de los contribuyentes, de ahí la importancia de contar con procesos claros, instituciones y autoridades sólidas que, ante cualquier distorsión, restablezcan los derechos de los contribuyentes.
En el contexto actual, la certeza fiscal ha estado en entredicho; Se han presentado diferentes problemas para cumplir con las obligaciones tributarias. Por absurdo que parezca, miles de contribuyentes han encontrado obstáculos al tratar de cumplir con sus obligaciones y han presentado peticiones a las autoridades fiscales para resolver los obstáculos.
Son muchos los casos, basta citar los distintos problemas que se dieron el pasado mes de marzo para presentar la declaración anual del ISR, o los que se experimentan al redactar estas líneas relacionadas con la presentación del dictamen fiscal, obligación que tienen los grandes contribuyentes y determinadas empresas. tienen que hacer auditar sus estados financieros por un contador público registrado, y ese contador entrega una cantidad importante de información al SAT como resultado de cientos de horas de trabajo por cada contribuyente, y cuando quiso hacerlo, encontró una plataforma eso no funcionó, marcó errores y les impidió estar a tiempo para presentar los dictámenes, que en cerca del 40 por ciento de los casos se consideró que se habían presentado “extemporáneamente”, lo que significa multas y distintas consecuencias para las empresas. Estos problemas se acrecientan con otras declaraciones que se deben presentar en estos días.
¿Qué certeza puede tener un contribuyente que busca cumplir con sus obligaciones y no puede por fallas en la plataforma del SAT? Poco, y esta falta de certeza no es menor, pues impacta a la empresa formal, creadora de empleo y riqueza, y en el caso del dictamen fiscal, al conjunto de empresas que aportan el 49 por ciento de la recaudación en México, según al último informe fiscal y de gestión publicado por el SAT.
Es necesario transformar el estado de cosas, a nivel mundial se busca el cumplimiento colaborativo de las obligaciones tributarias y es el estándar que necesitamos construir en un México, una relación cooperativa entre los contribuyentes y la administración tributaria equilibrada y recíproca, donde los el contribuyente colabora, brinda información, cumple con sus obligaciones, y la autoridad tributaria brinda los medios, facilita el cumplimiento de las obligaciones y otorga seguridad jurídica.
La tensión permanente que existe entre los contribuyentes y las autoridades tributarias surge de la desconfianza mutua, cuando las plataformas para cumplir fallan y los foros se llenan de silencio por parte de la autoridad, esta desconfianza aumenta; es allí donde los calificativos, interpretaciones e indicaciones distorsionan la relación que debe ser cooperativa. Es necesario cambiar el paradigma.
La historia se construye todos los días. Por el bien de este país hay que pensar en trascender, que las empresas trasciendan por el valor que generaron para la sociedad y la responsabilidad que asumieron, y las autoridades fiscales no solo como las que más recaudaron, sino también como las que promovió una nueva política fiscal. menos punitiva, más colaborativa, abierta al diálogo y constructora de medios para alcanzar el verdadero fin de la política fiscal: el crecimiento económico y la creación de bienestar. #OpiniónCoparmex
Domingo Ruiz López es presidente de la Comisión Fiscal Nacional de la Coparmex.
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