sáb. May 2nd, 2026

Al menos en el deporte, México es aficionado a los mexicanos.

El éxito de un atleta nacional proyecta la popularidad de cualquier disciplina. Lo vimos en Taekwondo, desde el bronce de Víctor Estrada en Sydney 2000; Tiro con arco y medallas en Londres 2012 y Tokio 2020; o Saltos, gracias a las medallas en cuatro de los últimos cinco Juegos Olímpicos.

Éramos hinchas de la NBA, con Eduardo Nájera; nos convertimos en el Real Madrid, con Hugo Sánchez; y del Barcelona, ​​con Rafa Márquez, o del Manchester United con “Chicharito” Hernández; de los Dodgers, de Fernando Valenzuela; tenis, con ‘El Pelón’ Osuna; atletismo, con Ana Guevara; del golf, con Lorena Ochoa, y la Fórmula 1 paralizó al país con los hermanos Rodríguez y ahora lo hace con Sergio Pérez y el regreso del Gran Premio de México. Aunque, cabe aclarar, nos hicimos fans de los deportistas, no tanto de sus deportes. Por eso, cuando se fue Nájera, el baloncesto profesional se hizo hueco… Como el fútbol europeo (y pudimos cambiar Madrid por el Barça sin pudor), el tenis, el atletismo, el golf y, por supuesto, a eso volverá la F1 cuando se vayan “Checo” y el GP de México.

Ahora, Sergio es nuestra pasión. Aunque éramos fans de Ferrari de toda la vida, nos convertimos a Sauber, McLaren (incluso más que en tiempos de Senna), Force India/Racing Point o Red Bull, según la escudería donde esté ‘El Viejo Sabroso’.

El tapatío nos representa: es probablemente el piloto más “humilde” de la parrilla y el que más piedra ha tenido que romper para llegar y mantenerse en la élite. A pesar de su apoyo familiar, no fue su padre quien pagó su estancia en Europa sino sus patrocinadores. El equipo Telmex, propiedad de Carlos Slim Domit, es el equipo principal, pero también INTERprotección, propiedad de Juani Casanueva, quien, a pedido de un joven ‘Checo’ de apoyo económico, se las prometió a cambio de cinco carreras ganadas seguidas en la categoría en la que competía… y las ganó.

Pérez Mendoza pasó por las buenas y las malas en la F1 hasta llegar a Red Bull. Tras despuntar en el humilde Sauber, llegó a McLaren en 2013, aunque en los inicios del declive de la icónica escudería británica, que desde su última victoria en 2012 (todavía con Lewis Hamilton), solo ganó un GP, ​​en 2021.

Luego pasó a Force India, que quebró —“Checo”, incluso pagó sueldos a sus mecánicos—, y se convirtió en Racing Point, comprado por el canadiense Lawrence Stroll, quien impuso a su hijo Lance y, al contratar a Sebastian Vettel, echó al mexicano en 2020, hasta que, casi por casualidad, apareció Red Bull, que se había reconstruido y estaba listo para darle a Max Verstappen un auto y un compañero a su altura para la temporada 2021.

Entonces nació ‘El Ministro de Defensa’, llegaron dos títulos para el holandés, que primero elogió a su compañero y luego lo despreció. El año pasado, también fue bautizado como ‘El Rey de las Calles’, quien destacó por el “loco cumbión” que bailó tras ganar el GP de Mónaco. Todos empezamos a querer al popular piloto mexicano y su “Nunca te rindas”, y a “echarle odio” casi en exceso a Max y “ya te lo dije la última vez, no me pidas eso otra vez”, cuando no dejó pasar a ‘Checo’ en Brasil y lo dejó tercero en el campeonato de pilotos, a pesar de que sus títulos los consiguió con la gran ayuda de Pérez.

Esta temporada, ‘El intimidador’ (apodo que se ganó Carlos Sainz en la radio en el GP de Austria) es segundo, pero empezó pisando los talones a Verstappen. Luego vinieron los “es hora de ‘Checo'”, “él puede competir”, “Red Bull le mete el pie”, “Christian Horner y Helmut Marko no lo quieren”, y tras la pésima racha en la “qualis”, ahora las notas sobre el miedo a su salida inundan la gran mayoría de los medios mexicanos.

En FOX Sports vemos aumentos de tráfico cuando destaca ‘Checo’ y bajadas cuando no lo hace bien, pero en cualquier caso nos regala miles de páginas vistas hablando de él: para bien o para mal, directa o indirectamente, de Red Bull o de sus posibles sustitutos. Los comentarios en las notas de Max siempre tienden a juzgarlo.

Él, nuestro ‘Viejo Sabroso’, no nos deja indiferentes. Lo seguimos, lo idolatramos, lo juzgamos y lo “matamos”, pero nunca lo ignoramos, como todo mexicano que representa bien a México en el extranjero.

La de ‘Checo’ es una responsabilidad enorme, que quizás ningún deportista debería tener. Lo que está claro es que este país necesita sonreír, mostrarse relevante. Sergio Pérez Mendoza es la prueba de que “sí se puede”. Ojalá nos dure muchos años más.

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Metro

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