
El mundo está al revés, y lo que antes era recto ahora está torcido. Esta es la nueva normalidad, aquella donde no funciona lo que antes era normal: antes, por ejemplo, el PAN perseguía la corrupción del PRI, pero ahora hay panistas que cazan a ex panistas en cruzadas que sólo pueden tener como beneficiarios… priístas que fueron íconos de abusos escandalosos.
Un ejemplo de esta nueva realidad viene ocurriendo desde hace semanas en Chihuahua, el estado que durante el peñismo fue escenario de sonoros escándalos, orquestados por políticos de ese PRI que en 2012 se presentó como renovado, pero que terminó con un puñado de gobernadores en la fuga o en prisión. cárcel, incluido un chihuahuense.
Viaja en tu memoria hace 10 años. En ese momento, en el palacio de gobierno del estado más grande de la República Mexicana, se encontraba un político que había llegado al poder en la Cámara de Diputados en la época de Felipe Calderón, pero cuya fama nacional vendría por casos que luego lo llevaron a decidió que tenía que esconderse en los Estados Unidos.
En ese Chihuahua, un financista privado recibió miles de millones de pesos (sí, miles de millones) del erario. ¿La primera irregularidad de esos traspasos? Esa entidad comercial, que soñaba con convertirse en banco, estaba vinculada al gobernador y su secretario de Hacienda. Enfrentado por la prensa cuando se denunciaron estas transferencias, el gobernador dijo que no recordaba haber firmado los papeles de la financiera. Quihubo.
Ese fue uno de los escándalos de la época de ese gobernador, años en los que los ciudadanos de ese estado denunciaron múltiples irregularidades. El hedor de las cosas que estaban pasando en Chihuahua se convirtió en un clamor popular que en 2016 catapultó a un panista a la gubernatura.
Con ese nuevo gobernador se enjuiciaron desviaciones y crímenes que resonaron en todo México. Hay al menos tres casos de este tipo: la propia investigación contra el presidente saliente, una nómina clandestina suya por un monto de alrededor de mil millones de pesos, y en la que aparecieron políticos de todos los partidos e incluso líderes religiosos, y la operación Safiro, un priista mecanismo de financiamiento de campañas financiado por la Secretaría del Tesoro de la Federación y cuyos fondos terminaron en las elecciones estatales de 2016.
Investigaciones como estas, con el exgobernador prófugo, con un diputado suplente que no pudo asumir en 2017 porque fue procesado por tales desvíos, con el PRI en la época de Peña Nieto con la mano en la masa de fondos federales , con una nómina donde aparecían sobornos por 10 millones de pesos a la entonces alcaldesa de Chihuahua, para ser más específicos, panista, con todos estos elementos la historia parecía ir por buen camino: para eso están las alternancias, ¿no? Los que abusaron van a la calle oa la cárcel, y los que llegan deben limpiar la casa.
Pero esa era la vieja normalidad. En la nueva, el panista que figuraba en la nómina del exgobernador se convierte en candidato y luego en gobernador, y en vez de seguir castigando los crímenes del pasado priísta, en vez de reforzar las investigaciones para que el pago de las cuentas pendientes sea completo , emprende la contra Francisco González Arredondo, exfiscal que procesó los abusos del gobernador que sigue en prisión.
Y ahí estamos: el exfiscal del gobierno del PAN que perseguía la corrupción es enviado a la cárcel –inculpado por delincuentes confesos de la época del PRI que ahora están cambiando sus testimonios– por el nuevo gobernante del PAN. Prioridades. Que tiempos estos al revés
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