mar. May 5th, 2026

Martes negro para el populismo en Estados Unidos.

La capacidad de excitar (con mentiras) a amplios sectores de la población, tener seguidores agresivos, acríticos e incondicionales, no exime a los líderes populistas de rendir cuentas ante la justicia cuando ésta es autónoma y no le teme al poder.

Cristina Fernández, la vicepresidenta de Argentina, fue condenada a seis años de prisión e inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos, por fraude en la adjudicación de contratos de obras públicas durante su gobierno.

Hasta el momento, 15 personas, entre exfuncionarios y directores de empresas constructoras en Argentina, han sido detenidas por la cesión fraudulenta de contratos.

En Washington, la comisión de la Cámara de Representantes que investiga el asalto al Capitolio perpetrado el 6 de enero de 2021, decidió recomendar que el Departamento de Justicia imponga cargos penales a los instigadores del golpe.

Trump abdicó de su deber constitucional de defender las instituciones, y se espera, como mínimo, que sea inhabilitado permanentemente para ocupar un cargo público.

Desde Nueva York llega la noticia de que la organización Trump ha sido declarada culpable de 17 cargos, entre ellos fraude fiscal y falsificación de registros comerciales.

No son inmunes, aunque su capacidad para movilizar contingentes vociferantes y hasta violentos es una amenaza que esgrimen contra la administración de justicia y la estabilidad de sus países.

Cristina Fernández, como en todo país con un sistema judicial civilizado, no tendrá una prisión informal hasta que se presenten los recursos que su equipo de abogados se dispone a interponer.

Se autodenomina “víctima de la mafia judicial”.

Los seguidores del expresidente y actual vicepresidente de Argentina anunciaron movilizaciones que pretenden “paralizar el país”.

Entre las acusaciones que llevaron a la sentencia, destaca que allegados al entonces presidente Fernández recibieron bolsas con millones de pesos en efectivo, a cambio del otorgamiento de contratos en la industria de la construcción.

Donald Trump, por su parte, va camino a la descalificación –aunque lo está haciendo bien–, por su comportamiento destructivo contra las instituciones que debería haber defendido, y no atacado.

La comisión informó que había accedido a dar el paso sin indicar “quién sería el sujeto de las referencias”, pero es obvio que el Departamento de Justicia tendrá que actuar directamente contra Trump.

Los informes de Washington dicen que los posibles cargos incluyen “conspiración para defraudar a los Estados Unidos y obstrucción de los procedimientos oficiales del Congreso”.

Según el despacho de CNN desde la capital estadounidense, “los miembros del comité coincidieron ampliamente en que el expresidente y algunos de sus aliados más cercanos cometieron un delito al promover una conspiración para impedir la transferencia pacífica del poder”.

Con lo acordado ayer por la comisión investigadora del golpe frustrado del 6 de enero del año anterior, Trump parece haber perdido toda posibilidad de eludir a la justicia.

La comisión, integrada por cuatro legisladores que son abogados, dejó abierta quién debe asumir la responsabilidad penal por lo ocurrido en esa fecha, cuando una turba de personas armadas intentó impedir que el Congreso validara la victoria del candidato opositor, Joe Biden.

Seguramente dará los nombres en las próximas tres semanas.

El Departamento de Justicia tendría la última palabra sobre si actuar según las recomendaciones del comité de investigación del Congreso o presentar su propia evidencia ante un gran jurado y proceder con una acusación.

El proceso penal de este tipo correría en paralelo a la investigación que lleva adelante el propio Departamento de Justicia en relación al robo de documentos clasificados y secretos de la Casa Blanca por parte de Trump y que fueron encontrados en su residencia en Florida.

De esta forma, se sumaría una adicional a las acusaciones: el espionaje.

Por ley, el comité de la Cámara solo puede operar durante el período actual, por lo que las referencias penales deberían recibirse a más tardar tres semanas.

Así, Estados Unidos va camino de dar un ejemplo hemisférico de la obligación de los presidentes de defender las instituciones.

En este caso, el Presidente de la República alentó el ataque a uno de ellos, el Congreso, para lo cual habrá consecuencias.

Y desde el sur, Argentina muestra el músculo que puede tener un Poder Judicial independiente del poder político y también del poder económico.

Ahí no hay venganza: el sentenciado está actualmente en el poder.

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Metro

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