CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— “Me volvería loco sin hacer nada, he dedicado mi vida a mi familia ya mi trabajo”, dijo Héctor Bonilla en una entrevista en abril pasado.
Para el actor, la pasión por estos dos pilares de su vida era tal que, aún con el diagnóstico de cáncer, se mantuvo activo como lo había estado desde la década de 1960, cuando apenas comenzaba a forjarse un nombre. Solo una caída lo alejó del teatro a fines de 2021, cuando tuvo que parar las funciones.
El actor, según informamos, falleció anteayer a los 83 años, noticia que su familia compartió sin olvidar el sentido del humor del actor: “Se acabó el show, no se jodan”, escribieron en un comunicado en lo que recordaron aquella cita de la canción “Testamento”, que hace 10 años Bonilla interpretó como un epitafio en vida.
Bonilla se fue “en paz, sin dolor y rodeado de su círculo más cercano”, luego de una batalla de cuatro años contra el cáncer de riñón.
“Estamos tranquilos de despedir a un hombre que se fue sin deberle nada a nadie”, declaró su familia.
“Enamorado de la actuación, hizo que pareciera fácil pararse en un plató y asumió cualquier proyecto para que el elenco y el equipo de producción, experimentados o nuevos, sintieran su compromiso. Era como un niño travieso jugando, verlo actuar era eso, le apasionaba tanto que parecía que no estaba trabajando”, dice Jimena Argüelles, productora de la comedia “Una última vez y nos vamos”, que relata la aventura de un grupo de mariachis en un concurso. .
“Fue la primera película de varios y automáticamente tomó la batuta como maestro, fue el líder que nos enseñó a todos la humildad”, recuerda sobre la experiencia en aquella película.
Con una filmografía de más de cien producciones y una cantidad similar de montajes (en la mitad de los cuales también se desempeñó como director), Héctor Bonilla no estuvo presionado. O al menos así lo recuerda Juan Osorio, con quien trabajó en telenovelas como “La casa al fin de la calle”.
“Nunca lo vi enfadarse y si se enfadaba nunca te enterabas. Siempre lo vi positivo, centrado, equilibrado”, dice. “Cuando trabajaba con alguien siempre tenía esa convicción de lealtad”.
Susana Alexander, su amiga durante más de seis décadas, indica que Bonilla era una persona sumamente respetuosa del trabajo, al que ponía por encima de todas las cosas. “No estoy triste, estoy muy contenta de que por fin descanse en paz, se lo merece, se lo ha ganado”, dice.
En 1978 se consagró como protagonista de telenovelas como “Viviana”, junto a Lucía Méndez. En 1989 estrenó “Rojo amanecer”, sobre la represión del movimiento estudiantil de 1968, que se convirtió en un clásico del cine mexicano.
En 2016, junto a sus hijos Sergio y Fernando, realizó la obra “Almacenados”. En 2019 inició su lucha contra el cáncer de riñón.
Bonilla también incursionó en la política, lo que lo llevó a conocer a Andrés Manuel López Obrador, a quien apoyó en las campañas presidenciales.
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