jue. Abr 9th, 2026

Hace unos días, el economista Javier Milei sorprendió en las encuestas y logró su elección como presidente de Argentina. Entre las polémicas propuestas del candidato está la idea de dolarizar la economía argentina.

Esta propuesta sonó atractiva para el electorado en gran medida debido a la hiperinflación que sufre el país. Los analistas económicos predicen que la inflación en Argentina será del 185% a finales de año. En comparación, la inflación del dólar estadounidense está ligeramente por encima del 3% anual.

Un efecto negativo de la inflación es que el poder adquisitivo de los billetes, monedas y cuentas de depósito a la vista se reduce gradualmente, a menos que se inviertan para obtener rendimientos.

También hace necesaria una renegociación y ajuste en las etiquetas y contratos en los que se expresan los precios de bienes y servicios debido a la reducción del poder adquisitivo de la moneda (incluidos los contratos salariales y salariales). Los países desarrollados no tienen problemas serios con estos efectos negativos, pero, a medida que la tasa de aumento aumenta, la inflación puede causar mayores perturbaciones.

En las hiperinflaciones, el poder adquisitivo de las clases trabajadoras se ve perjudicado porque las oportunidades de inversión se reducen y la renegociación de sueldos y salarios suele verse retrasada por cambios inflacionarios. Los argentinos ya han sentido este impacto (la pobreza ha alcanzado al 40% de la población) y el descontento explica en parte por qué los argentinos buscan alternativas como la dolarización.

¿Qué es la dolarización y cómo funciona? La dolarización se define como la sustitución de una o más de las funciones que tiene el dinero local por el de otro país, siendo estas funciones la de depósito de valor, la utilización de un medio de pago y como unidad de medida. La moneda habitualmente utilizada es el dólar estadounidense, aunque se podrían adoptar criptomonedas para el mismo efecto.

Existen entonces tres tipos de dolarización: dolarización financiera (el dólar se adopta como depósito de valor, por ejemplo, cuentas dolarizadas), dolarización de pagos (el dólar se acepta en las tiendas para pagar bienes y servicios) y dolarización real (el dólar se acepta en las tiendas para pagar bienes y servicios). se utiliza como unidad de medida en etiquetas, menús y contratos). La dolarización también puede ser parcial, donde el dólar sólo sustituye en algunas funciones y coexiste con la moneda local, o dolarización total, donde la moneda local deja de existir.

Una economía que busca la dolarización tiene un amplio abanico de políticas públicas. La dolarización financiera parcial es muy común (la gente ahorra en cuentas en dólares pero sigue utilizando la moneda local como medio de pago y unidad contable). Lo que se requiere son mecanismos para que las instituciones financieras acepten depósitos en dólares. En países con dolarizaciones parciales se desarrollan sistemas de pago paralelos e interconectados y facilidades para expresar precios en moneda local y USD.

Una dolarización total es mucho más compleja, ya que requiere la conversión del dinero de la moneda local a USD. Para ello, el Banco Central del país debe utilizar una fracción o la totalidad del saldo de las Reservas Internacionales para convertir el dinero, fijando un tipo de cambio especial. También exige un sistema de pagos ajustado a la nueva moneda y expresa los precios en dólares a partir de una fecha determinada.

Un país con suficientes Reservas Internacionales puede adoptarlo sin grandes dificultades. Sin embargo, un país que no tiene suficientes Reservas Internacionales debe devaluar su moneda, lo que impactaría aún más el poder adquisitivo. Desafortunadamente, Argentina se encuentra en esta situación y no tiene Reservas Internacionales netas positivas, por lo que el efecto potencial es una crisis financiera antes de reducir la inflación.

Esto lleva a la reflexión final: ¿Qué efectos tiene la dolarización? La respuesta depende en gran medida del tipo de dolarización. En la dolarización financiera las opciones de inversión para las familias aumentan, pero con el inconveniente de tener deuda en una moneda distinta a aquella en la que se recibe el salario.

Una dolarización de los pagos crea fricción entre las dos monedas, ya que todos los negocios requieren dos sistemas que terminan pagando hasta que una moneda domina.

La dolarización total tiene el beneficio de reducir la inflación a tasas como las de Estados Unidos. Sin embargo, se perdería la capacidad de utilizar la política monetaria como medida para prevenir crisis financieras. Si bien Milei podría dolarizar a la Argentina sin caer en efectos negativos de ajuste, sin resolver el problema del déficit público, es posible ver una situación como la que vivió Grecia en 2011.

Rodrigo Fenton Ontañón es economista y Director de Programa de la Licenciatura en Finanzas del ITESM Campus Monterrey Business School. Se agradecen los comentarios a: rfenton@tec.mx

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