sáb. Jun 6th, 2026

Pocas cosas son más positivas para un profesional de cualquier ámbito que cuando llega a una reunión relevante para su negocio, su capital reputacional hace la mitad del trabajo.

Es un activo valioso. Atrae prospectos, inicia la venta en tu ausencia y pon a tus interlocutores en cierta disposición a escucharte y preevaluar contigo sus posibilidades, ya sean casuísticas o de mayor alcance.

La mejor definición de reputación que he conocido la escuché hace muchos años de la autora inglesa Leslie Everett: “Reputación es lo que dicen de ti cuando te das la vuelta”. Y si esa reputación contribuye en algún grado a tus procesos de producción oa los resultados profesionales que buscas, entonces tienes capital reputacional.

Además de hacer lo que hacemos muy bien y de manera consistente, ¿cómo cultivamos intencionalmente nuestro respectivo capital reputacional? Aquí hay tres alimentos para el pensamiento:

1) Escucha con atención cómo te presentan las personas que te conocen.- ¿Dudan o son categóricos? ¿Qué datos o cualidad enfatizan? ¿Qué no dicen de ti? No siempre puedes controlar cómo te gustaría que te presenten, pero puedes influir en el proceso.

Di -rápida y prudentemente- algo alineado a tu interés. Desinflar lo que ha sonado exagerado o contar una anécdota sintética y relevante para tu nuevo interlocutor pueden ser formas de dar forma a la narrativa que te rodea. Todo comienza, sin embargo, por prestar más que atención a lo que dicen de ti frente a ti.

2) Monitorea toda tu huella digital.- En mayor o menor grado, todos tenemos una cierta huella en el mundo de la web y las redes sociales. Y en el mejor de los casos, la mayor parte del contenido que aparece con solo poner tu nombre está alineado con tus intereses profesionales.

Uno de los primeros actos de cualquier interlocutor cuando tú o algo tuyo llama su atención es preguntar por ti en su buscador favorito. No todo lo que hay está bajo tu control total, pero mucho de lo que hay está dentro de tu esfera de influencia.

3) Recuerda que lo similar atrae a lo similar.- La gente próspera tiende a pasar el rato con los prósperos. Los pachangueros suelen asociarse con los que les gusta la fiesta. Y los tramposos tienen una inclinación particular por la comunidad con otros tramposos.

En la vida profesional tendemos a proyectar aquello de lo que nos rodeamos. Y no es casual. Los ecosistemas productivos toman nota de los que se destacan (para bien y para mal) y registran a quienes perciben como parte de su entorno real o aspiracional.

No hay un momento específico para construir un capital de alta reputación. Puede tomar toda una vida de producción, o puede desencadenarse mediante la adición de dos o tres eventos de alto perfil con visibilidad adecuada. Lo que sí es un hecho es que se alimenta de hechos profesionalmente relevantes y está conformado por información que se hace pública de forma intencionada y reiterada.

Y no hay capital reputacional inmune. Lo que se suma con esfuerzo, puede desdibujarse o perderse con incidentes, incumplimientos o, en su peor expresión, el descuido de hechos negativos o problemas de grave magnitud que no se gestionan adecuadamente ni se miden asertivamente en sus diversas consecuencias. futuro.

Una vez un joven me escuchó decir en una conferencia que la herencia es hereditaria pero el respeto no. Al salir me preguntó: “si el respeto no es, ¿qué atributo no tangible se puede transmitir a tu familia o empresa? Capital reputacional, respondí.

Y es que cuando un grupo productivo aprende a dar valor a su reputación profesional, cultiva el capital reputacional con la misma intensidad e interés que lo hace con el propio capital financiero.

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Metro

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