
El Presidente no tuvo problema con la Corte Suprema mientras su lacayo administraba el changarro. Archivó los temas de interés, controló la votación y hasta comenzó a cablear la decisión sobre la ley de electricidad, dividiendo los temas y contando los votos a su gusto, con lo que logró que no fuera declarada inconstitucional, aunque la clara mayoría contra ella garantiza derechos, vía amparo y suspensiones.
Le pareció poco, así que animó a su pareja (la esposa de su pareja, entonces), pero resultó que la ministra no pudo hacer su tesis de licenciatura, sino que se la copió, como lo demuestra Guillermo Sheridan. Ese ministro no logró la presidencia de la Corte, sino otro, que no es del agrado del Presidente. La ha atacado como ha podido, desde su programa de variedades matutino, pero no solo eso: ha animado a un grupo de rufianes a sueldo a bloquear la entrada a la Corte e insultar continuamente al ministro.
Ahora, uno de los gobernadores más sumisos con él, Cuitláhuac García, ha iniciado la persecución de una jueza, Angélica Sánchez. Fue detenida ilegalmente en Veracruz, plantó pruebas de ella, pero la presión pública obligó a liberarla. En un viaje a la Ciudad de México, para recibir un homenaje en el Senado, el juez fue detenido, nuevamente ilegalmente, por personas que al parecer eran de la Guardia Nacional. La entregaron a la fiscalía de la Ciudad de México, pero luego la trasladaron a Veracruz, donde la fiscalía local dice que la encerrarán por un año en Pacho Viejo.
Este arresto es ilegal bajo cualquier medida. No solo los que la detuvieron no estaban correctamente identificados y no tenían orden para hacerlo, sino que tampoco pudieron hacerlo, porque el juez tenía un amparo. Fue recluida en régimen de incomunicación y “vinculada al proceso” por los fiscales, no por un juez. Es una detención arbitraria, un abuso de poder, que se suma a los cientos (más de 600 aún encerrados) que han sufrido violaciones de derechos en Veracruz.
Cuitláhuac García es una persona muy limitada, cuyo único interés es complacer a López Obrador, imaginando sus deseos. Quien la tripula es Eric Cisneros, Secretario de Gobierno del Estado, quien apuesta por la sucesión y quien no tiene límite en su intento de acumular poder y recursos, y destruir a quienes considera sus enemigos. Insistió en los cientos de personas a las que ha perseguido y encarcelado.
Ahora bien, si un secretario de gobierno estatal actúa de esta manera es porque quien tiene concentrado todo el poder en sus manos está de acuerdo con ello. Lo decíamos hace años: concentrar todo el poder implicaba concentrar toda la responsabilidad. López Obrador ahora debe responder por su continuo ataque al ministro Piña, pero también por el encarcelamiento del juez Sánchez y de los otros 600 presos políticos de Veracruz.
También deberá responder por el intento de despojo promovido por el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Incapaz de resolver el problema de los agricultores de su estado, que se originó tanto en la destrucción de los programas de apoyo federal como en la desaparición de la Financiera Rural, tuvo la idea de culpabilizar a las empresas que compran el maíz: Gruma, Minsa y Cargill.
También es responsable de la incapacidad de los gobiernos locales para evitar los cierres de carreteras que ahora se han convertido en entretenimiento local (Cuernavaca, Puebla, Querétaro), y sin duda de las cada vez más frecuentes denuncias de extorsión por parte de la Guardia Nacional.
Ya lo habíamos comentado: al concentrar todo el poder, López Obrador destruyó los mecanismos de intermediación. Ahora, todo se centra en él, que es incapaz de resolver nada. Pero además, a él no le importa. Lo único que le interesa hoy es no dejar el poder, nunca.
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