vie. Abr 24th, 2026

el término alemán Kummerspeck Es una de esas palabras, como el español sobremesa y vergüenza ajena, que son difíciles de traducir a otros idiomas. Viene de kummerpena, tristeza y Partícula, tocino o panceta. Es decir, significaría algo como panceta y actualmente es utilizado por algunos psicólogos para definir los atracones emocionales, tan frecuentes en la actualidad.

¿Qué queremos decir exactamente? Todos podemos identificarnos con aquellas situaciones en las que el estrés, ansiedad o carga de trabajo acumulada Influyen, casi siempre negativamente, en nuestra alimentación. Cuando un mal día acaba con un ataque indiscriminado a la nevera. Y no para atiborrarnos de frutas o verduras, precisamente.

Podríamos hablar entonces de alimentación emocional como el proceso en el que nuestro estado de ánimo genera conductas alimentarias que pueden perjudicar nuestra salud.

En busca de recompensas inmediatas

Esto se debe a que nuestro cerebro busca una recompensa inmediata para los déficits emocionales. Alimentos como los que contienen altas cantidades de azúcares, sodio o grasas, o potenciadores del sabor como el glutamato monosódico son capaces de enviar mensajes de satisfacción casi inmediatos a nuestra mente. Estos compuestos también aumentan la sensación de apetito.


Las causas que provocan el hambre emocional son muy variadas. Conocer el origen del problema es la mejor forma de empezar a solucionarlo. Aquí hay algunas situaciones que pueden desencadenarlo:

  • Conflictos personales, discusiones con seres queridos y problemas familiares o de pareja. Estas circunstancias pueden generar un importante vacío emocional que se intenta llenar a través de la alimentación emocional.
  • Estrés, situaciones en las que el trabajo o las obligaciones provocan un agotamiento de los recursos mentales. Sobre todo el estrés crónico, que se prolonga y genera un intenso agotamiento emocional, hasta el punto de provocar el síndrome de burnout.
  • Aburrimiento, que nos hace dar vueltas a las cosas y pensar en exceso. Múltiples estudios relacionan la desmotivación que surge del aburrimiento con la necesidad de buscar estímulos. La ingesta de alimentos puede generar el neurotransmisor dopamina, que compensa esa sensación de vacío.
  • La ansiedad y otras enfermedades mentales como la depresión están estrechamente relacionadas con la sobrealimentación emocional. Intentan llenar el vacío que generan con la satisfacción inmediata de la comida. En muchas ocasiones se convierte en un círculo vicioso, pues tras el atracón llega el remordimiento y el malestar.

Este comportamiento creciente contribuye a agravar un problema de salud mundial. Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad se ha triplicado desde 1975. En 2016, el 39 por ciento de los adultos tenían sobrepeso, una cifra que sigue aumentando y que a menudo es la raíz de las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles: trastornos vasculares, cánceres asociados a una sedentarismo, enfermedades respiratorias y diabetes.

Primer paso: identificar el problema

¿Y cómo podemos evitar este tipo de comportamiento? El primer paso es reconocer cuáles son las causas y los motivos que nos llevan al atracón emocional. Ser capaz de distinguir qué tipo de hambre estamos sufriendo puede ser una buena forma de empezar:


  • El hambre emocional aparece de repente y nos obliga a darle una solución urgente. Además, es selectivo: exige tipos de alimentos específicos. Y normalmente, como hemos visto, poco saludables. Este tipo de apetito no genera sensación de saciedad, es decir, seguimos comiendo aunque ya no necesitemos alimentos. Finalmente, nos deja un sentimiento de incomodidad, de culpa, siempre un sentimiento negativo.
  • El hambre fisiológica es gradual, crece gradualmente y puede esperar. No exige urgencia para satisfacerla. Se adapta a una gama mucho más amplia de alimentos, no es tan “quisquilloso”. En el momento en que las necesidades están cubiertas, dejamos de comer. El sentimiento final es de satisfacción, sin sentimientos de culpa.

maniobras de distracción

Además de reconocer la situación que estamos viviendo, podemos buscar alternativas a estos comportamientos:

  • Practica ejercicio: la actividad física disminuye los niveles de grelina y aumenta las concentraciones de leptina, hormonas directamente relacionadas con el apetito.
  • El descanso regular puede ayudarnos a controlar nuestras emociones y disminuir el apetito emocional.
  • Debe Adquirir hábitos alimentarios adecuados. Nuestro cerebro tarda más de 20 minutos en percibir que nuestro estómago está lleno. Comer despacio nos ayuda a ser conscientes de lo que nos llevamos a la boca ya sentirnos satisfechos antes.
  • Por último, acudir a un profesional puede ayudarnos a regular nuestra ansiedad y estrés. Puede ser una guía para reconocer cuáles son nuestras necesidades, ya que nosotros mismos a veces no somos conscientes del problema.

Puedes encontrar la nota original en la liga.: https://theconversation.com/atracones-emocionales-cuando-asaltamos-la-nevera-para-aliviar-el-malestar-psicologico-200956

Por Iván Fernández Suárez, profesor de UNIR – Universidad Internacional de La Rioja.

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