mié. Ago 12th, 2026

Era casi el mediodía de aquel jueves 14 de septiembre cuando un joven mexicano de apenas 42 años, quien para entonces era rector de la Universidad Nacional, comenzó a hablar ante un grupo de 272 ciudadanos. Reunidos en asamblea en “el piso alto del edificio Frontón México”, habían sido invitados a deliberar para acordar un cuerpo de principios doctrinales, cuyo contenido guiaría la participación que estaban dispuestos a desarrollar en la vida pública. Inusualmente para la época, el grupo incluía bastantes mujeres.

El orador, que catorce años antes había sido el creador y primer director del banco central del país, el Banco de México, se dirigió a los asistentes para “agradecer profundamente su presencia” y ser felicitado porque, dijo, “durante más de medio siglo año “Hemos esperado intensamente esta ocasión”.

El grupo al que se dirigió el orador estaba integrado por ciudadanos de las más diversas zonas de la República. Estaba integrado por ciudadanos ilustres que gozaban de estima general entre los vecinos de sus regiones de origen, muchos de ellos con proyección nacional. Reconocidos también por ser personas con amplia formación, ya que la mayoría eran profesionales, con una imagen y trayectoria personal respetables.

Predominaban los abogados, es cierto, pero no todos lo eran. Había arquitectos, médicos, ingenieros, historiadores, periodistas, académicos, geógrafos, físicos (de la talla de Valentín Gama y Pedro Zuloaga, por ejemplo), artistas, escritores, músicos (entre otros, nada menos que Miguel Bernal Jiménez), poetas , empresarios, todos ellos de gran prestigio y reconocimiento.

Escucharon atentamente al ponente, autor de la mayor parte de la legislación fiscal, financiera y bancaria del país, quien en poco más de media hora les hizo una presentación clara de la grave situación que enfrentaba México a finales de los años treinta. del siglo pasado, las posibilidades que se abrían para su rescate y lo que se podía esperar de su intervención organizada y permanente en la vida pública del país.

Respecto al primer punto, el orador –quien había sido subsecretario del Tesoro y eficaz negociador de la deuda externa del país después de la Revolución– dijo: “la sociedad actual está sacudida desde sus cimientos y parece haber perdido la noción misma de trayectoria y de destino, porque México atraviesa un momento de especial confusión y los problemas tradicionales trágicamente intactos se ven agravados por nuevos problemas de extrema gravedad; y porque una fuerte tormenta de apetitos desencadenados, de propaganda siniestra, de ‘ideologías’ contradictorias, de mentiras sistemáticas, impide una visión clara de la vida nacional.”

También dijo: “En los últimos años, la vida pública ha sido tan a menudo una mera explotación del poder… que la mayoría de los ciudadanos, aquellos que preservan y se inspiran en la verdadera tradición nacional, aquellos que piensan, trabajan, crean y construyen, hacen No ha tenido otro contacto con la acción política que el de sufrir sus violencias y exacciones. El grupo de hombres al frente del gobierno, cada vez más alejado del interés nacional, se preocupa exclusivamente de conservar el poder mediante alianzas o complacencias externas, disfrazadas de radicalismo, mediante la corrupción y el engaño…”

El orador continuó su exposición de la siguiente manera: “La grave y magnífica responsabilidad de decidir sobre el destino de la Nación recae en todos sus miembros, y es deber primordial de cada uno de ellos intervenir en la vida pública, haciendo valer sinceramente sus convicciones”. ”.

Sin embargo, sobre el particular, en otro pasaje señaló que “para ser sincero (tal intervención) y tener impulso, la revisión de nuestra historia exige lo mismo que la acción inmediata decidida y la preparación paciente del futuro”.

Por ello, consideró oportuno aclarar desde un inicio a los presentes la necesidad de “recordar constantemente que aquí nadie viene a triunfar ni a obtener; que un solo objetivo debe guiarnos: el de acertar en definir qué es lo mejor para México”. Que no haya gente engañada, para que no queden desilusionados.

Así dijo Manuel Gómez Morín, el mayor constructor de instituciones, el mayor legislador de este país sin haber sido nunca diputado ni senador, cuando los días 14, 15, 16 y 17 de septiembre de 1939 convocó a la fundación del Partido Acción Nacional, el cual por estas fiestas patrias cumple 84 años.

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