mié. Ago 26th, 2026

¿Líder? ¿Cacique? ¿Guía? ¿Hasta qué punto el obradorismo es un movimiento social con peso propio y cuánto es fervor personalizado en torno a un líder carismático? ¿Son ambos? El malestar de amplios sectores frente a lo que ofrecían el PRI y el PAN no fue inventado por el ahora Presidente, por supuesto, sino que fueron las élites, convencidas de que su prosperidad era compartida por el resto de los mexicanos, las que generaron una masa cada vez más crítica. . Lo que hizo López Obrador fue ofrecer un cauce político y electoral sin el cual todo este desencuentro no se hubiera traducido en un voto masivo de rechazo al modelo anterior.

El carisma del tabasqueño, su sensibilidad para comprender y expresar los reclamos y anhelos de tantos, fueron claves en la construcción de un movimiento político y social que ha tomado el poder por asalto. Es fácil comprender esta identidad entre la mayoría y el líder, cuando se observa el desgaste de la clase política tradicional y su progresivo alejamiento de los intereses de los sectores populares. Como bien se ha dicho, para Enrique Peña Nieto un fin de semana ideal consistía en jugar al golf con sus amigos; para AMLO, visitar media docena de pueblos pobres y hablar con sus habitantes. Sus detractores asumen que ese “baño de pueblo” alude a una actitud oportunista y cínica. Una más de las interpretaciones simplistas que han llevado a la oposición a subestimar al Presidente y explican en parte la falta de comprensión del fenómeno que conlleva el obradorismo, algo que ha llevado a sus adversarios a perder tantas batallas políticas. Cualquiera que se haya tomado la molestia de revisar la trayectoria de AMLO comprenderá que su identidad con el México profundo es tanto una cuestión vocacional como biográfica.

El caso es que la pasión de López Obrador por lo que él llama pueblo es a la vez una cuestión de convicción ideológica, de rasgos de personalidad y, también hay que decirlo, de estrategia política. El Presidente no ha escatimado esfuerzos para que este vínculo de identidad entre él y los pobres se mantenga vivo y se restablezca cada día, tanto a través de acciones concretas (desbordamiento de recursos, aumento de salarios mínimos, etc.), como a través de una oratoria encendida.

Los opositores acusan al obradorismo de haber llevado a un culto a la personalidad, con todos los riesgos que ello conlleva. Es cierto que el poder carismático no es el recurso ideal para un cambio de estructuras, ni para la fundación de un nuevo orden basado en valores y actitudes diferentes. Los riesgos del peso excesivo de una sola persona es que los estados de ánimo, fobias y filias atribuidas a AMLO terminen por confundirse con las convicciones e ideales que el propio líder intenta inyectar al movimiento y a sus seguidores.

Pero he llegado a la conclusión de que es inexacto atribuir tales fenómenos a la rijesidad o presunto narcisismo del Presidente. La polarización y personalización del liderazgo han sido atajos, recursos rápidos y accesibles para mantener el apoyo de las mayorías a un proyecto de cambio que enfrenta resistencias. Los poderes fácticos de este País entienden que la alternancia ganó la presidencia, pero oponen que esta alternancia se traduzca en modificaciones sustantivas al modelo de País que sostienen. La mayoría de las élites cuestionan la 4T, unas de forma pasiva y otras de forma activa, algunas incluso intentando a toda costa descarrilar el proyecto de cambio.

Los adversarios pueden atribuir la polarización y el enorme peso que tiene la figura de AMLO a rasgos de personalidad, pero al referirla a una mera explicación psicológica, pierden de vista la extraordinaria efectividad que ésta ha tenido para los efectos políticos.

El problema, me parece, es que lo que es útil en un momento o temporalmente puede ser dañino e insostenible en el tiempo. Ni la polarización ni el poder centralizado en el liderazgo personal son ideales para construir una sociedad más sana y justa. La 4T necesita consolidarse en estructuras orgánicas que sustenten e interioricen los valores de este movimiento. No está pasando en Morena, por ejemplo. Por ahora, el enorme carisma popular y la voluntad del Presidente suplen la ausencia de ese marco formal capaz de instalar la inercia que obra a favor de una sociedad más justa y equilibrada, y quizás no podría ser de otra manera en tan poco tiempo. AMLO intenta llevar sus transformaciones a rango constitucional o involucrar al ejército para que sean irreversibles, pero es obvio que está a mitad de camino. A largo plazo, 4T solo tendrá éxito si puede sobrevivir y mantenerse independientemente de la presencia de su fundador.

La determinación de López Obrador de retirarse a su rancho en dos años, diluye una preocupación; es decir, la polarización o el liderazgo carismático tienen fecha de caducidad. Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, o quien tome el relevo, tendrá que buscar conciliaciones, sanar heridas, sumar voluntades. Y seguramente también lo harán sus adversarios; entre otras cosas porque ninguno de los dos partidos, el gobierno y el sector privado, aguanta ni quiere seis años más de atonía o de crecimiento tan modesto. Mejorar la condición de los pobres requiere no sólo una mejor distribución, como pretende hacer el Gobierno, sino también un mayor crecimiento, y esto no se puede lograr sin una participación más activa de la iniciativa privada (que genera el 75% del PIB). Muchos empresarios que decidieron congelar inversiones y actuar con cautela en un tenso sexenio no querrán mantener esa pasividad por otros seis años. Lo que hizo AMLO fue quizás necesario, abriendo un hueco para cambiar de rumbo, y lo hizo venciendo resistencias en ocasiones a empujones. El que sigue debe tratar de pavimentar y construir sobre este camino tan laboriosamente abierto.

Pero si se diluye esa preocupación (la polarización y el liderazgo personalizado), se abre otra para el movimiento. ¿Resistirá el obradorismo la salida de López Obrador? ¿Mantendrá el entusiasmo popular del que ahora disfruta? ¿Claudia o Marcelo tendrán el liderazgo necesario para poner en vereda a las tribus que respiran Morena, sin mencionar a los muchos adversarios? Eso, me parece, es otra historia. El ahora solo pretendía señalar que la polarización y el liderazgo centrado en AMLO eran recursos clave para mantener el apoyo que se requería para girar el timón y también darle una oportunidad a la 4T de gobernar seis años más. Pero también debe quedar claro que estas estrategias de polarización y culto a la personalidad no servirán para navegar permanentemente en la búsqueda de una sociedad más justa, sana y próspera en los próximos años.

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