
La marcha del domingo 13 reveló a quien quiera ver que, contra viento y marea, el espíritu cívico sigue siendo, por así decirlo, incipiente entre los mexicanos. Un estímulo que puede ir más allá de la diatriba y la confrontación. Una fuerza plural que ha sabido construir tras años de allanar el camino hacia la democracia. Renovaciones democráticas que, hay que seguir insistiendo, requieren hacer parte de sus demandas a la olvidada cuestión social.
Las desigualdades y la pobreza siguen siendo las grandes carencias de nuestro largo camino democrático; Lo son, sin duda, por su magnitud y duración, pero también por sus implicaciones para nuestro frágil tejido social y nuestra economía política. Mayor reto para la política que, insistimos, queremos democrática.
Tristemente recordatorio cotidiano de nuestro olvido, rasgo fundante, la desigualdad se ha convertido en un muro estructural que condiciona todas nuestras relaciones que moldean y distorsionan el tejido de nuestros intercambios.
En medio de una crisis que aún no presenta contornos claros, es fundamental no dejar de insistir: la desigualdad debe estar en el centro de nuestras deliberaciones, ciertamente económicas, pero también de nuestros intercambios políticos y dilemas éticos.
Los mexicanos necesitamos sacudirnos esa especie de aceptación inercial de la desigualdad, ese rasgo cultural inaceptable que, como sociedad, nos ha llevado a vivir en medio de tantas carencias y vulnerabilidades como si fueran cosas dadas.
Para avanzar, en forma y fondo, hacia la consolidación de la democracia, es imprescindible la superación de la pobreza y la desigualdad, condición necesaria para que los gobiernos y la política renueven su legitimidad y para que la democracia misma suscite la participación y el apoyo de la comunidad. Propender hacia una sociedad igualitaria, una economía sostenible y creciente, y una institución política basada en la vigencia del Estado constitucional de derecho son pasos obligados. Poner el empleo en el primer lugar de la agenda nacional como objetivo central y articulador de una estrategia de expansión con y para la igualdad.
Sin crecimiento económico no hay excedentes que puedan convertirse en recursos públicos que se destinen a incrementar el gasto del Estado, tanto en inversión como en gasto corriente, indispensable para el bienestar y la seguridad, así como para las inversiones en infraestructura que tanto se necesitan. .
Para salir del círculo de los enfrentamientos, México requiere mucha buena política; dirigir las fuerzas para consensuar un nuevo pacto que ordene nuestra convivencia, un acuerdo articulado por el compromiso de todos con la justicia social.
Repensar y enderezar nuestro desarrollo es fortalecer nuestro régimen democrático, como lo han propuesto reiteradamente el Grupo Nuevo Curso de Desarrollo y el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, es reconocer a la democracia constitucional como marco desde el cual emprender las reformas necesarias.
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