lun. May 4th, 2026

Cuando a fines de mayo una joven de 27 años resultó herida de muerte en la carretera México-Cuernavaca al resistir un asalto, la prensa capitalina ya había advertido que la inseguridad campa a sus anchas en esa vía. Pero el gobierno de AMLO ignoró esa denuncia.

Andrés Manuel López Obrador revisa los medios con unos lentes muy particulares: los lentes del presidente trituran la noticia solo con el propósito de desmentirla, de quitarle la arista que podría desinflar el globo de su narrativa de que las cosas hoy no solo son diferentes, sino top.

Este no es el primero ni será el último presidente mexicano que desprecia a los medios, a los periodistas, al periodismo, que vuelan –parafraseando a Javier Darío Restrepo– al oído del poder.

AMLO puede, en cambio, competir como el que más ha mostrado su desprecio en público, y como uno de los que menos entiende lo que se ha publicado como llamado de atención al gobierno.

Hace unos años había un jefe del SAT que cada mañana leía la prensa, pluma en mano. Ese recaudador de impuestos estaba anotando algunos de los apodos de los que aparecían en él. Luego pidió discretamente revisar la situación fiscal de esos nombres.

De manera muy particular, ese funcionario entendió que la prensa lo ayudaba a hacer los deberes. Quizá el ritual no represente un desagrado para él, como lo es para todo gobernante ver en la pantalla alguna noticia sobre sus propias insuficiencias y/o incompetencias o las de sus colaboradores.

Embebido en su batalla por apropiarse de la verdad, el Presidente dedica sus mejores horas y no pocos recursos públicos contra la prensa. Su mayor proyecto de gobierno es ese: ser el único medio a través del cual se informe a gran parte de la sociedad, y hacer dudar incluso a quienes no le creen.

Si tuviéramos un gobierno normal, quizás María de Lourdes no hubiera muerto. La historia de esta joven asesinada a los 27 años tras ser baleada en La Pera, famoso tramo de la carretera México-Cuernavaca, la detalló Héctor de Mauleón el pasado viernes en su columna el universal: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/80-kilometros-que-son-tierra-de-nadie/

En su texto, el periodista mencionó a las bandas que son dueñas de esa carretera y pueblos aledaños. Pero que se hayan ido sucediendo hechos graves no es noticia. Y eso que ha sido denunciado en la prensa, tampoco.

Si AMLO se pusiera lentes diferentes para leer la prensa, hubiera visto que el 10 de mayo Sergio Aguayo publicó en Reforma que a pesar de que ha visto un poco de todo en la carretera que une a Guerrero con la capital, hoy da fe de la incapacidad del gobierno para cuidar los “enclaves estratégicos”.

Lo normal sería que, con disgusto y todo, después de leer Crimen y caminos del Aguayo, el gobierno hubiera revisado la vigilancia en esa transitada carretera. Lo normal es despreciar quejas como las de Aguayo, como las de De Mauleón, como las de todos.

Y lo mismo con Chiapas, donde siete personas fueron asesinadas el viernes, apenas días después de que activistas y la prensa denunciaran el creciente clima de violencia en ese estado.

No. No se puede asegurar que la joven que murió baleada en La Pera ni los asesinados en Chenalhó estarían vivos si el gobierno hubiera actuado rápido, si pluma en mano señalara al leer los diarios tareas pendientes.

Pero lo que se puede decir es que si solo se dedican a atacar a los medios y no a la realidad que en ellos denuncian, habrá más homicidios. Seguro.

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Metro

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